18/04/2021, 12:44
Y allá que llegaron, un par de horas o tres más tardes, con Ayame arrastrando los pies y cubierta de barro, resollando con dificultad y echando casi hasta el alma por la boca. Yui, en cambio, parecía fresca como una rosa. Como si hubiera sido el mejor día de su vida. Quizás incluso lo fuera, después de mucho tiempo. Con una sonrisa radiante y sin preocuparse por ocultar su identidad, caminó por el andén con todo el mundo a su alrededor apartándose y profiriendo gritos ahogados.
Ya en dentro del ferrocarril, a Yui no le importó apoyar los pies en el asiento de enfrente del pequeño compartimento clausurado en el que se habían aposentado.
—¡Ayame! ¿Pero qué te pasa? ¿Estás bien? ¿Has pillado algo?
Ya en dentro del ferrocarril, a Yui no le importó apoyar los pies en el asiento de enfrente del pequeño compartimento clausurado en el que se habían aposentado.
—¡Ayame! ¿Pero qué te pasa? ¿Estás bien? ¿Has pillado algo?