27/03/2020, 01:13
El que hacía las veces de guardia vio el fajo de billetes; aguanto la tentación o costumbre de estirar la mano hacia ellos, el muñón que le había quedado por mano a uno de sus primos le recordaba que los ninjas tenían unos reflejos salvajes y que tenían en alta estima el espacio personal. Además, los ojos de la experiencia le decían que aquel era bastante dinero, al menos lo bastante como para tomarles en serio.
—Está bien, pasen —dijo mientras los demás se apartaban—. Y cuando vean al jefe tengan cuidados con las bromas, su sentido del humor es algo… volátil.
—Lo tendremos en cuenta —dijo Kazuma mientras se adentraban en el local.
Fueron conducidos a través varios pisos y pasillos, hasta que llegaron a una oficina ubicada en la parte más profunda del local. En cuanto abrieron la puerta les llego un fuerte olor a tabaco, alcohol y otras sustancias que definitivamente no reconocerían. El sitio estaba lleno de gente de mal aspecto, que les miraron como si hubiesen llegado en mal momento. En el centro, sentado en un gran escritorio estaba un sujeto delgado y de pelo rubio rapado ataviado con cadenas de oro, recostado en una enorme y cómoda silla, disfrutando de un enorme cigarro cuyo humo parecía estarle llevando al país de las maravillas.
—¿Ahora quien coño es? —se quejo mientras se enderezaba y fijaba sus ojos vidriosos en los recién llegados, aunque no les veía bien—. ¿Otro par de carajitos pela bolas? Basta, ¡por favor!
—Jefe, son un par de ninjas y… parecen traer un buen negocio —explico el hombre que los estaba escoltando.
—¡No jodas! ¡La próxima vez comienza por ahí, marico! —reclamo mientras tomaba un pañuelo húmedo para limpiarse el rostro y componerse un poco—. Bueno, muchachos. Yo soy Yoshihiro, pero profesionalmente me conocen como Oriente; y soy el chivo que más mea en este sector, humildemente.
»¿Y ustedes que pintan por aquí? —pregunto mientras volvía a su monstruoso cigarro.
—Está bien, pasen —dijo mientras los demás se apartaban—. Y cuando vean al jefe tengan cuidados con las bromas, su sentido del humor es algo… volátil.
—Lo tendremos en cuenta —dijo Kazuma mientras se adentraban en el local.
Fueron conducidos a través varios pisos y pasillos, hasta que llegaron a una oficina ubicada en la parte más profunda del local. En cuanto abrieron la puerta les llego un fuerte olor a tabaco, alcohol y otras sustancias que definitivamente no reconocerían. El sitio estaba lleno de gente de mal aspecto, que les miraron como si hubiesen llegado en mal momento. En el centro, sentado en un gran escritorio estaba un sujeto delgado y de pelo rubio rapado ataviado con cadenas de oro, recostado en una enorme y cómoda silla, disfrutando de un enorme cigarro cuyo humo parecía estarle llevando al país de las maravillas.
—¿Ahora quien coño es? —se quejo mientras se enderezaba y fijaba sus ojos vidriosos en los recién llegados, aunque no les veía bien—. ¿Otro par de carajitos pela bolas? Basta, ¡por favor!
—Jefe, son un par de ninjas y… parecen traer un buen negocio —explico el hombre que los estaba escoltando.
—¡No jodas! ¡La próxima vez comienza por ahí, marico! —reclamo mientras tomaba un pañuelo húmedo para limpiarse el rostro y componerse un poco—. Bueno, muchachos. Yo soy Yoshihiro, pero profesionalmente me conocen como Oriente; y soy el chivo que más mea en este sector, humildemente.
»¿Y ustedes que pintan por aquí? —pregunto mientras volvía a su monstruoso cigarro.
![[Imagen: aab687219fe81b12d60db220de0dd17c.gif]](https://i.pinimg.com/originals/aa/b6/87/aab687219fe81b12d60db220de0dd17c.gif)
