Otoño-Invierno de 221

Fecha fijada indefinidamente con la siguiente ambientación: Los ninjas de las Tres Grandes siguen luchando contra el ejército de Kurama allá donde encuentran un bastión sin conquistar. Debido a las recientes provocaciones del Nueve Colas, los shinobi y kunoichi atacan con fiereza en nombre de la victoria. Kurama y sus generales se encuentran acorralados en las Tierras Nevadas del Norte, en el País de la Tormenta. Pero el invierno está cerca e impide que cualquiera de los dos bandos avance, dejando Oonindo en una situación de guerra fría, con pequeñas operaciones aquí y allá. Las villas requieren de financiación tras la pérdida de efectivos en la guerra, y los criminales siguen actuando sobre terreno salpicado por la sangre de aliados y enemigos, por lo que los ninjas también son enviados a misiones de todo tipo por el resto del mundo, especialmente aquellos que no están preparados para enfrentarse a las terribles fuerzas del Kyuubi.
#58
Daigo le agradeció al Inuzuka que le hubiese ayudado, consciente de que un bocado de esa cosa podría haber resultado fatídico. El rastas no le dio importancia, después de todo eso era lo mínimo que se podía esperar de un compañero de equipo, ¿no?

N-no... no pasa nada... qué menos.

La quimera, la calificada como Gebijuu, poco a poco comenzó a desaparecer. Como si fuese por fascículos, comenzó a evaporarse su piel, seguida de sus músculos, venas, articulaciones, hasta quedar en nada. Entre tanto, el investiador había salido, buscando averiguar algo más del exterior. Apenas había confiado en los genin, pero habiendo observado que habían ganado el combate, decidió acudir a atenderlos. El hombre llevó consigo una cajita con una estrella, en la cuál tenía lo más precario para atender las heridas de los chicos.

Muchas gracias.

Pero el científico no tenía únicamente ese propósito. Con las mismas anunció que tenía pensamiento de mudarse, pues allí ya no les quedaba nada. Así mismo, les pidió a los genin un favor de lo más raro: que no dijesen nada de él en el informe que tendrían que hacer. El Inuzuka no supo qué responder a eso, pues no debían ocultar información alguna. Más y cuando se trataba de una de éstas criaturas, ya que debían descubrir el porqué aparecían, cual era el motivo que las llevaba a un lado u otro...

Daigo terminó aceptando que deberían emitir un informe, y concluyó despidiéndose. A su ver, en un lugar con tanta población estarían seuros, al menos por el momento. Quizás no le faltaba razón al peliverde, pero al rastas le escamaba precisamente eso. Cuanta más gente junta, más rara se sentiría esa niña... ¿no?

Intentaremos evitar decir sobre ustedes, pero no puedo prometerles nada. La situación está algo tensa con éstos monstruos, y toda información dada puede llevar a descubrir qué los está moviendo... el porqué atacan unos sitios, en vez de otros. Cuando sepamos qué los mueve, podremos anticipar sus ataques, y evitar éstas cosas... —informó, en lo que señalaba la desolada explanada.

»Espero que les vaya bien allá. Lo que no haremos es decir dónde se dirigen.

Aunque lo dijo con toda la confianza del mundo, ésto era algo que seguramente debatía con Daigo y Akane en el camino de regreso. Después de todo, estaban juntos en ésto.
~ No muerdas lo que no piensas comerte ~
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Mensajes en este tema
RE: Dónde alguna vez hubo una sonrisa - por Inuzuka Etsu - 7/05/2020, 00:26


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