8/01/2020, 19:09
Pero Akame había olvidado algo. Las bandidas, según sus palabras, estaban preparadas para un Sunshin. Si lo estaban para un movimiento instantáneo, ¿no lo estarían más para un chico que simplemente corría?
La líder tensó el arco en un tiro que hasta para un novato suponía sencillo. Su ojo, la punta de la flecha y el pecho de Akame se unieron en una línea recta, y, entonces, justo entonces…
—¡Mier…!
No le dio ni tiempo a soltar un exabrupto. Tuvo que apartarse hacia un lado y perder la compostura mientras sentía el roce del viento en su mejilla izquierda, provocada por una flecha que a punto había estado de atravesarle la boca. ¡Disparada por su propia compañera!
Akame estaba ya a punto de superar el puente cuando notó que la bandida que empuñaba el machete se hacía hacia un lado, y desviaba la mirada, curiosamente, hacia los pies del Uchiha. Su mente no había estado lo suficiente despierta, pero sus ojos de sangre…
… sus ojos habían visto por los pelos el hilo metálico a la altura de los tobillos que atravesaba de lado a lado el puente, atado en ambos postes que sujetaban las cuerdas. El plan de la bandida era evidente: esperar que tropezase en él, cayese de bruces al suelo y atravesarle la nuca con su acero.
Por desgracia para ella, Akame lo vio a tiempo para prevenirlo, saltar, y luego abalanzarse sobre ella. Los aceros rugieron, levantando chispas a cada golpe intercambiado. La joven era diestra, sabía cómo moverse y cómo posicionar el cuerpo para encajar un buen golpe sin perder el equilibrio. Se movía con soltura y hasta hubiese sido capaz de rivalizar con Akame si…
Bueno, si no tuviese el jodido Sharingan.
—¡Kaede! ¡No me obligues…! —oyó Akame a sus espaldas—. ¡No me obligues a matarte, hostia!
Oyó un chasquido que sonó a roto, justo al mismo tiempo que evitaba el beso de Izanami en su cuello y estiraba el brazo en un tajo mortal. El acero cercenó carne, músculo y huesos, y la sangre salió del cuerpo de la bandida como un dique reventado, pintando al Uchiha de un color carmesí. El color de un demonio.
Cuando se dio la vuelta, comprobó que la líder de los bandidos no le había quedado más remedio que reventarle el cuello a su camarada. La sangre manchaba las manos de la mujer, más suya había sido la muerte. La de las tres.
Zaide había llegado a su lado, pero no se movió. La mujer estaba de rodillas, rendida, y en los ojos de ella se podía apreciar que no veía en ellos al Clan Uchiha, sino a un cuento susurrado por las noches para asustar a los niños. Una leyenda, un viejo chisme casi olvidado y que ahora despertaba en su memoria con el terror y la certeza de que los cuentos de demonios podían ser ciertos. De que el Clan Uchiha, una vez, había sido conocido por otro nombre.
Por el del Sensō no Ichizoku.
Por el del Clan de la Guerra.
—Piedad… —pidió con los ojos anegados en lágrimas y las manos cruzadas—. Por favor…
La líder tensó el arco en un tiro que hasta para un novato suponía sencillo. Su ojo, la punta de la flecha y el pecho de Akame se unieron en una línea recta, y, entonces, justo entonces…
—¡Mier…!
No le dio ni tiempo a soltar un exabrupto. Tuvo que apartarse hacia un lado y perder la compostura mientras sentía el roce del viento en su mejilla izquierda, provocada por una flecha que a punto había estado de atravesarle la boca. ¡Disparada por su propia compañera!
Akame estaba ya a punto de superar el puente cuando notó que la bandida que empuñaba el machete se hacía hacia un lado, y desviaba la mirada, curiosamente, hacia los pies del Uchiha. Su mente no había estado lo suficiente despierta, pero sus ojos de sangre…
Tirada a Percepción con dificultad 7: 2 éxitos
… sus ojos habían visto por los pelos el hilo metálico a la altura de los tobillos que atravesaba de lado a lado el puente, atado en ambos postes que sujetaban las cuerdas. El plan de la bandida era evidente: esperar que tropezase en él, cayese de bruces al suelo y atravesarle la nuca con su acero.
Por desgracia para ella, Akame lo vio a tiempo para prevenirlo, saltar, y luego abalanzarse sobre ella. Los aceros rugieron, levantando chispas a cada golpe intercambiado. La joven era diestra, sabía cómo moverse y cómo posicionar el cuerpo para encajar un buen golpe sin perder el equilibrio. Se movía con soltura y hasta hubiese sido capaz de rivalizar con Akame si…
Bueno, si no tuviese el jodido Sharingan.
—¡Kaede! ¡No me obligues…! —oyó Akame a sus espaldas—. ¡No me obligues a matarte, hostia!
Oyó un chasquido que sonó a roto, justo al mismo tiempo que evitaba el beso de Izanami en su cuello y estiraba el brazo en un tajo mortal. El acero cercenó carne, músculo y huesos, y la sangre salió del cuerpo de la bandida como un dique reventado, pintando al Uchiha de un color carmesí. El color de un demonio.
Cuando se dio la vuelta, comprobó que la líder de los bandidos no le había quedado más remedio que reventarle el cuello a su camarada. La sangre manchaba las manos de la mujer, más suya había sido la muerte. La de las tres.
Zaide había llegado a su lado, pero no se movió. La mujer estaba de rodillas, rendida, y en los ojos de ella se podía apreciar que no veía en ellos al Clan Uchiha, sino a un cuento susurrado por las noches para asustar a los niños. Una leyenda, un viejo chisme casi olvidado y que ahora despertaba en su memoria con el terror y la certeza de que los cuentos de demonios podían ser ciertos. De que el Clan Uchiha, una vez, había sido conocido por otro nombre.
Por el del Sensō no Ichizoku.
Por el del Clan de la Guerra.
—Piedad… —pidió con los ojos anegados en lágrimas y las manos cruzadas—. Por favor…
![[Imagen: ksQJqx9.png]](https://i.imgur.com/ksQJqx9.png)
¡Agradecimientos a Daruu por el dibujo de PJ y avatar tan OP! ¡Y a Reiji y Ayame por la firmaza! Si queréis una parecida, este es el lugar adecuado