3/10/2019, 22:19
Un hombre alto, de grueso bigote y fortachón había salido hacía solo pocos minutos de uno de los locales que Karamaru estaba vigilando. De apariencia intimidante y amenazadora en un principio, pero con una personalidad divertida y un carácter amable tras escucharlo hablar. Fue esa primera impresión lo que dirijo al amejin hacia el local, pero estuvo distraído luego de ver que no era un problema. Se estaba terminando un dulce que no se animaba a comer afuera por miedo a que se moje cuando un muchacho entró al local. Atento abrió los ojos y le presto atención, no era una figura como el hombre anterior pero lo que se encontraba en su frente provocó en Karamaru un estado de alerta y curiosidad.
— Buenas, ¿hay alguna adivina por aquí?— fueron sus primeras palabras al entrar. La anciana, aún ordenando algunas cartas de su mesa, no tardó en responder en un tono divertido y jovial.
— Mi niño, claro que si, heme aquí presente. Encontraste lo que buscaste porque yo soy esa adivina que deseas. Toma asiento por favor, solo estoy ordenando un poco este desorden. Decime tesoro, ¿qué te trae por aquí? ¿en qué te puede ayudar una anciana como yo?
Karamaru no paraba de mirar fijamente desde su oscuro rincón la frente y los ojos del kusajin expectante a ver que salía de encuentro. Lejos de casa, en días problemáticos, en un ambiente que no era el más sano ni seguro. El morocho en silencio mantenía su lugar aún terminando de masticar ese último pedacito de dulce que le quedaba.
— Buenas, ¿hay alguna adivina por aquí?— fueron sus primeras palabras al entrar. La anciana, aún ordenando algunas cartas de su mesa, no tardó en responder en un tono divertido y jovial.
— Mi niño, claro que si, heme aquí presente. Encontraste lo que buscaste porque yo soy esa adivina que deseas. Toma asiento por favor, solo estoy ordenando un poco este desorden. Decime tesoro, ¿qué te trae por aquí? ¿en qué te puede ayudar una anciana como yo?
Karamaru no paraba de mirar fijamente desde su oscuro rincón la frente y los ojos del kusajin expectante a ver que salía de encuentro. Lejos de casa, en días problemáticos, en un ambiente que no era el más sano ni seguro. El morocho en silencio mantenía su lugar aún terminando de masticar ese último pedacito de dulce que le quedaba.
◘ Hablo ◘ Pienso ◘ Telepatía ◘