4/05/2020, 17:19
Daruu cerró los ojos. El público estalló en júbilo. El combate había terminado y ellos habían obtenido lo que habían venido a buscar: golpes y magia ninja. El Hyūga observó a Rōga unos instantes: el jutsu ancestral que acababa de aplicar sobre él sólo le dejaría agotado durante un tiempo. Dudaba que los daños fueran importantes, y a pesar del pequeño sangrado en la tarima, parecía estar en perfectas condiciones. «Se recuperará enseguida.»
Sin más, se dio la vuelta y caminó hacia su camerino de nuevo. Su trabajo allí había terminado. Una lógica emoción subió por su pecho cuando se dio cuenta de que el siguiente combate sería la final. «Lo siento, Rōga, pero no puedo evitar sentirme decepcionado porque Ayame cayese en la primera ronda. Ese combate fue mucho más difícil que este...» Pero así eran los torneos eliminatorios, injustos por naturaleza. ¿Qué pasaba si los tres jōnin más poderosos hubieran caído justo al final? Bueno, probablemente uno de ellos hubiera avanzado, sí, pero luego el restante lo hubiera tenido más fácil.
Si es que eso era posible contra shinobi. Son impredecibles.
Y, pensando en eso, a Daruu se le ocurrió que quizás todavía le quedase cruzarse con Datsue. «Vamos... gana tu combate. Por favor, gánalo. Démosle a los Daimyo un último espectáculo de lo que es el poder de la Alianza Tormenta-Espiral.»
Mucho más tarde, cuando todos los combates hubieron terminado, Daruu salió del estadio y allí se encontró con su madre, Kiroe, y su hermana pequeña adoptiva, Chiiro. Ambas le esperaban con una sonrisa.
—¡Has ganado de sobra, Daruu, así se hace! —exclamó Kiroe, como si nada hubiera pasado hacía apenas dos semanas.
—Sí —dijo Daruu con una sonrisa falsa, caminando y obligándolas a seguirle. Chiiro se le enganchó de la mano, que Daruu tomó y acarició con el dedo pulgar.
—¡Felicidades!
—¡Ha sido genial!
—Muchas gracias.
Chiiro se soltó de la mano de Daruu y se quedó quieta en el sitio. Kiroe la miró un momento y dejó de intentar seguir a su hijo.
—¿Sigues enfadado? Yo...
—Sí, un poco —confesó él, alejándose—. Pero no pasa nada. Ya se me pasará. Y supongo que ya meditarás tú sobre lo que te toca.
Chiiro y Kiroe se miraron.
»Lo siento, hermanita. Ya hablaremos mejor a solas en otra ocasión. ¡Espero que te lo pasaras bien! ¡Ven a verme a la final! —Se despidió Daruu, sonriéndole, con el movimiento gentil de una mano.
—Sí... sí, lo haré —contestó Chiiro, triste.
Sin más, se dio la vuelta y caminó hacia su camerino de nuevo. Su trabajo allí había terminado. Una lógica emoción subió por su pecho cuando se dio cuenta de que el siguiente combate sería la final. «Lo siento, Rōga, pero no puedo evitar sentirme decepcionado porque Ayame cayese en la primera ronda. Ese combate fue mucho más difícil que este...» Pero así eran los torneos eliminatorios, injustos por naturaleza. ¿Qué pasaba si los tres jōnin más poderosos hubieran caído justo al final? Bueno, probablemente uno de ellos hubiera avanzado, sí, pero luego el restante lo hubiera tenido más fácil.
Si es que eso era posible contra shinobi. Son impredecibles.
Y, pensando en eso, a Daruu se le ocurrió que quizás todavía le quedase cruzarse con Datsue. «Vamos... gana tu combate. Por favor, gánalo. Démosle a los Daimyo un último espectáculo de lo que es el poder de la Alianza Tormenta-Espiral.»
· · ·
Mucho más tarde, cuando todos los combates hubieron terminado, Daruu salió del estadio y allí se encontró con su madre, Kiroe, y su hermana pequeña adoptiva, Chiiro. Ambas le esperaban con una sonrisa.
—¡Has ganado de sobra, Daruu, así se hace! —exclamó Kiroe, como si nada hubiera pasado hacía apenas dos semanas.
—Sí —dijo Daruu con una sonrisa falsa, caminando y obligándolas a seguirle. Chiiro se le enganchó de la mano, que Daruu tomó y acarició con el dedo pulgar.
—¡Felicidades!
—¡Ha sido genial!
—Muchas gracias.
Chiiro se soltó de la mano de Daruu y se quedó quieta en el sitio. Kiroe la miró un momento y dejó de intentar seguir a su hijo.
—¿Sigues enfadado? Yo...
—Sí, un poco —confesó él, alejándose—. Pero no pasa nada. Ya se me pasará. Y supongo que ya meditarás tú sobre lo que te toca.
Chiiro y Kiroe se miraron.
»Lo siento, hermanita. Ya hablaremos mejor a solas en otra ocasión. ¡Espero que te lo pasaras bien! ¡Ven a verme a la final! —Se despidió Daruu, sonriéndole, con el movimiento gentil de una mano.
—Sí... sí, lo haré —contestó Chiiro, triste.
![[Imagen: K02XwLh.png]](https://i.imgur.com/K02XwLh.png)