23/01/2020, 18:16
Yui rio a carcajada limpia al oír cómo el Uzukage se había quedado dormido. Oh, sí, tenía un chakra nada desdeñable. Ella lo había sentido bien la última vez. Le había sorprendido para bien, a decir verdad. Hanabi tenía cara de necesitar unas cuántas vitaminas, ¡pero menudo chakra! Y tampoco era tan mojigato como aparentaba. Todavía recordaba bien cómo el cabrón la había intentado besar. ¡Hanabi, que ni pelillos le salían en el bigote! ¡Intentando darle un morreo!
Se carcajeó de nuevo solo de recordarlo. Lo cierto es que no recordaba mucho de aquella noche de kimadas. Lo único que tenía por seguro es que Shanise no le había dirigido la palabra en todo el viaje de vuelta.
Daruu la sacó de sus turbios y volátiles pensamientos de borracha, confesando sus inquietudes. Sus deseos. Su verdadera meta. Yui apenas tardó un segundo en reaccionar. Al menos, en su mente. Quizá en la realidad fuesen unos cuantos más. Se levantó como un resorte, se subió a la mesa, y con un equilibrio nada propio de una borracha, le tomó por el cuello de la camisa y le levantó de un tirón.
—Tú… Daruuuu…
Todo el local pareció ensombrecerse de pronto. La música pasó a un segundo plano, como si sonase fuera, tras las paredes. Las luces de neón perdieron brillo. Los camareros, los clientes, los borrachos incluso, parecieron ralentizar su caminar, o sus bailes desacompasados, mientras sus miradas se veían atraídas por el imán que era Yui. Todos conteniendo la respiración, como si un relámpago fuese a caer de pronto.
—Túuuu… Daruu… ¡TÚ ERESH DE LOSH MÍOSH! —y le dio una fuerte palmada en la espalda. Amistosa, por supuesto. Muy amistosa—. No che hable másh, no che hable másh. Chi esho esh lo que quieres, ¡concedido! —exclamó, con el pecho henchido en orgullo. Si Daruu quería permanecer en la Tormenta, ¡que así fuese! Total, a ese ritmo iba a matar él más Generales que todos esos Protectores juntos. Sus ojos, algo desenfocados, fueron a parar en Ayame. Y en su vaso—¡Ayame, no me cheash eshtirada! —exclamó al darse cuenta que no había bebido más que refresco de naranja en todo el tiempo que llevaban allí—. ¡Bébete algo de verdad, coño!
»¡Camarero! —gritó, todavía con un brazo sobre los hombros de Daruu, que le servía como punto de apoyo para no perder el equilibrio a aquellas alturas de la noche—. ¡UNA RONDA PARA TODOSH! ¡PARA TODO AMEJIN DE JUERGA Y PARA VOCHOTROSH TAMBIÉN! ¡INVITA LA ARASHIKAGE!
Levantó una copa cargada que perdió la mitad de su contenido por el bamboleo.
—¡¡UN BRINDISH!! ¡¡POR DARUU!! ¡¡POR ACHAME!!
»¡¡¡POR LOS MATAGENERALESH!!!
Y aquel pub de Amegakure no Sato se convirtió en un auténtico hervidero de hurras, gritos de amor a la patria, y vítores a los jodidos Matagenerales.
Se carcajeó de nuevo solo de recordarlo. Lo cierto es que no recordaba mucho de aquella noche de kimadas. Lo único que tenía por seguro es que Shanise no le había dirigido la palabra en todo el viaje de vuelta.
Daruu la sacó de sus turbios y volátiles pensamientos de borracha, confesando sus inquietudes. Sus deseos. Su verdadera meta. Yui apenas tardó un segundo en reaccionar. Al menos, en su mente. Quizá en la realidad fuesen unos cuantos más. Se levantó como un resorte, se subió a la mesa, y con un equilibrio nada propio de una borracha, le tomó por el cuello de la camisa y le levantó de un tirón.
—Tú… Daruuuu…
Todo el local pareció ensombrecerse de pronto. La música pasó a un segundo plano, como si sonase fuera, tras las paredes. Las luces de neón perdieron brillo. Los camareros, los clientes, los borrachos incluso, parecieron ralentizar su caminar, o sus bailes desacompasados, mientras sus miradas se veían atraídas por el imán que era Yui. Todos conteniendo la respiración, como si un relámpago fuese a caer de pronto.
—Túuuu… Daruu… ¡TÚ ERESH DE LOSH MÍOSH! —y le dio una fuerte palmada en la espalda. Amistosa, por supuesto. Muy amistosa—. No che hable másh, no che hable másh. Chi esho esh lo que quieres, ¡concedido! —exclamó, con el pecho henchido en orgullo. Si Daruu quería permanecer en la Tormenta, ¡que así fuese! Total, a ese ritmo iba a matar él más Generales que todos esos Protectores juntos. Sus ojos, algo desenfocados, fueron a parar en Ayame. Y en su vaso—¡Ayame, no me cheash eshtirada! —exclamó al darse cuenta que no había bebido más que refresco de naranja en todo el tiempo que llevaban allí—. ¡Bébete algo de verdad, coño!
»¡Camarero! —gritó, todavía con un brazo sobre los hombros de Daruu, que le servía como punto de apoyo para no perder el equilibrio a aquellas alturas de la noche—. ¡UNA RONDA PARA TODOSH! ¡PARA TODO AMEJIN DE JUERGA Y PARA VOCHOTROSH TAMBIÉN! ¡INVITA LA ARASHIKAGE!
Levantó una copa cargada que perdió la mitad de su contenido por el bamboleo.
—¡¡UN BRINDISH!! ¡¡POR DARUU!! ¡¡POR ACHAME!!
»¡¡¡POR LOS MATAGENERALESH!!!
Y aquel pub de Amegakure no Sato se convirtió en un auténtico hervidero de hurras, gritos de amor a la patria, y vítores a los jodidos Matagenerales.
