22/01/2016, 16:37
- Suena a que hayas tenido una infancia de mierda. - respondió el Uchiha sin mucho tacto
Pero lo cierto era que Datsue tenía razón. O al menos en parte, porque algo tan suave como 'de mierda' no hacía justicia a lo que Kunie había tenido que pasar en Shinogi-to. No quería hablar de eso, y no creo que nadie pudiese culparla. Como mejor pudo cambió el tema de conversación.
—Sí, algo así —admitió el Uchiha, sin perder la sonrisa—. Es el dōjutsu de nuestro clan. Una técnica ocular, vaya. Nos permite… ver las cosas como realmente son. Aunque preferiría poder meterme en la cabeza de la gente, la verdad —admitió en seguida—. Antes, en la taberna… —su semblante volvió a ensombrecerse—. Estabas controlando a ese tío, ¿verdad? ¿Cómo es eso posible?
Kunie torció los labios en una mueca de desagrado. Sí, era cierto, y no le gustaba que Datsue se hubiese dado cuenta. Aunque, ¿quién no lo habría hecho? He sido descuidada, demasiado descuidada, y ahora este Uchiha conoce mi técnica secreta. Maldita sea... No tenía sentido negarlo, pues Datsue había podido comprobar con todo lujo de detalles como un tipo se levantaba, cual muerto viviente, y asesinaba a sangre fría a sus dos camaradas y a un hombre inocente. No había muchas personas en Onindo que estuvieran dispuestas a hacer algo así sin un motivo realmente bueno. De modo que la kunoichi se limitó a soltar y suspiro de resignación y contestar lo más lacónicamente que pudo.
- Supongo que no tiene sentido negarlo. Sí, digamos que... 'tomé prestado' su cuerpo un rato. - hizo una pausa, como esperando comprobar si el Uchiha se daba por satisfecho.- Todos tenemos nuestros recursos. Tú tienes esos 'Ojos de la Verdad', y yo mis trucos.
Siguieron caminando un poco más hasta llegar a una calle más ancha que las demás. Estaba indudablemente mejor iluminada, tanto por las farolas que flanqueaban la calzada como por la luz que salía de puertas y ventanas aquí y allá. El hostal estaba al final de la vía, torciendo un par de calles a la izquierda.
- Bueno, ¿vas a contarme algo de tí? - interrogó la chica.- Llevamos un rato hablando y todavía no sé ni de dónde eres. No pareces un ricachón mimado, así que dime, ¿qué problema tienes para andar estafando a paletos en esta ciudad?
Pero lo cierto era que Datsue tenía razón. O al menos en parte, porque algo tan suave como 'de mierda' no hacía justicia a lo que Kunie había tenido que pasar en Shinogi-to. No quería hablar de eso, y no creo que nadie pudiese culparla. Como mejor pudo cambió el tema de conversación.
—Sí, algo así —admitió el Uchiha, sin perder la sonrisa—. Es el dōjutsu de nuestro clan. Una técnica ocular, vaya. Nos permite… ver las cosas como realmente son. Aunque preferiría poder meterme en la cabeza de la gente, la verdad —admitió en seguida—. Antes, en la taberna… —su semblante volvió a ensombrecerse—. Estabas controlando a ese tío, ¿verdad? ¿Cómo es eso posible?
Kunie torció los labios en una mueca de desagrado. Sí, era cierto, y no le gustaba que Datsue se hubiese dado cuenta. Aunque, ¿quién no lo habría hecho? He sido descuidada, demasiado descuidada, y ahora este Uchiha conoce mi técnica secreta. Maldita sea... No tenía sentido negarlo, pues Datsue había podido comprobar con todo lujo de detalles como un tipo se levantaba, cual muerto viviente, y asesinaba a sangre fría a sus dos camaradas y a un hombre inocente. No había muchas personas en Onindo que estuvieran dispuestas a hacer algo así sin un motivo realmente bueno. De modo que la kunoichi se limitó a soltar y suspiro de resignación y contestar lo más lacónicamente que pudo.
- Supongo que no tiene sentido negarlo. Sí, digamos que... 'tomé prestado' su cuerpo un rato. - hizo una pausa, como esperando comprobar si el Uchiha se daba por satisfecho.- Todos tenemos nuestros recursos. Tú tienes esos 'Ojos de la Verdad', y yo mis trucos.
Siguieron caminando un poco más hasta llegar a una calle más ancha que las demás. Estaba indudablemente mejor iluminada, tanto por las farolas que flanqueaban la calzada como por la luz que salía de puertas y ventanas aquí y allá. El hostal estaba al final de la vía, torciendo un par de calles a la izquierda.
- Bueno, ¿vas a contarme algo de tí? - interrogó la chica.- Llevamos un rato hablando y todavía no sé ni de dónde eres. No pareces un ricachón mimado, así que dime, ¿qué problema tienes para andar estafando a paletos en esta ciudad?