29/01/2020, 23:23
—. Oh, perdona mis modales. ¿Puedo ofrecerte algo, Yuuna? ¿Un konyak? ¿Un chupito, quizás? Oye, que sepas que yo siempre he sido un admirador de los samuráis.
—Oh, no, no te preocupes. Muchas gracias. Aunque deberíamos ser nosotros los que te ofreciéramos algo, al fin y al cabo es el barco de Reiji, no tu casa.
Pues tenia razón. Pero allí tampoco había nada. Nos habíamos centrado en cambiar un poco la decoración y reparar los daños del barco. Y en la cocina apenas había té que era lo que yo solía beber.
—El honor, el amor por el acero… Los ninjas deberían aprender mucho de vosotros.
Yuuna se puso un poco nerviosa con eso. Durante la vuelta se había llamado a si misma samurái indigna y samurái fracasada. Puse mi mano sobre la suya y le di un apretón cariñoso. Para mí, ni era indigna ni fracasada. Quizás, la única samurái de verdad de todos lo que había conocido.
Bueno, tal vez Mudito también. Pero todavía no le había cogido cariño.
—Bueno, quizás sean los samuráis los que tendrían que aprender de los ninjas. Cuándo hablé con Hanabi-dono, no sólo le solicité asilo, también pedí que me admitiese en la academia.
Si. Aquello me había pillado de sorpresa aquél día. ¿Como no iba a enamorarme de Yuuna? Casi se mata por el barco en que estábamos ahora, y por si fuera poco, quería quedarse en Uzushiogakure. Por mí.
—Oh, pero antes de llegar a esa parte de la historia, deberíamos contarle como llegamos a Uzushiogakure.
Siempre recordaría aquello como algo épico. Quizás como lo mas épico que hiciera el Equipo Takoyaki.
Si, ya que no le podía poner ese nombre al barco... Pues se quedaría como el nombre del equipo que viajo al hierro y entró se vuelta en Uzu de la manera mas increible jamas vista.
—Oh, no, no te preocupes. Muchas gracias. Aunque deberíamos ser nosotros los que te ofreciéramos algo, al fin y al cabo es el barco de Reiji, no tu casa.
Pues tenia razón. Pero allí tampoco había nada. Nos habíamos centrado en cambiar un poco la decoración y reparar los daños del barco. Y en la cocina apenas había té que era lo que yo solía beber.
—El honor, el amor por el acero… Los ninjas deberían aprender mucho de vosotros.
Yuuna se puso un poco nerviosa con eso. Durante la vuelta se había llamado a si misma samurái indigna y samurái fracasada. Puse mi mano sobre la suya y le di un apretón cariñoso. Para mí, ni era indigna ni fracasada. Quizás, la única samurái de verdad de todos lo que había conocido.
Bueno, tal vez Mudito también. Pero todavía no le había cogido cariño.
—Bueno, quizás sean los samuráis los que tendrían que aprender de los ninjas. Cuándo hablé con Hanabi-dono, no sólo le solicité asilo, también pedí que me admitiese en la academia.
Si. Aquello me había pillado de sorpresa aquél día. ¿Como no iba a enamorarme de Yuuna? Casi se mata por el barco en que estábamos ahora, y por si fuera poco, quería quedarse en Uzushiogakure. Por mí.
—Oh, pero antes de llegar a esa parte de la historia, deberíamos contarle como llegamos a Uzushiogakure.
Siempre recordaría aquello como algo épico. Quizás como lo mas épico que hiciera el Equipo Takoyaki.
Si, ya que no le podía poner ese nombre al barco... Pues se quedaría como el nombre del equipo que viajo al hierro y entró se vuelta en Uzu de la manera mas increible jamas vista.
