20/07/2021, 11:12
Bueno, odiaba estar en su casa y soportar a su padre, quizás el calabozo no estaba tan mal. Le hubiera gustado saber si le dan comida allí y, con eso en mente, se lo pensaba dos veces. Pero, no, si la llevaban al calabozo y alguno de sus padres se enteraban, la mataban. Apreciando eso, si se enteraban que un jōnin le estaba llamando la atención por hacer algún disturbio, también se la harían pasar feo.
—Espera, si nos tranquilizamos vamos a pod-.
Antes de que pueda decir algo, el de los ojos blancos empezó una secuencia de sellos. Claro, eso se sabía porque no había otra cosa que esté haciendo con las manos, pero la velocidad que empleaba para hacerlo parecía inhumana. Jun nunca había visto tal velocidad para hacer un sello en su vida, ni siquiera pensaba que eso era posible.
—PERO ¡¿QUÉ CARAJOS ES ESO?!
El gran muro que apareció al final del callejón tenía un aspecto desagradable para la muchachita. Nuevamente, en su vida había visto algo similar. Pero ese no era el verdadero problema, sino que la estructura también estaba a las espaldas de ella. Detuvo su andar y se tuvo que quedar mano a mano con el chico, frente a esos ojos tan extravagantes. Miró para todos lados, buscando una salida, pero sabía que no tenía muchas opciones de escape. Conocía sus fortalezas, y sabía que la velocidad no era una de ellas.
Aceptando su destino, pegó un fuerte suspiro y dejó de mirar esos ojos del inframundo.
—Nara Jun. — frunció el ceño, ligeramente molesta por encontrarse tan arrinconada. Literalmente. —¿Y ahora? ¿Qué vas a hacer con eso?
Tenía miedo de haberse metido en un problema grande. Vivía buscando los problemas, a veces no intencionalmente, pero esta vez había llegado un poco lejos y la habían agarrado con las manos en la masa.
—Espera, si nos tranquilizamos vamos a pod-.
Antes de que pueda decir algo, el de los ojos blancos empezó una secuencia de sellos. Claro, eso se sabía porque no había otra cosa que esté haciendo con las manos, pero la velocidad que empleaba para hacerlo parecía inhumana. Jun nunca había visto tal velocidad para hacer un sello en su vida, ni siquiera pensaba que eso era posible.
—PERO ¡¿QUÉ CARAJOS ES ESO?!
El gran muro que apareció al final del callejón tenía un aspecto desagradable para la muchachita. Nuevamente, en su vida había visto algo similar. Pero ese no era el verdadero problema, sino que la estructura también estaba a las espaldas de ella. Detuvo su andar y se tuvo que quedar mano a mano con el chico, frente a esos ojos tan extravagantes. Miró para todos lados, buscando una salida, pero sabía que no tenía muchas opciones de escape. Conocía sus fortalezas, y sabía que la velocidad no era una de ellas.
Aceptando su destino, pegó un fuerte suspiro y dejó de mirar esos ojos del inframundo.
—Nara Jun. — frunció el ceño, ligeramente molesta por encontrarse tan arrinconada. Literalmente. —¿Y ahora? ¿Qué vas a hacer con eso?
Tenía miedo de haberse metido en un problema grande. Vivía buscando los problemas, a veces no intencionalmente, pero esta vez había llegado un poco lejos y la habían agarrado con las manos en la masa.