22/03/2021, 00:04
Yui bajó la mirada, cruzándose de brazos. Uno de sus pies jugueteaba con una pequeña piedrecita, dándole vueltas en el suelo, cuando respondió:
—¿Cómo accedió el bij... Kokuō, a esa información? —preguntó—. ¿Sabe Kurama que ella sabe que tiene hilos en Yukio? Si la respuesta es "sí", evidentemente, algo se olerá.
Ayame se mordió el labio inferior.
—El mismo Kurama se la ofreció —respondió, con un hilo de voz, al cabo de varios segundos—. Cuando revirtieron el sello. Le ofreció ir a buscarle allí...
—Matasteis a uno de sus Generales —continuó Yui—. Y su hermana no está de su parte, si no, me imagino que haría ya tiempo que habría vuelto a intentar escapar con tu cuerpo. ¡Porque más le vale que la información no sea una trampa! ¡Un tarro de miel para que mojemos los labios antes de que nos cacen! —exclamó, señalando el pecho de Ayame como si quisiera atravesarlo con su dedo y llegar hasta Kokuō.
Y Kokuō, evidentemente, respondió a la llamada y se manifestó en los ojos y el cabello de Ayame, tiñéndolos de aguamarina y perla, respectivamente, y ensombreciendo sus rasgos.
—No me compare con las tácticas rastreras de los Humanos, por favor. Yo jamás recurriría a un truco tan sucio como ese —masculló la voz del Bijū, notablemente irritada—. Deberían agradecerme que decidiera compartir esa información con ustedes. Pero no me malinterprete, lo hago por mis Hermanos, no por ustedes. No permitiré que Kurama les ponga la zarpa encima a ninguno de ellos si puedo evitarlo.
Y, visto y no visto, Kokuō volvió a resguardarse en el interior de Ayame, devolviéndola a la naturalidad. La muchacha, avergonzada, se rascó la nuca.
—L... lo siendo, a veces es un poco...
—¿Cómo accedió el bij... Kokuō, a esa información? —preguntó—. ¿Sabe Kurama que ella sabe que tiene hilos en Yukio? Si la respuesta es "sí", evidentemente, algo se olerá.
Ayame se mordió el labio inferior.
—El mismo Kurama se la ofreció —respondió, con un hilo de voz, al cabo de varios segundos—. Cuando revirtieron el sello. Le ofreció ir a buscarle allí...
—Matasteis a uno de sus Generales —continuó Yui—. Y su hermana no está de su parte, si no, me imagino que haría ya tiempo que habría vuelto a intentar escapar con tu cuerpo. ¡Porque más le vale que la información no sea una trampa! ¡Un tarro de miel para que mojemos los labios antes de que nos cacen! —exclamó, señalando el pecho de Ayame como si quisiera atravesarlo con su dedo y llegar hasta Kokuō.
Y Kokuō, evidentemente, respondió a la llamada y se manifestó en los ojos y el cabello de Ayame, tiñéndolos de aguamarina y perla, respectivamente, y ensombreciendo sus rasgos.
—No me compare con las tácticas rastreras de los Humanos, por favor. Yo jamás recurriría a un truco tan sucio como ese —masculló la voz del Bijū, notablemente irritada—. Deberían agradecerme que decidiera compartir esa información con ustedes. Pero no me malinterprete, lo hago por mis Hermanos, no por ustedes. No permitiré que Kurama les ponga la zarpa encima a ninguno de ellos si puedo evitarlo.
Y, visto y no visto, Kokuō volvió a resguardarse en el interior de Ayame, devolviéndola a la naturalidad. La muchacha, avergonzada, se rascó la nuca.
—L... lo siendo, a veces es un poco...