30/05/2022, 16:01
La presentación de los chicos hubo de ser tan educada como efímera. Por razones de peso, sendos shinobis no dispusieron de tiempo, pero ya lo tendrían más tarde. Quedaba un largo día por delante.
Tras la despedida, la chica se adentró en lo que parecía la garganta de un dragón. Un pasillo enorme, de temperatura extremadamente alta, e incandescentes llamaradas. Al final del mismo pasillo, cuando se adentró en el estómago del dragón llameante, pudo ver al herrero. Lo saludó nada más verlo, y tras ello se presentó a sí misma en una exhibición de modales y respeto. Además de informar que era también participe en la misión que había solicitado. El hombre cesó en el martilleo del metal, y se secó el sudor de la frente con el antebrazo en lo que buscaba a la kunoichi con la mirada.
—Buenos días. ¿Yamanouchi?. —El hombre quedó meditando por uno o dos segundos, y miró a la pared que tenía una gran cantidad de espadas. —¿Podrías confirmarme si esa espada roja con saya morada es de su familia, joven?.
El hombre continuó martilleando unas cuantas veces más, y luego de ello metería el metal en agua. El resoplido del balde de agua, así como el vapor que éste soltaría, convertiría la sala por un instante en algo parecido a una sauna. El calor realmente era abrumador, algo demasiado intenso como para aguantarlo por demasiado tiempo. El hombre esperaría respuesta junto al agua, tenía curiosidad. Si la chica se fijaba bien, habían metales de todas las familias dedicadas al armamento de Amegakure, y la que el hombre mandó a ver estaba por el centro. Evidentemente, la chica podría averiguar rápidamente que pertenecía a su familia.
Tras la despedida, la chica se adentró en lo que parecía la garganta de un dragón. Un pasillo enorme, de temperatura extremadamente alta, e incandescentes llamaradas. Al final del mismo pasillo, cuando se adentró en el estómago del dragón llameante, pudo ver al herrero. Lo saludó nada más verlo, y tras ello se presentó a sí misma en una exhibición de modales y respeto. Además de informar que era también participe en la misión que había solicitado. El hombre cesó en el martilleo del metal, y se secó el sudor de la frente con el antebrazo en lo que buscaba a la kunoichi con la mirada.
—Buenos días. ¿Yamanouchi?. —El hombre quedó meditando por uno o dos segundos, y miró a la pared que tenía una gran cantidad de espadas. —¿Podrías confirmarme si esa espada roja con saya morada es de su familia, joven?.
El hombre continuó martilleando unas cuantas veces más, y luego de ello metería el metal en agua. El resoplido del balde de agua, así como el vapor que éste soltaría, convertiría la sala por un instante en algo parecido a una sauna. El calor realmente era abrumador, algo demasiado intenso como para aguantarlo por demasiado tiempo. El hombre esperaría respuesta junto al agua, tenía curiosidad. Si la chica se fijaba bien, habían metales de todas las familias dedicadas al armamento de Amegakure, y la que el hombre mandó a ver estaba por el centro. Evidentemente, la chica podría averiguar rápidamente que pertenecía a su familia.