1/04/2020, 01:35
—Ya veo…, que mierda —dijo dando una profunda calada.
«No puede ser, entendió todo lo que dijo», pensó Kazuma, conteniendo por poco la risa que deseaba dejar salir.
—Mira: para hablarte claro y raspado, yo no te puedo meter donde los locos esos —declaro, inclinándose hacia adelante y fijando sus enrojecidos ojos en ellos—. Yo lo que tengo es una entrada para uno de sus espectáculos… Ustedes me dirán si les sirve.
—Sera suficiente —acepto Kazuma, sabiendo que la infiltración tendría que ir por su cuenta.
—Fino. Ahora, lo importante: ¿Cuánto hay para eso? —pregunto mostrando que estaba más despejado de lo que parecía.
El muchacho le hizo un gesto a Karamaru para que desembolsará el dinero. Oriente tomo el sobre y lo reviso con mucho cuidado, procediendo luego a contar el dinero. Cuando estuvo satisfecho, les hablo:
—Está completo —dijo, para luego dirigirse a uno de sus hombres—. Busca un beta que dice Amanozako, está en una caja negra en la parte donde guardamos documentos y esas vainas.
Por un instante el hombre se reclino y pareció olvidarse de la presencia de los muchachos, hasta el punto de sacar de una de sus gavetas un pequeño sobre verde y regar su contenido frente a él. Esto produjo una línea delgada de algo que parecía ser harina. A continuación, el sujeto tomo otro papel, haciendo una especie de embudo que se colocó en la nariz, para luego acercarse a la línea y aspirarla con rapidez y violencia.
—¡Mierda, que bueno! —dijo con una amplia sonrisa, como la de quien cata un magnifico vino. Luego reparo en la presencia de ambos ninjas—. Coño, mala mía: yo aquí arrebatándome y ustedes viendo.
»Seguro quieren un poco; no tengan pena: tengo aguijón de raya, cola de zorro, orina de gato y hasta omoide (es escuchado que está bastante de moda)… Naaa, tienen pinta de ser más naturales, como que les va lo hippie. Si es así, también tengo la vieja y confiable maria juana, hierba de la buena.
Mientras decía aquello habría las gavetas y extraía pequeños sobres de distintos colores, el ultimo resulto ser una cajita en cuyo interior parecía haber perejil. La situación resultaba tan incómoda como cuando un vendedor acosaba a un potencial cliente mostrándole toda la mercancía.
«No puede ser, entendió todo lo que dijo», pensó Kazuma, conteniendo por poco la risa que deseaba dejar salir.
—Mira: para hablarte claro y raspado, yo no te puedo meter donde los locos esos —declaro, inclinándose hacia adelante y fijando sus enrojecidos ojos en ellos—. Yo lo que tengo es una entrada para uno de sus espectáculos… Ustedes me dirán si les sirve.
—Sera suficiente —acepto Kazuma, sabiendo que la infiltración tendría que ir por su cuenta.
—Fino. Ahora, lo importante: ¿Cuánto hay para eso? —pregunto mostrando que estaba más despejado de lo que parecía.
El muchacho le hizo un gesto a Karamaru para que desembolsará el dinero. Oriente tomo el sobre y lo reviso con mucho cuidado, procediendo luego a contar el dinero. Cuando estuvo satisfecho, les hablo:
—Está completo —dijo, para luego dirigirse a uno de sus hombres—. Busca un beta que dice Amanozako, está en una caja negra en la parte donde guardamos documentos y esas vainas.
Por un instante el hombre se reclino y pareció olvidarse de la presencia de los muchachos, hasta el punto de sacar de una de sus gavetas un pequeño sobre verde y regar su contenido frente a él. Esto produjo una línea delgada de algo que parecía ser harina. A continuación, el sujeto tomo otro papel, haciendo una especie de embudo que se colocó en la nariz, para luego acercarse a la línea y aspirarla con rapidez y violencia.
—¡Mierda, que bueno! —dijo con una amplia sonrisa, como la de quien cata un magnifico vino. Luego reparo en la presencia de ambos ninjas—. Coño, mala mía: yo aquí arrebatándome y ustedes viendo.
»Seguro quieren un poco; no tengan pena: tengo aguijón de raya, cola de zorro, orina de gato y hasta omoide (es escuchado que está bastante de moda)… Naaa, tienen pinta de ser más naturales, como que les va lo hippie. Si es así, también tengo la vieja y confiable maria juana, hierba de la buena.
Mientras decía aquello habría las gavetas y extraía pequeños sobres de distintos colores, el ultimo resulto ser una cajita en cuyo interior parecía haber perejil. La situación resultaba tan incómoda como cuando un vendedor acosaba a un potencial cliente mostrándole toda la mercancía.
![[Imagen: aab687219fe81b12d60db220de0dd17c.gif]](https://i.pinimg.com/originals/aa/b6/87/aab687219fe81b12d60db220de0dd17c.gif)
