5/02/2020, 16:30
El tabernero terminó el arroz y lo sirvió en un cuenco de barro, acompañado de otro algo más pequeño, en el cual estaba la salsa. Quizás no era el mejor arroz, ni la mejor salsa, pero desde luego la mano de aquel hombre era bastante buena. El aroma que desprendía era apetitoso y no dejaría indiferente a casi nadie. Aun así, la presentación en una vieja bandeja de peltre y dos cuencos de barro dejaba mucho que desear. El hombre la tomó y comenzó a caminar hacia Ren, pero a medio camino recordó algo y volvió a la barra, para colocarle unos palillos artesanales y una taza como la del té del otro shinobi, pero llena de agua fresca. Hecho esto, si que se encaminó hacia la mesa y posó la bandeja frente a la chica.
-Aquí tiene, buen provecho -Le dijo con gentileza, pero después, poniéndose totalmente erguido, volvió a mirarla e hizo un gesto como para quitarle importancia a lo que iba a decir -No, no creo que tanto como un lío, pero de lo que estoy casi seguro es de que te van a hacer perder el tiempo, muchacha. Mi consejo es que no le dediques demasiado, bastante tenéis que hacer ya vosotros como para prestarle atención a ese viejo mentiroso -Comentó, para luego volver a su barra, en la cual se puso a fregar algunos cacharros de los anteriores clientes.
Momentos después, el pelinegro destapó su tñe y le dio unas cuantas vueltas, dejando el terrón de azúcar en la barra. Con pasos calmados y, sosteniendo su taza con la mano derecha y el plato bajo ella con la izquierda se acercó a la mesa en la que estaba la su compañera.
-Puedo sentarme aquí? -Preguntó con tono frío. Si ella accedía, se sentaría y, tras darle otro par de vueltas al té, la miraría a los ojos -Taka Kisame, quizás nos hayamos visto alguna vez por la aldea... En fin, solo quería decirte que te quiero acompañar, la aldea quedaría en muy mal lugar si no lo hago -Concluyó dándole un trago a la taza.
-Aquí tiene, buen provecho -Le dijo con gentileza, pero después, poniéndose totalmente erguido, volvió a mirarla e hizo un gesto como para quitarle importancia a lo que iba a decir -No, no creo que tanto como un lío, pero de lo que estoy casi seguro es de que te van a hacer perder el tiempo, muchacha. Mi consejo es que no le dediques demasiado, bastante tenéis que hacer ya vosotros como para prestarle atención a ese viejo mentiroso -Comentó, para luego volver a su barra, en la cual se puso a fregar algunos cacharros de los anteriores clientes.
Momentos después, el pelinegro destapó su tñe y le dio unas cuantas vueltas, dejando el terrón de azúcar en la barra. Con pasos calmados y, sosteniendo su taza con la mano derecha y el plato bajo ella con la izquierda se acercó a la mesa en la que estaba la su compañera.
-Puedo sentarme aquí? -Preguntó con tono frío. Si ella accedía, se sentaría y, tras darle otro par de vueltas al té, la miraría a los ojos -Taka Kisame, quizás nos hayamos visto alguna vez por la aldea... En fin, solo quería decirte que te quiero acompañar, la aldea quedaría en muy mal lugar si no lo hago -Concluyó dándole un trago a la taza.
