30/12/2019, 21:01
El mesmerista, con una pereza digna de quien carga el peso del mundo, se levantó y encamino hacia donde yacía la anciana. En todo momento mantuvo su cara de poca disposición, pero aun así estaba dispuesto a trabajar, aunque solo fuese con intenciones de sacar alguna ganancia.
—Veamos —dijo mientras se acercaba al cuerpo.
Al principio sonrió, la vieja olía a una desagradable mescolanza de incienso y aceites. No le extraño, aquello solía ser parte del número de superchería; y como había visto antes, era posible una intoxicación por la aspiración prolongada de esas esencias, con empeoramiento si se tenía alcohol en la sangre y no se gozaba de buena salud. Por eso había seguido a aquellos chicos: lucían inocentes, como la común parda de idiotas que le solían contactar porque creían que haber tenido contacto con algo sobrenatural; pero en realidad eran cosas que cualquier medico estudiado podría reconocer y solventar. Sin embargo, él no le hacía ascos a ganarse un dinero fácil, o, por lo menos, algo con que llenarse el estómago y pasar el rato.
—¿Eh? —musito extrañado al levantar los parpados de la anciana.
Su rostro se puso un poco más serio, y comenzó a tocar y a revisar a la anciana con mayor detalle y experticia. Luego de un rato, saco de su bolsillo un pequeño espejo de bronce y examino con él la figura que del cuerpo se reflejaba.
—¡Oye…, oye! Esto es de verdad —exclamo mientras su rostro se ensombrecía—. Esto… No tengo nada que hacer, me retiro de inmediato y les agradezco que no me busquen más.
El hombre salió corriendo hacia la puerta, queriendo escapar.
—Se está yendo —dijo Kazuma, señalando lo obvio—. Karamaru, has algo.
Y algo tenía que hacerse. Aquel sujeto había descubierto algo importante y a ellos (especialmente a Karamaru) les interesaba saber que era, por lo que habría que frenar sus pasos, por el método que hiciese falta… Era eso o perder la única pista que tenían.
—Veamos —dijo mientras se acercaba al cuerpo.
Al principio sonrió, la vieja olía a una desagradable mescolanza de incienso y aceites. No le extraño, aquello solía ser parte del número de superchería; y como había visto antes, era posible una intoxicación por la aspiración prolongada de esas esencias, con empeoramiento si se tenía alcohol en la sangre y no se gozaba de buena salud. Por eso había seguido a aquellos chicos: lucían inocentes, como la común parda de idiotas que le solían contactar porque creían que haber tenido contacto con algo sobrenatural; pero en realidad eran cosas que cualquier medico estudiado podría reconocer y solventar. Sin embargo, él no le hacía ascos a ganarse un dinero fácil, o, por lo menos, algo con que llenarse el estómago y pasar el rato.
—¿Eh? —musito extrañado al levantar los parpados de la anciana.
Su rostro se puso un poco más serio, y comenzó a tocar y a revisar a la anciana con mayor detalle y experticia. Luego de un rato, saco de su bolsillo un pequeño espejo de bronce y examino con él la figura que del cuerpo se reflejaba.
—¡Oye…, oye! Esto es de verdad —exclamo mientras su rostro se ensombrecía—. Esto… No tengo nada que hacer, me retiro de inmediato y les agradezco que no me busquen más.
El hombre salió corriendo hacia la puerta, queriendo escapar.
—Se está yendo —dijo Kazuma, señalando lo obvio—. Karamaru, has algo.
Y algo tenía que hacerse. Aquel sujeto había descubierto algo importante y a ellos (especialmente a Karamaru) les interesaba saber que era, por lo que habría que frenar sus pasos, por el método que hiciese falta… Era eso o perder la única pista que tenían.
![[Imagen: aab687219fe81b12d60db220de0dd17c.gif]](https://i.pinimg.com/originals/aa/b6/87/aab687219fe81b12d60db220de0dd17c.gif)
