12/03/2020, 20:00
Sí, la música era mágica.
¿Por qué otra razón tendría tal sentimiento en su pecho? ¿Por qué otra razón estaría rodeada de fuegos artificiales, y colores y hadas, o al menos se sentiría así? Nunca había tocado la flauta tanto (ni tan bien) como esa noche, y pensaba que tal vez nunca lo haría de nuevo. Y no importaría, pues aquella experiencia estaría grabada por siempre en su corazón.
Aquella melodía dual no se alzaría y explotaría como un cuento épico, sino que descendería elegantemente, como un búho regresando a su árbol al alba, después de una noche de surcar los vientos majestuosamente.
Hubo un momento de silencio durante el cual Ranko recuperó el aliento.
—Gracias por acompañarme esta noche.
La voz de Flautista-san la hizo aferrarse al momento. Era la confirmación de que existía, que aquella vivencia era real y no pura imaginación. Abrió los ojos y se viró brevemente hacia su derecha. Flautista-san era una chica pelirroja en túnica, un fantasma de fuego apenas cubierto por el manto de la noche. Tiempo después, Ranko pensaría que debía haber escrito tal descripción en un poema, o algo así.
Jugueteando la flauta entre sus manos, la Kusajin respondió.
—Gracias. Por invitarme —su voz era queda, pero clara, y no le costaría escucharla —. S-s… M-me llam-
Pero algo la interrumpió: algunos aplausos se escuchaban debajo de ellas. Al asomarse un poco, Ranko pudo ver más de trescientas personas que habían escuchado su interpretación (bueno, fue el impacto que tuvo la chica, pues en realidad eran como seis o siete personas nada más).
El color subió rápidamente a las mejillas de la kunoichi, quien no estaba preparada para tener más público que Flautista-san. Los nervios la llenaron por completo. Se congeló en el lugar, erguida como estatua, apretando su flauta casi hasta el punto de romperla.
—Aaaaaaaaaaaaahmmm…
¿Por qué otra razón tendría tal sentimiento en su pecho? ¿Por qué otra razón estaría rodeada de fuegos artificiales, y colores y hadas, o al menos se sentiría así? Nunca había tocado la flauta tanto (ni tan bien) como esa noche, y pensaba que tal vez nunca lo haría de nuevo. Y no importaría, pues aquella experiencia estaría grabada por siempre en su corazón.
Aquella melodía dual no se alzaría y explotaría como un cuento épico, sino que descendería elegantemente, como un búho regresando a su árbol al alba, después de una noche de surcar los vientos majestuosamente.
Hubo un momento de silencio durante el cual Ranko recuperó el aliento.
—Gracias por acompañarme esta noche.
La voz de Flautista-san la hizo aferrarse al momento. Era la confirmación de que existía, que aquella vivencia era real y no pura imaginación. Abrió los ojos y se viró brevemente hacia su derecha. Flautista-san era una chica pelirroja en túnica, un fantasma de fuego apenas cubierto por el manto de la noche. Tiempo después, Ranko pensaría que debía haber escrito tal descripción en un poema, o algo así.
Jugueteando la flauta entre sus manos, la Kusajin respondió.
—Gracias. Por invitarme —su voz era queda, pero clara, y no le costaría escucharla —. S-s… M-me llam-
Pero algo la interrumpió: algunos aplausos se escuchaban debajo de ellas. Al asomarse un poco, Ranko pudo ver más de trescientas personas que habían escuchado su interpretación (bueno, fue el impacto que tuvo la chica, pues en realidad eran como seis o siete personas nada más).
El color subió rápidamente a las mejillas de la kunoichi, quien no estaba preparada para tener más público que Flautista-san. Los nervios la llenaron por completo. Se congeló en el lugar, erguida como estatua, apretando su flauta casi hasta el punto de romperla.
—Aaaaaaaaaaaaahmmm…
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