17/08/2020, 12:00
Lo mas complicado de intentar hablar con Datsue era elegir una hora adecuada para molestarlo. Por las mañanas, ni idea de que hora se despertaba, pero por lo menos, dormía hasta la hora de comer, y no, no era buena idea despertarlo en su siesta. La cuestión es que por la tarde igual volvía a dormirse otra siesta. Y como no, yo seguía sin ser adivino, y sin conocer su rutina diaria.
El problema, es que tras todo lo acontecido en el torneo, había muchas cosas de las que quería hablar con él. Y una en concreto por la que necesitaba hablar con él. En realidad, había otra posibilidad, pero los tiempos eran muy difíciles, y claro... De cualquier manera, para esa otra posibilidad, seguía necesitando a Datsue.
Y así era mi vida en ese momento. ¿Cual era la hora buena para hablar con él? Quizás ninguna ¿Era algo urgente? Quizás para mi sí, pero igual él lo veía con otros ojos. Y más que temer que se enfadase por interrumpirle en alguna de las fases de su rutina, me ponía en su piel y pensaba: "¿Que haría yo si alguien viniera a interrumpirme mientras le doy martillazos al acero?" Por que parar ciertos procesos de la forja a mitad era... Impensable, habría que volver a empezar de nuevo.
Sin embargo, para mí era un asunto urgente. Podía haberle preguntado a través del sello cuando le venia bien quedar. Sin embargo, eso es lo que haría alguien perezoso o demasiado ocupado. Yo preferí recurrir a algo más básico, algo mas simple, y que la otra vez había funcionado bien: Le deje una carta en su casa.
Si era él quien decidía cuando, no tenia que comerme la cabeza para pensar sobre que hora visitarle sin molestarlo. No quería tirarme flores, pero había sido una gran idea para haber salido de mi. Al final, ponerse a estudiar sobre los barcos había servido también para ejercitar, aunque fuera un poco, mi cerebro.
El problema, es que tras todo lo acontecido en el torneo, había muchas cosas de las que quería hablar con él. Y una en concreto por la que necesitaba hablar con él. En realidad, había otra posibilidad, pero los tiempos eran muy difíciles, y claro... De cualquier manera, para esa otra posibilidad, seguía necesitando a Datsue.
Y así era mi vida en ese momento. ¿Cual era la hora buena para hablar con él? Quizás ninguna ¿Era algo urgente? Quizás para mi sí, pero igual él lo veía con otros ojos. Y más que temer que se enfadase por interrumpirle en alguna de las fases de su rutina, me ponía en su piel y pensaba: "¿Que haría yo si alguien viniera a interrumpirme mientras le doy martillazos al acero?" Por que parar ciertos procesos de la forja a mitad era... Impensable, habría que volver a empezar de nuevo.
Sin embargo, para mí era un asunto urgente. Podía haberle preguntado a través del sello cuando le venia bien quedar. Sin embargo, eso es lo que haría alguien perezoso o demasiado ocupado. Yo preferí recurrir a algo más básico, algo mas simple, y que la otra vez había funcionado bien: Le deje una carta en su casa.
Datsue, Tenemos que hablar, hay algo urgente que tengo que tratar contigo sobre lo acontecido en el torneo, avisame cuando tengas un hueco. Firmado: Reiji.
Si era él quien decidía cuando, no tenia que comerme la cabeza para pensar sobre que hora visitarle sin molestarlo. No quería tirarme flores, pero había sido una gran idea para haber salido de mi. Al final, ponerse a estudiar sobre los barcos había servido también para ejercitar, aunque fuera un poco, mi cerebro.
