24/02/2020, 04:12
Lo primero que recibió a Karamaru fue una especie de mural, al pasar la lámpara por enfrente podría notar que el fondo era un mapa de la ciudad; y que dicho mapa estaba cubierto por númerosos recortes de periódicos, algunas imágenes y una que otra frase que señalaba a alguna dirección. Todo parecía estar unido por una serie de sujetadores e hilos que formaban una especie de laberinto; pero el verdadero elemento común, la verdadera fibra de aquella tela, eran las muchas menciones de Amanozako.
El muro contenía mucha información, pero era tan densa y enrevesada que posiblemente solo su creador fuese capaz de hallar un significado lógico entre las conexiones. Por ello era mejor buscar material escrito, por ello el joven dedico sus esfuerzos a buscar un cuaderno. Sin embargo, solo lograba encontrar libros viejos y cuadernos corrompidos por el moho o devorados por las termitas.
La búsqueda se prometía difícil: una lluvia pesada y fría repiqueteaba contra los sucios de cristales de un apartamento ruinoso, mientras que el aire encerrado desde hacía meses atacaba e irritaba su respiración. Pero, la recompensa es para quienes persisten; así fue que, en una de tantas agachadas a explorar el piso, Karamaru podría percibir como algo reflejaba tenuemente la luz de su lámpara. Aquel algo se encontraba debajo de una mesa y parecía que aquella ubicación estaba destinada a esconderlo. No todo lo que brilla es oro, y bien podría ser una trampa casa ladrones; pero eso solo podría descubrirlo al acercarse aquella especie de bóveda en miniatura, protegida por un candado de hierro negro.
El muro contenía mucha información, pero era tan densa y enrevesada que posiblemente solo su creador fuese capaz de hallar un significado lógico entre las conexiones. Por ello era mejor buscar material escrito, por ello el joven dedico sus esfuerzos a buscar un cuaderno. Sin embargo, solo lograba encontrar libros viejos y cuadernos corrompidos por el moho o devorados por las termitas.
La búsqueda se prometía difícil: una lluvia pesada y fría repiqueteaba contra los sucios de cristales de un apartamento ruinoso, mientras que el aire encerrado desde hacía meses atacaba e irritaba su respiración. Pero, la recompensa es para quienes persisten; así fue que, en una de tantas agachadas a explorar el piso, Karamaru podría percibir como algo reflejaba tenuemente la luz de su lámpara. Aquel algo se encontraba debajo de una mesa y parecía que aquella ubicación estaba destinada a esconderlo. No todo lo que brilla es oro, y bien podría ser una trampa casa ladrones; pero eso solo podría descubrirlo al acercarse aquella especie de bóveda en miniatura, protegida por un candado de hierro negro.
![[Imagen: aab687219fe81b12d60db220de0dd17c.gif]](https://i.pinimg.com/originals/aa/b6/87/aab687219fe81b12d60db220de0dd17c.gif)
