14/10/2020, 23:17
La treintañera elevó la mirada cuando el chico de orbes oscuros entró en la tienda. Quizás una primera impresión pudo haberla confundido, haciendo a la mujer pensar que se trataba de un fortuito cliente. Nada más lejos de la realidad, la cliente era ella, de manera no directa. Tal y como el chico expresó tras un vistazo preliminar a los suculentos pastelitos y tartas, venía para recabar información sobre los vándalos que habían decorado su comercio.
—No soy una chivata. —Escupió, fría y sin contemplaciones.
Golpeó la masa que tenía entre manos, ablandándola con el impacto sobre la mesa. Rodó la misma un par de veces, y nuevamente desvió la mirada hacia el Uchiha, en lo que hacía una nueva pausa. Quizás meditaba si ésto le convenía, o si entorpecer la investigación del jonin le era favorable.
—Pero estoy harta de que la señora Watotu no sepa controlar a sus demonios, la verdad. Creo que una vez puede ser un descuido, dos una mala gestión, pero ya siete... Sin duda, criar a esos chicos le queda muy grande. —Argumentó en lo que continuaba amasando, para nuevamente parar. —Si quieres encontrar a la cabecilla de los circulos verdes, es la hija de la señora Akimichi Watotu; creo recordar que la chica se llama Akimichi Ami. Viven al final de ésta calle, en una gran casa de color albaricoque.
»Eso si, igual la madre no te cree. La pelirroja esa tiene un don para la mentira, es una embaucadora nata.
—No soy una chivata. —Escupió, fría y sin contemplaciones.
Golpeó la masa que tenía entre manos, ablandándola con el impacto sobre la mesa. Rodó la misma un par de veces, y nuevamente desvió la mirada hacia el Uchiha, en lo que hacía una nueva pausa. Quizás meditaba si ésto le convenía, o si entorpecer la investigación del jonin le era favorable.
—Pero estoy harta de que la señora Watotu no sepa controlar a sus demonios, la verdad. Creo que una vez puede ser un descuido, dos una mala gestión, pero ya siete... Sin duda, criar a esos chicos le queda muy grande. —Argumentó en lo que continuaba amasando, para nuevamente parar. —Si quieres encontrar a la cabecilla de los circulos verdes, es la hija de la señora Akimichi Watotu; creo recordar que la chica se llama Akimichi Ami. Viven al final de ésta calle, en una gran casa de color albaricoque.
»Eso si, igual la madre no te cree. La pelirroja esa tiene un don para la mentira, es una embaucadora nata.