8/10/2019, 23:12
En cualquier película, en cualquier situación real, en cualquier... mente realista tras recibir todas aquellas puñaladas y ser arrojado al vacío, el desenlace hubiera sido el mismo. Una muerte segura e inevitable. Recordaba vagamente la difusa imagen de ese hijo de la gran puta, recordaba cómo trató de hacernos entender que éramos escoria shinobi y, aunque desconocíamos los motivos que le impulsaban, no hacía falta ser un avispado para hacerse una idea. Los Generales tenían que esta detrás de todo aquello.
No recuerdo como fue el impacto, ni siquiera soy capaz de recordar sis e produjo o no... La única certeza tangible es que había fracasado de manera estrepitosa en las dos misiones que estaba llevando a cabo. La que me había llevado hasta el palacio de Tane-Shigai y la de proteger al jinchuriki de mi puta aldea.
Pero desperté.
Se hizo la luz y, nunca mejor dicho. Me encontraba rodeado de blanco, casi todo era blanco pero todo dolía como mil demonios y no dolía a la vez. Estaba vivo para que pudiera apreciar la furia de Kusagakure sobre mi cabeza de gennin inútil.
«Joder, es que... ¿a quién en su sano juicio se le ocurriría encomendarme la guardia de un jinchuriki?»
Por fortuna o por desgracia no se trataba de un simple jinchuriki, sino de mi amigo, aquel que haces cuando eres pequeño y con el que lo compartes todo, ese que siempre está ahí y todavía me jodía más el hecho de que los últimos días producto de un berrinche no habíamos hecho más que discutir. Y ahora debía estar muerto. Por mi culpa. Debí darme cuenta de la trampa. Tenía...
—¡Shinobi-san! Al fin has despertado. Te recomendaría que no te movieras mucho. Tienes las heridas en muy mal estado todavía. ¿Puedes decirme cuántos dedos ves? —
Parecía que aquel lugar era la enfermería y, aunque traté de incorporarme, me sentía imposibilitado para aquello.
— ¿Qué? dejate de contar deditos, joder. Necesito que avises a Yamauchi-dono. Es importante, tiene que venir hasta aquí
Yo mismo estaba flipando, en medio de todo aquello estaba siendo capaz de analizar un poco las cosas. Tal y como yo no había muerto, esperaba que Jurete estuviese ganando todo el tiempo posible y se mantuviese con vida sin descontrolarse. Si se había obrado el milagro para que yo estuviese vivo, ¿por qué no podía pasar lo mismo con Juro?
Una lagrima descendió por la mejilla, desembocando en la sabana de la camilla que rápidamente sequé.
«Más te vale estar vivo maldito cabrón»
No recuerdo como fue el impacto, ni siquiera soy capaz de recordar sis e produjo o no... La única certeza tangible es que había fracasado de manera estrepitosa en las dos misiones que estaba llevando a cabo. La que me había llevado hasta el palacio de Tane-Shigai y la de proteger al jinchuriki de mi puta aldea.
Pero desperté.
Se hizo la luz y, nunca mejor dicho. Me encontraba rodeado de blanco, casi todo era blanco pero todo dolía como mil demonios y no dolía a la vez. Estaba vivo para que pudiera apreciar la furia de Kusagakure sobre mi cabeza de gennin inútil.
«Joder, es que... ¿a quién en su sano juicio se le ocurriría encomendarme la guardia de un jinchuriki?»
Por fortuna o por desgracia no se trataba de un simple jinchuriki, sino de mi amigo, aquel que haces cuando eres pequeño y con el que lo compartes todo, ese que siempre está ahí y todavía me jodía más el hecho de que los últimos días producto de un berrinche no habíamos hecho más que discutir. Y ahora debía estar muerto. Por mi culpa. Debí darme cuenta de la trampa. Tenía...
—¡Shinobi-san! Al fin has despertado. Te recomendaría que no te movieras mucho. Tienes las heridas en muy mal estado todavía. ¿Puedes decirme cuántos dedos ves? —
Parecía que aquel lugar era la enfermería y, aunque traté de incorporarme, me sentía imposibilitado para aquello.
— ¿Qué? dejate de contar deditos, joder. Necesito que avises a Yamauchi-dono. Es importante, tiene que venir hasta aquí
Yo mismo estaba flipando, en medio de todo aquello estaba siendo capaz de analizar un poco las cosas. Tal y como yo no había muerto, esperaba que Jurete estuviese ganando todo el tiempo posible y se mantuviese con vida sin descontrolarse. Si se había obrado el milagro para que yo estuviese vivo, ¿por qué no podía pasar lo mismo con Juro?
Una lagrima descendió por la mejilla, desembocando en la sabana de la camilla que rápidamente sequé.
«Más te vale estar vivo maldito cabrón»
Narro ~ Hablo ~ Pienso ~ Kumopansa