3/02/2020, 20:33
Iroshi se volvió sorprendido hacia la chica. Su rostro revelaba la sorpresa que tenía. Desde luego, no se esperaba que alguien desconocido se fuera a proponer para ayudarla tan fácilmente, así que se acercó un poco a ella dando pasos lentos, aún sin apartar su vista de ella. Por otro lado, el tabernero chasqueó la lengua y comenzó a negar con la cabeza varias veces mientras preparaba la salsa y se volvía a sumir en su comanda de nuevo.
-En... En serio? Me ayudarías? No sabes como te lo agradezco! Estoy desesperado, ya no sé que hacer... -Dijo con una sonrisa en la cara que contrastaba con una preocupada mirada.
Hinosuke sacó la tetera del fuego rápidamente y la colocó frente a Kisame, para rápidamente colocar delante de él una vieja taza de peltre con un puñado de té en el fondo, y un terrón de azucar al lado, para posteriormente llenarla del hirviente agua y taparla con un plato de madera, con una cucharilla encima.
-Aquí tiene, muchas gracias -Dijo el camarero con diligencia y volvió a su salsa.
Kisame se apresuró a poner unas monedas en la barra, a modo de pago y se volvió para observar la conversación entre la shinobi de su aldea y aquel peculiar pastor mientras su té estaba listo para tomar. Parecía de buen corazón, tanto, que hasta se había propuesto voluntaria para ayudar a aquel hombre en su extrañ problema. Francamente, no se creía para nada lo que decía, pero si ella iba a ayudarle, no iba a dejarla sola. Daría una imagen pésima de Amegakure que uno de sus shinobis colaborase en eso y el otro que está justo al lado se quedaba de manos cruzados. Menos aún si pensaba que existía la remota posibilidad de que fuese cierto. Y si era verdad, o ese zorro era enorme, o había varios, en cuyo caso quizás fuese peligroso para una sola persona principiante.
-No quiero molestarla mucho, mi casa está a la otra punta del pueblo, la que está mas lejos del río. Es la última casa, así que no le será difícil reconocerla. Allí la esperaré, desayune tranquila -Indicó el pastor con sumo respeto para después acabarse el té de un trago y encaminarse hacia el exterior del establecimiento una vez hubiera escuchado la respuesta de la susodicha ninja.
-En... En serio? Me ayudarías? No sabes como te lo agradezco! Estoy desesperado, ya no sé que hacer... -Dijo con una sonrisa en la cara que contrastaba con una preocupada mirada.
Hinosuke sacó la tetera del fuego rápidamente y la colocó frente a Kisame, para rápidamente colocar delante de él una vieja taza de peltre con un puñado de té en el fondo, y un terrón de azucar al lado, para posteriormente llenarla del hirviente agua y taparla con un plato de madera, con una cucharilla encima.
-Aquí tiene, muchas gracias -Dijo el camarero con diligencia y volvió a su salsa.
Kisame se apresuró a poner unas monedas en la barra, a modo de pago y se volvió para observar la conversación entre la shinobi de su aldea y aquel peculiar pastor mientras su té estaba listo para tomar. Parecía de buen corazón, tanto, que hasta se había propuesto voluntaria para ayudar a aquel hombre en su extrañ problema. Francamente, no se creía para nada lo que decía, pero si ella iba a ayudarle, no iba a dejarla sola. Daría una imagen pésima de Amegakure que uno de sus shinobis colaborase en eso y el otro que está justo al lado se quedaba de manos cruzados. Menos aún si pensaba que existía la remota posibilidad de que fuese cierto. Y si era verdad, o ese zorro era enorme, o había varios, en cuyo caso quizás fuese peligroso para una sola persona principiante.
-No quiero molestarla mucho, mi casa está a la otra punta del pueblo, la que está mas lejos del río. Es la última casa, así que no le será difícil reconocerla. Allí la esperaré, desayune tranquila -Indicó el pastor con sumo respeto para después acabarse el té de un trago y encaminarse hacia el exterior del establecimiento una vez hubiera escuchado la respuesta de la susodicha ninja.
