24/01/2020, 01:32
Datsue, con el ceño fruncido, releyó la nota por décima vez.
—¡Datsuse! Pero, ¿tú lees esto?
—¡Uau! ¡Uau!
—Que dice que está en un barco. En reparaciones. Pero no pone quién cojones es.
—Uau, uau. ¡Uau!
—Sí, eso mismo pensaba yo —Coincidió Datsue. No, no había adquirido las habilidades de Nabi para entender a los perros. Pero a veces le gustaba imaginarse que así era—. Que mientras haya un barco y alcohol, el resto es secundario. Va, venga, vamos a dar ese paseo antes de irme.
Y Datsuse dejó de ladrar. Porque finalmente había conseguido lo que quería.
Datsue caminaba por los muelles del puerto todavía preguntándose quién narices le habría mandado aquella carta. Al final, había reducido la lista a tres.
El primero era Inuzuka Nabi, porque él era muy de dejar aquellas notitas intrigantes y hacerse el misterioso de cuando en cuando. Aunque desde que compartían el sello de la Hermandad Intrépida, aquello era un poco innecesario. Esto, sin embargo, no desechaba a Nabi. Él era muy de hacer cosas aparentemente sinsentido. Lo que pasaba es que desde que salía con Eri, apenas se le veía el pelo. ¿Para eso querría el alcohol? ¿Habrían roto?
La segunda opción era Reiji. El joven espadachín que había vuelto a ascender a genin tras unos meses carcomido por la duda y la inseguridad. Un buen chico, con un brillante futuro si se lo proponía, opinaba Datsue. De familia de herreros y, por el mero hecho de contar con criadas, suponía que un tío con pasta.
La tercera opción era… Bueno, quizá podría catalogarse como una esperanza estúpida. Un deseo prohibido. Ambas al mismo tiempo. Era Aiko, sí. Se reprendió a sí mismo por pensar que podría ser ella. No, no por eso, sino por desearlo.
Pero, fuese cual fuese, todavía no encontraba una respuesta a la siguiente pregunta: ¿por qué el punto de encuentro tenía que ser en un barco en obras? Se encogió de hombros. Al final llevaba una bolsa llena de licores de distinta graduación, y eso era todo lo que necesitaba.
Encontró el barco mencionado —pues, efectivamente, parecía ser el único en obras en aquella parte de los muelles—, y subió haciendo uso de su chakra por el cascarón hasta la cubierta.
—¿¡Hola...!? —Un momento… ¿y si aquello era una jodida trampa? ¿Y si…?
Activó el Sharingan por puro instinto, y se puso en guardia, preparado para cualquier cosa.
—¡Datsuse! Pero, ¿tú lees esto?
—¡Uau! ¡Uau!
—Que dice que está en un barco. En reparaciones. Pero no pone quién cojones es.
—Uau, uau. ¡Uau!
—Sí, eso mismo pensaba yo —Coincidió Datsue. No, no había adquirido las habilidades de Nabi para entender a los perros. Pero a veces le gustaba imaginarse que así era—. Que mientras haya un barco y alcohol, el resto es secundario. Va, venga, vamos a dar ese paseo antes de irme.
Y Datsuse dejó de ladrar. Porque finalmente había conseguido lo que quería.
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Datsue caminaba por los muelles del puerto todavía preguntándose quién narices le habría mandado aquella carta. Al final, había reducido la lista a tres.
El primero era Inuzuka Nabi, porque él era muy de dejar aquellas notitas intrigantes y hacerse el misterioso de cuando en cuando. Aunque desde que compartían el sello de la Hermandad Intrépida, aquello era un poco innecesario. Esto, sin embargo, no desechaba a Nabi. Él era muy de hacer cosas aparentemente sinsentido. Lo que pasaba es que desde que salía con Eri, apenas se le veía el pelo. ¿Para eso querría el alcohol? ¿Habrían roto?
La segunda opción era Reiji. El joven espadachín que había vuelto a ascender a genin tras unos meses carcomido por la duda y la inseguridad. Un buen chico, con un brillante futuro si se lo proponía, opinaba Datsue. De familia de herreros y, por el mero hecho de contar con criadas, suponía que un tío con pasta.
La tercera opción era… Bueno, quizá podría catalogarse como una esperanza estúpida. Un deseo prohibido. Ambas al mismo tiempo. Era Aiko, sí. Se reprendió a sí mismo por pensar que podría ser ella. No, no por eso, sino por desearlo.
Pero, fuese cual fuese, todavía no encontraba una respuesta a la siguiente pregunta: ¿por qué el punto de encuentro tenía que ser en un barco en obras? Se encogió de hombros. Al final llevaba una bolsa llena de licores de distinta graduación, y eso era todo lo que necesitaba.
Encontró el barco mencionado —pues, efectivamente, parecía ser el único en obras en aquella parte de los muelles—, y subió haciendo uso de su chakra por el cascarón hasta la cubierta.
—¿¡Hola...!? —Un momento… ¿y si aquello era una jodida trampa? ¿Y si…?
Activó el Sharingan por puro instinto, y se puso en guardia, preparado para cualquier cosa.
![[Imagen: ksQJqx9.png]](https://i.imgur.com/ksQJqx9.png)
¡Agradecimientos a Daruu por el dibujo de PJ y avatar tan OP! ¡Y a Reiji y Ayame por la firmaza! Si queréis una parecida, este es el lugar adecuado