4/01/2020, 01:34
¿A mentir? ¿A imponerse? ¿Estaba hablando de eso? ¿Acaso aquel ingenuo creía que podía enseñar retórica a Uchiha Akame, el Soso, el Aburrido, el Gris? ¡Esa sí que era buena!
—Aprecio la intención, Zaide, pero no serías el primero ni el último en fracasar. Todos tenemos talentos y la oratoria no está entre los míos, créeme, lo sé bien —admitió con una pretendida facha de indiferencia pero tras la que se podía intuir un evidente resquemor—. He sido un ninja toda mi vida, no sé hacer otra cosa. Y en todos esos años nunca necesité otra cosa que mis ojos.
Sin embargo, la idea ya le había despertado un cierto interés que ahora era difícil de apagar. Y contra todo pronóstico, parecía que a Zaide le estaba ocurriendo lo mismo. El veterano Uchiha le miró con su único ojo, oscuro y penetrante, antes de hacerle una invitación que a Akame le cogió totalmente por sorpresa. Él había desactivado también su Sharingan, pero se tomó unos segundos en contestar. Por una parte, tenía ganas de reír y alzar los brazos al cielo clamando victoria: el conocimiento que guardaba aquel tipo tan experimentado era mayor tesoro que un cofre repleto de joyas.
Akame carraspeó, tratando en vano de disimular el entusiasmo que le había invadido.
—Podría estar bien, sí, claro. Supongo que para aprender tu técnica secreta no bastaría con que me la escribas en un papel —apostilló, jocoso—. Un viaje de fin de curso... Heh, sí, tiene gracia. Creo que es el primer chiste gracioso que te he escuchado hacer.
Apenas capaz de ocultar su gozo, Akame se dispuso a cumplir la petición de aquel tipo y dejarle descansar. Además, pasada la euforia inicial, él también empezaba a recordar que llevaba horas en aquella sala; estaba reventado. Aunque ya se había lavado la sangre seca que había formado dos líneas finas en su rostro al manar del ojo izquierdo, éste todavía le dolía. Demasiado. Más de lo normal.
—Te tomo la palabra pues, Uchiha Zaide.
Y, sin más, se dispuso a abandonar el local de Money. ¿Su destino? El primer hostal que se cruzara en su camino: una cena caliente y una cama mullida.
—Aprecio la intención, Zaide, pero no serías el primero ni el último en fracasar. Todos tenemos talentos y la oratoria no está entre los míos, créeme, lo sé bien —admitió con una pretendida facha de indiferencia pero tras la que se podía intuir un evidente resquemor—. He sido un ninja toda mi vida, no sé hacer otra cosa. Y en todos esos años nunca necesité otra cosa que mis ojos.
Sin embargo, la idea ya le había despertado un cierto interés que ahora era difícil de apagar. Y contra todo pronóstico, parecía que a Zaide le estaba ocurriendo lo mismo. El veterano Uchiha le miró con su único ojo, oscuro y penetrante, antes de hacerle una invitación que a Akame le cogió totalmente por sorpresa. Él había desactivado también su Sharingan, pero se tomó unos segundos en contestar. Por una parte, tenía ganas de reír y alzar los brazos al cielo clamando victoria: el conocimiento que guardaba aquel tipo tan experimentado era mayor tesoro que un cofre repleto de joyas.
Akame carraspeó, tratando en vano de disimular el entusiasmo que le había invadido.
—Podría estar bien, sí, claro. Supongo que para aprender tu técnica secreta no bastaría con que me la escribas en un papel —apostilló, jocoso—. Un viaje de fin de curso... Heh, sí, tiene gracia. Creo que es el primer chiste gracioso que te he escuchado hacer.
Apenas capaz de ocultar su gozo, Akame se dispuso a cumplir la petición de aquel tipo y dejarle descansar. Además, pasada la euforia inicial, él también empezaba a recordar que llevaba horas en aquella sala; estaba reventado. Aunque ya se había lavado la sangre seca que había formado dos líneas finas en su rostro al manar del ojo izquierdo, éste todavía le dolía. Demasiado. Más de lo normal.
—Te tomo la palabra pues, Uchiha Zaide.
Y, sin más, se dispuso a abandonar el local de Money. ¿Su destino? El primer hostal que se cruzara en su camino: una cena caliente y una cama mullida.