23/01/2020, 20:30
Y ya está. No pasó nada. Daruu cogió la jarra de hidromiel por el asa y le dio otro largo trago. Cuando reposó el vaso contra la mesa, Yui ya estaba de pie. Le miraba. Le miraba y los ojos le brillaban peligrosamente. Instintivamente, Daruu se echó hacia atrás, pegando la espalda contra el sofá. La Arashikage se subió a la mesa, se agachó y le agarró por el cuello del jersey, levantándolo de un tirón sin el menor problema. Daruu tragó saliva y cerró los ojos.
—Tú… Daruuuu…
—¡A... ARASHIKAGE-SAMA! —suplicó Ayame, poniéndose en pie también—. ¡Yui-sama, perdónelo! ¡Es el alcohol! ¡No sabe lo que...!
—Yo... yoooo... —logró balbucear el shinobi.
Daruu no era el único que se había quedado sin palabras. El intenso murmullo de antes, que acompañaba a la música hasta casi sonar más alto que ella, se había detenido. Así lo hizo también el ruido de vasos, copas y jarras. Todo el mundo les estaba mirando, y Daruu se empequeñeció un poco más. Sus manos se movieron casi instintivamente, juntándose. Tenía que salir corriendo de allí. ¿Tenía alguna marca en algún sitio? Mierda, no se acordaba. No se acordaba, no se acordaba, no se acor...
—Túuuu… Daruu… ¡TÚ ERESH DE LOSH MÍOSH! —Bramó la Arashikage, sin embargo, y el Hyūga sintió un golpetazo en la espalda. Se hundió entre el cuello y el hombro de Yui y sin duda hubiera clavado los dientes si hubiera tenido los huevos para hacerlo, lástima que ahora mismo los tenía en el gaznate. El muchacho cayó de pie al sofá y se recompuso como pudo, mientras la Arashikage retiraba su intención de nombrarlo Protector del Pacto tal y como había solicitado y reprimía a Ayame por no beber algo de verdad. Luego, todavía apoyada en sus hombros, casi aplastándole, la mujer invitó una ronda a todo el pub.
Yui pidió un brindis, y le llenó a él, a Ayame, al sofá y a la mesa de lo que fuera que estuviera bebiendo. Y Daruu, confundido y terriblemente mareado, fue laureado con vítores y hurras ante una hazaña que sólo había considerado como suya para maquillarla a ojos de una líder que podía arrancarte la cabeza de una patada si se consideraba con ánimos para ello.
Iba a ser una noche muy larga.
Daruu despertó con un terrible dolor de cabeza. Todo le daba vueltas, e incluso la tenue luz de la pluvial Amegakure le molestaba a los ojos. Se reincorporó quejicoso y se giró, metiendo los pies en los zapatos de estar por casa, rellenos de lana. Ah... qué calentitos. La boca. Oh, dioses, la boca le sabía a mierda. Se levantó y abrió la puerta de su habitación. Giró el pasillo a la izquierda y abrió la puerta del baño. Encendió la luz, entrecerró los ojos y se miró al espejo. Menudo careto. Cogió el cepillo de dientes y la pasta, y cuando estaba a punto de empezar a lavarse los dientes recordó todo.
Lo que habían hecho.
Lo que había dicho.
Se quedó mirando al fantasma pálido que le devolvía la mirada en el espejo, muy quieto, con el cepillo de dientes metido en la boca, y deseó que le tragase la tierra.
—Tú… Daruuuu…
—¡A... ARASHIKAGE-SAMA! —suplicó Ayame, poniéndose en pie también—. ¡Yui-sama, perdónelo! ¡Es el alcohol! ¡No sabe lo que...!
—Yo... yoooo... —logró balbucear el shinobi.
Daruu no era el único que se había quedado sin palabras. El intenso murmullo de antes, que acompañaba a la música hasta casi sonar más alto que ella, se había detenido. Así lo hizo también el ruido de vasos, copas y jarras. Todo el mundo les estaba mirando, y Daruu se empequeñeció un poco más. Sus manos se movieron casi instintivamente, juntándose. Tenía que salir corriendo de allí. ¿Tenía alguna marca en algún sitio? Mierda, no se acordaba. No se acordaba, no se acordaba, no se acor...
—Túuuu… Daruu… ¡TÚ ERESH DE LOSH MÍOSH! —Bramó la Arashikage, sin embargo, y el Hyūga sintió un golpetazo en la espalda. Se hundió entre el cuello y el hombro de Yui y sin duda hubiera clavado los dientes si hubiera tenido los huevos para hacerlo, lástima que ahora mismo los tenía en el gaznate. El muchacho cayó de pie al sofá y se recompuso como pudo, mientras la Arashikage retiraba su intención de nombrarlo Protector del Pacto tal y como había solicitado y reprimía a Ayame por no beber algo de verdad. Luego, todavía apoyada en sus hombros, casi aplastándole, la mujer invitó una ronda a todo el pub.
Yui pidió un brindis, y le llenó a él, a Ayame, al sofá y a la mesa de lo que fuera que estuviera bebiendo. Y Daruu, confundido y terriblemente mareado, fue laureado con vítores y hurras ante una hazaña que sólo había considerado como suya para maquillarla a ojos de una líder que podía arrancarte la cabeza de una patada si se consideraba con ánimos para ello.
Iba a ser una noche muy larga.
· · ·
Daruu despertó con un terrible dolor de cabeza. Todo le daba vueltas, e incluso la tenue luz de la pluvial Amegakure le molestaba a los ojos. Se reincorporó quejicoso y se giró, metiendo los pies en los zapatos de estar por casa, rellenos de lana. Ah... qué calentitos. La boca. Oh, dioses, la boca le sabía a mierda. Se levantó y abrió la puerta de su habitación. Giró el pasillo a la izquierda y abrió la puerta del baño. Encendió la luz, entrecerró los ojos y se miró al espejo. Menudo careto. Cogió el cepillo de dientes y la pasta, y cuando estaba a punto de empezar a lavarse los dientes recordó todo.
Lo que habían hecho.
Lo que había dicho.
Se quedó mirando al fantasma pálido que le devolvía la mirada en el espejo, muy quieto, con el cepillo de dientes metido en la boca, y deseó que le tragase la tierra.
![[Imagen: K02XwLh.png]](https://i.imgur.com/K02XwLh.png)