14/03/2021, 15:17
(Última modificación: 14/03/2021, 15:19 por Aotsuki Ayame. Editado 1 vez en total.)
Un monstruoso zorro con nueve colas, más grande que la mismísima Torre de la Arashikage. Una mujer de cabellos oscuros y mirada fría y distante. Un pergamino con la inconfundible letra y firma de su hija: Aotsuki Ayame. Un nombre: Maimai.
¿Qué significaba todo aquello? Aunque Zetsuo hizo acopio de toda su fuerza de voluntad por no mostrar ningún tipo de emoción, sus rostro palideció en el preciso momento en el que Ayame entraba por la puerta de la cocina y Yui se volvía hacia ella. El médico respiró hondo y se frotó los ojos.
—Buenos días, Ayame. ¿Te quieres venir de picnic? —bromeó la anterior Arashikage.
Pero Ayame no debió percibir la sutileza de su broma, porque desvió la mirada hacia la ventana más cercana, contra la cual repiqueteaban las gotas de lluvia de aquella pesada tormenta.
—¿De picnic...? —murmuró, casi para sí.
Justo entonces su padre la increpó por no secarse el pelo, y Yui se volvió hacia él:
—¡Déjala, coño! —protestó Yui, para estupefacción de Zetsuo, que la miró con ojos como platos—. ¡Es una Hōzuki hecha y derecha, joder! ¡El agua no nos asusta! ¡Nosotras somos el agua! —Divertida, se giró de nuevo hacia Ayame, apoyándose en el sofá con los brazos—. ¿Era así como lo decías tú, verdad?
—¡Eso es! —Ayame, hinchada como un pavo, se cruzó de brazos y asintió varias veces con la cabeza.
—Bueno. Que tengo una misión para ti. Conmigo. A solas. Plan de chicas.
A Ayame se le iluminaron los ojos como faros.
—¿Una misión? ¡Dadme un segundo, voy a prepararme! —exclamó, antes de arrancar a correr pasillo abajo.
Apenas un segundo después, Zetsuo y Yui escucharon una puerta cerrarse de golpe.
—Esta niña... —suspiró Zetsuo, llevándose el café a los labios. Ni siquiera había preguntado por los detalles de la misión, ni si tendrían que salir de la aldea, ni por cuanto tiempo. Simplemente, se había dejado llevar por la emoción.
Y apenas un par de minutos después, estaba de vuelta en la puerta de la cocina, vestida con su ropa de kunoichi, su capa de viaje, armada hasta las cejas y con una mochila que comenzó a llenar con algunos bocadillos y botellas de agua.
—¿Y adónde vamos, Yui? ¿Vamos a estar mucho tiempo fuera? ¿Viene alguien más con nosotras? ¿Quizás Kōri? ¿O Daruu? ¿O los dos? Espera un momento —Ayame se detuvo momentáneamente, como si se hubiera dado cuenta de algo de repente, y entonces se volvió hacia Yui—: No nos iremos de picnic de verdad, ¿no?