24/11/2019, 01:36
—Mejor no —contesto ante la tentativa de reutilizar su acento.
La propuesta no le molesto en absoluto, aunque la casi permanente serenidad de su rostro dificultase el notar eso. Prefería evitar hablar como lo hacían en su pueblo, prefería dejar atrás todo lo relacionado con él; pues evocar su lengua era extraerlo del abismo neblinoso en donde se encontraba para traerlo de nuevo a si vida.
—Un consejo: jamás vayas a Hanamura —dijo con cierto tono ominoso.
La caminata les llevo hasta el distrito norte, lugar en el que tuvieron que pedir indicaciones confusas y recorrer sucios callejones para llegar a la calle Los Jamones. No fue mucho lo que les costó descubrir por qué se llamaba así: al final de la calle yacía una fábrica de productos porcinos. En ocasiones, raras y especiales, el aire se colmaba de un sabroso olor a tocino y salchichas; pero la mayoría del tiempo, como aquel día, la calle se encontraba saturada de la hediondez de la manteca. El olor que emanaba de la procesadora y la humedad del ambiente hacían que una fina y grasienta capa se fijara sobre los edificios y sobre la gente que permanecía mucho tiempo afuera. Incluso para Kazuma, generalmente inalterable, fue imposible detener un acceso de nausea cuando una grasienta ráfaga de viento les asalto en medio de la calle, agitando el viciado aire.
—Hagamos esto rápido ¿Puedes ver la Residencia Las Hadas? —pregunto a Karamaru, quien sin mucho esfuerzo podría dar con la ruinosa edificación.
La propuesta no le molesto en absoluto, aunque la casi permanente serenidad de su rostro dificultase el notar eso. Prefería evitar hablar como lo hacían en su pueblo, prefería dejar atrás todo lo relacionado con él; pues evocar su lengua era extraerlo del abismo neblinoso en donde se encontraba para traerlo de nuevo a si vida.
—Un consejo: jamás vayas a Hanamura —dijo con cierto tono ominoso.
La caminata les llevo hasta el distrito norte, lugar en el que tuvieron que pedir indicaciones confusas y recorrer sucios callejones para llegar a la calle Los Jamones. No fue mucho lo que les costó descubrir por qué se llamaba así: al final de la calle yacía una fábrica de productos porcinos. En ocasiones, raras y especiales, el aire se colmaba de un sabroso olor a tocino y salchichas; pero la mayoría del tiempo, como aquel día, la calle se encontraba saturada de la hediondez de la manteca. El olor que emanaba de la procesadora y la humedad del ambiente hacían que una fina y grasienta capa se fijara sobre los edificios y sobre la gente que permanecía mucho tiempo afuera. Incluso para Kazuma, generalmente inalterable, fue imposible detener un acceso de nausea cuando una grasienta ráfaga de viento les asalto en medio de la calle, agitando el viciado aire.
—Hagamos esto rápido ¿Puedes ver la Residencia Las Hadas? —pregunto a Karamaru, quien sin mucho esfuerzo podría dar con la ruinosa edificación.
![[Imagen: aab687219fe81b12d60db220de0dd17c.gif]](https://i.pinimg.com/originals/aa/b6/87/aab687219fe81b12d60db220de0dd17c.gif)
