1/11/2020, 00:32
Quizás para comprobar la frescura de la pintura, u otro motivo, los chicos terminaron por acercarse a la pared. El rubio no hacía mas que llevarse las manos a la cabeza, rascando frenéticamente esa salvaje melena en lo que intentaba buscar una solución al problema. El tartamudo, lejos de mandarlo a tomar por culo, se acercó con éste. El problema era de ambos, y sin duda alguna les parecía un mundo. Pero de pronto, el mundo se les vino encima...
La capa con que la kunoichi se hacía invisible salió volando, lanzada por la misma en lo que tomaba de la empuñadura la espada y saltaba hasta plantarse cara a cara con los chicos. —¡Un paso en falso y os corto en pedacitos tan pequeños que no vais a servir ni para hacer sushi!
Una amenaza clara, rápida y concisa. Los chicos, que para nada esperaban algo así dieron un brinco y retrocedieron incluso un par de pasos, con el corazón en las manos. Tanto fue el susto, en conjunto con la amenaza, que al rubio incluso se le manchó el pantalón de un liquido dorado que rápidamente tocó suelo. Las lágrimas se le saltaron a ambos, hasta que toparon con que se trataba de una chica no demasiado mayor a ellos.
—¿¡CABRONA!? ¿¡QUE PUTO SUSTO JODER!? —se quejó el rubio, llorando de rabia.
—¿¿¡¡P-pe-pe-pe-ro!!?? ¿¡Pero-pe-pero!? ¿¿¡PE-RO!?? —se quejó también el moreno. —¿¡COJONES!?
—¡Como os atreváis a tocar ésta pintada, os corto las manos! —aseguró la pelirroja. —¿¡ESTE ES NUESTRO TERRITORIO!?
La capa con que la kunoichi se hacía invisible salió volando, lanzada por la misma en lo que tomaba de la empuñadura la espada y saltaba hasta plantarse cara a cara con los chicos. —¡Un paso en falso y os corto en pedacitos tan pequeños que no vais a servir ni para hacer sushi!
Una amenaza clara, rápida y concisa. Los chicos, que para nada esperaban algo así dieron un brinco y retrocedieron incluso un par de pasos, con el corazón en las manos. Tanto fue el susto, en conjunto con la amenaza, que al rubio incluso se le manchó el pantalón de un liquido dorado que rápidamente tocó suelo. Las lágrimas se le saltaron a ambos, hasta que toparon con que se trataba de una chica no demasiado mayor a ellos.
—¿¡CABRONA!? ¿¡QUE PUTO SUSTO JODER!? —se quejó el rubio, llorando de rabia.
—¿¿¡¡P-pe-pe-pe-ro!!?? ¿¡Pero-pe-pero!? ¿¿¡PE-RO!?? —se quejó también el moreno. —¿¡COJONES!?
—¡Como os atreváis a tocar ésta pintada, os corto las manos! —aseguró la pelirroja. —¿¡ESTE ES NUESTRO TERRITORIO!?