20/08/2021, 19:19
Ella estaba disfrutando en su mundo, casi ni le daba importancia a sus alrededores. Se encontraba muy enfocada, tanto en lo que hacía como en lo que decía Meme. No se esperaba que nadie esté cerca de allí, parecían bastante alejadas de todo.
Fue entonces cuando una voz las interrumpió. Esa voz hizo que Jun se sorprenda, pegando un salto y haciendo que vuelva al plano real de las cosas. Se avergonzó por saber que alguien la había visto, incluso tres personas la habían visto. Encima le gritaron payasa, como por si no tenía suficiente.
«La puta madre.» Aunque, al ver bien quienes eran los que le dijeron eso, se le pasó un poco, porque los payasos eran ellos. Tres tipos sucios, extraños e intentando acercarse a ellas. Se sentían lo suficientemente valientes como para ir a encararlas, al parecer no de buena forma. Incluso, uno de ellos, tenía una bastón, vaya a saber que iba a hacer con eso, y otro tenía sus manos escondidas en su kimono. La imagen de este último ya se le hacía algo asquerosa.
La pelirroja no parecía cazar mucho que es lo que pasaba. O quizá solo estaba disimulando o, incluso, delirando a los hombres. No parecía que fuera ninguna de esas dos, pero nada era estándar con la chica esta.
Un poco más recompuesta, vio al tipo del bastón, no con una muy buena cara.
—No molesten. Estamos tranquilas y ustedes también. No quieres que eso cambie, quiero suponer...
Fue entonces cuando una voz las interrumpió. Esa voz hizo que Jun se sorprenda, pegando un salto y haciendo que vuelva al plano real de las cosas. Se avergonzó por saber que alguien la había visto, incluso tres personas la habían visto. Encima le gritaron payasa, como por si no tenía suficiente.
«La puta madre.» Aunque, al ver bien quienes eran los que le dijeron eso, se le pasó un poco, porque los payasos eran ellos. Tres tipos sucios, extraños e intentando acercarse a ellas. Se sentían lo suficientemente valientes como para ir a encararlas, al parecer no de buena forma. Incluso, uno de ellos, tenía una bastón, vaya a saber que iba a hacer con eso, y otro tenía sus manos escondidas en su kimono. La imagen de este último ya se le hacía algo asquerosa.
La pelirroja no parecía cazar mucho que es lo que pasaba. O quizá solo estaba disimulando o, incluso, delirando a los hombres. No parecía que fuera ninguna de esas dos, pero nada era estándar con la chica esta.
Un poco más recompuesta, vio al tipo del bastón, no con una muy buena cara.
—No molesten. Estamos tranquilas y ustedes también. No quieres que eso cambie, quiero suponer...