4/01/2020, 17:10
Ah, era cierto. Aquella historia. El mero recuerdo de Datsue evocó sensaciones contradictorias en Akame y le trajo un amargor bilioso a la garganta, que el muchacho tuvo que reprimir como buenamente pudo. Estaba a punto de preguntar si realmente Zaide creía que era el mejor momento para andar contando historias, a más de mil pies de altura del suelo, cuando el jinete de águilas le ofreció un particular divertimento...
—¿¡Qué cojones...!?
Akame bajó la vista sólo un momento para seguir a la figura de Zaide, que se precipitaba entre las nubes y hacia el suelo, en caída libre. La sola visión de la altura que los separaba de la tierra firme le provocó al muchacho un mareo tan intenso que tuvo que cerrar los ojos y aferrarse a las plumas de Tormenta Pálida como si fuera la teta de su madre.
—¡Este tipo está como unas maracas! —gimió, aterrado.
—¿¡Qué cojones...!?
Akame bajó la vista sólo un momento para seguir a la figura de Zaide, que se precipitaba entre las nubes y hacia el suelo, en caída libre. La sola visión de la altura que los separaba de la tierra firme le provocó al muchacho un mareo tan intenso que tuvo que cerrar los ojos y aferrarse a las plumas de Tormenta Pálida como si fuera la teta de su madre.
—¡Este tipo está como unas maracas! —gimió, aterrado.