9/01/2020, 21:05
Akame decidió optar por el camino de la izquierda.
La diminuta bola de llamas que había invocado avanzaba delante de él, luchando contra las tinieblas como una vela en medio de una tormenta en mar abierto. El camino, tal y como se había imaginado, descendía, y una marea azul ascendía por ella como la corriente de un río al revés. No, no era agua, sino el manta de chakra que conformaban cientos y cientos de ratas huyendo en tromba.
Llegó un momento en que la marea azul descendió de golpe, y los chillidos quedaron a espaldas de Akame. Cuando reparó en ello, una última rata correteó bajo sus pies en dirección contraria a la que se estaba dirigiendo.
Fue la última que vio.
La canica de fuego le permitía ver por dónde pisaba. El suelo seguía húmedo, y aunque por zonas había largas charcas, por el momento no eran profundas. Su Sharingan alcanzó a ver formas alargadas y sinuosas alejándose de la luz de su Katon como si fuese el más mortal de los venenos, desapareciendo tan rápidamente como las llegaba a ver entre recovecos y fisuras de la cueva.
Y entonces oyó una voz capaz de helar la mismísima sangre.
.................Esste
.................................................................esste
......................eSStE
.........................................No es lugar
.............................................................................No Es LUgAR
.....No es lugar
.....................PARA NIÑOSSsss
Era una voz sibilante, un susurro discontinuo tan afilado como la hoja de una katana, que reverberaba por toda la cueva en un eco incesante. ¿De dónde provenía? ¿A quién pertenecía? Seguramente no eran las preguntas por las que Akame había entrado, y, desde luego, eran respuestas que todavía no tenía.
Sí supo, en ese momento, hallar una que se había preguntado nada más entrar a la cueva. Ese aroma aparte de la humedad que no había sido capaz de identificar. Olía…
A sangre.
A putrefacto.
A muerte.
La diminuta bola de llamas que había invocado avanzaba delante de él, luchando contra las tinieblas como una vela en medio de una tormenta en mar abierto. El camino, tal y como se había imaginado, descendía, y una marea azul ascendía por ella como la corriente de un río al revés. No, no era agua, sino el manta de chakra que conformaban cientos y cientos de ratas huyendo en tromba.
Llegó un momento en que la marea azul descendió de golpe, y los chillidos quedaron a espaldas de Akame. Cuando reparó en ello, una última rata correteó bajo sus pies en dirección contraria a la que se estaba dirigiendo.
Fue la última que vio.
La canica de fuego le permitía ver por dónde pisaba. El suelo seguía húmedo, y aunque por zonas había largas charcas, por el momento no eran profundas. Su Sharingan alcanzó a ver formas alargadas y sinuosas alejándose de la luz de su Katon como si fuese el más mortal de los venenos, desapareciendo tan rápidamente como las llegaba a ver entre recovecos y fisuras de la cueva.
Y entonces oyó una voz capaz de helar la mismísima sangre.
¿Esstasss perdido, humano?
.................Esste
.................................................................esste
......................eSStE
.........................................No es lugar
.............................................................................No Es LUgAR
.....No es lugar
.....................PARA NIÑOSSsss
Era una voz sibilante, un susurro discontinuo tan afilado como la hoja de una katana, que reverberaba por toda la cueva en un eco incesante. ¿De dónde provenía? ¿A quién pertenecía? Seguramente no eran las preguntas por las que Akame había entrado, y, desde luego, eran respuestas que todavía no tenía.
Sí supo, en ese momento, hallar una que se había preguntado nada más entrar a la cueva. Ese aroma aparte de la humedad que no había sido capaz de identificar. Olía…
A sangre.
A putrefacto.
A muerte.
![[Imagen: MsR3sea.png]](https://i.imgur.com/MsR3sea.png)
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