10/11/2019, 20:42
Ayame giró la cabeza bruscamente cuando escuchó pasos en las escaleras. Había temido que cualquiera de los dos maleantes hubiese recuperado la conciencia, se hubiese liberado de cualquier manera, y ahora fueran a por ella para reclamar su venganza. Para su alivio se trataba de Ranko, que acudía a ella todo lo rápido que podía.
«Menos mal, ha vuelto...» Suspiró. En aquel instante no le preguntó por el kamikaze, simplemente señaló con la cabeza la puerta que se encontraba frente a ella.
—Tiene de rehén al tabernero, y amenaza con cortarle el cuello como hagamos algo... —le susurró, todo lo bajo que fue capaz, para evitar que la escuchara.
—¡LIBERA A MIS COMPAÑEROS Y MÁRCHATE! ¡TE LO ADVIERTO! —Los alaridos que se escuchaban al otro lado de la puerta, casi hacían temblar la madera.
—¡Ayuda, por favor! —la voz del dueño de la posada sonó llorosa y asfixiada por la angustia.
—¡Que te calles!
Un fuerte golpe. Silencio.
«Menos mal, ha vuelto...» Suspiró. En aquel instante no le preguntó por el kamikaze, simplemente señaló con la cabeza la puerta que se encontraba frente a ella.
—Tiene de rehén al tabernero, y amenaza con cortarle el cuello como hagamos algo... —le susurró, todo lo bajo que fue capaz, para evitar que la escuchara.
—¡LIBERA A MIS COMPAÑEROS Y MÁRCHATE! ¡TE LO ADVIERTO! —Los alaridos que se escuchaban al otro lado de la puerta, casi hacían temblar la madera.
—¡Ayuda, por favor! —la voz del dueño de la posada sonó llorosa y asfixiada por la angustia.
—¡Que te calles!
Un fuerte golpe. Silencio.