13/11/2022, 18:43
La chica de lentes sentenció que la vida de los marineros era interesante. Aunque no muy lejos de la realidad, muchos shinobis vivían bajo esas mismas circunstancias. Pero bueno, no les faltaba razón, ni a la pequeña ni a la mayor. Poco después del comentario, Moguko terminó recostándose por un momento en el suelo, y hasta se quitó las gafas para descansar un poco la vista. Preguntó entonces si podían permitirse pagar a los de la lluvia, refiriéndose claramente a Ame.
—Si, creo que tenemos suficiente dinero. —Aclaró el marionetista.
Él también imitó a su compañera. Estaba bastante cansado después de todo, y descansar a medias era una pérdida de tiempo, pues pierdes tiempo y no descansas lo suficiente. Incluso llegó a estirarse, en lo que pegaba un bostezo de desmesuradas dimensiones.
—Pues yo esperaré aquí, y avisaré a la gente para que no entre. —Informó la pequeña.
Arata tuvo que reincorporarse un poco para poder verla. —Muy bien, Ohiko. Así nadie más se quedará encerrado. Pero come y esas cosas, no puedes quedarte aquí para siempre o terminarás hecha una caquita.
—¡S-si!
—Si, creo que tenemos suficiente dinero. —Aclaró el marionetista.
Él también imitó a su compañera. Estaba bastante cansado después de todo, y descansar a medias era una pérdida de tiempo, pues pierdes tiempo y no descansas lo suficiente. Incluso llegó a estirarse, en lo que pegaba un bostezo de desmesuradas dimensiones.
—Pues yo esperaré aquí, y avisaré a la gente para que no entre. —Informó la pequeña.
Arata tuvo que reincorporarse un poco para poder verla. —Muy bien, Ohiko. Así nadie más se quedará encerrado. Pero come y esas cosas, no puedes quedarte aquí para siempre o terminarás hecha una caquita.
—¡S-si!