10/02/2026, 23:05
—Pues entonces, Ayame... —respondió, inclinándose hacia ella—. Entonces... ¡luchemos por nuestro mundo! ¡No creo en el destino!
Los ojos de Ayame se ensombrecieron ligeramente. Por su mente pasaban recuerdos fugaces de su último encontronazo directo con Kurama. Su error, la forma en que la inmovilizaron, el terror que hizo vibrar cada fibra de su ser, la impotencia de no poder hacer nada cuando Yui...
Yui...
—Tú no lo sabes, Ayame, y yo no he querido ni mencionártelo... —agregó Daruu, con cierto timbre de duda en su voz. Pero tras un breve instante volvió a mirarla con aquella determinación tan suya y volvió a reclinarse en su asiento—. Ahí fuera, Ayame, estamos haciendo muchos avances. Estamos unidos. Somos fuertes. Cada vez más fuertes. Estamos ganando, cariño.
—¿Qué...?
—Las fuerzas de Kurama están acorraladas en el Norte —le explicó—. Durante los últimos meses, hemos ido recuperando bastiones, uno a uno, y obligándoles a retirarse. Los pocos que lo apoyan, o los agentes que tiene dispersos por Oonindo, están siendo cazados, poco a poco. Lo único que retrasa un asalto frontal a Yukio es el invierno.
Mientras Daruu hablaba, Ayame iba abriendo de par en par los ojos. ¿Era eso posible? ¿De verdad estaban ganando terreno a Kurama y sus Generales? Ni siquiera se dio cuenta de que el camarero les había traído la comida, de tan obnubilada que estaba.
—Cuando llegue la primavera, acabaremos con ese dichoso zorro de una vez por todas. Entrénate. Desperézate y abre de nuevo tus alas. Vuela con nosotros, y ayúdanos a acabar con ellos. Por Amegakure. Por Yui.
«Por Yui...»
Ayame suspiró y tragó saliva con esfuerzo. Bajó la mirada hacia su plato, con un doloroso nudo en la garganta. Quería ser fuerte. Quería levantarse de nuevo, y abrir sus alas a la adversidad. Pero...
—Hace tanto tiempo... que ya no recuerdo ni cómo ser una kunoichi... —confesó—. Me siento tan oxidada que dudo siquiera que pudiera caminar sobre el agua...
»Esa Ayame está muy lejos ahora. Demasiado lejos. Le he perdido la vista...
Los ojos de Ayame se ensombrecieron ligeramente. Por su mente pasaban recuerdos fugaces de su último encontronazo directo con Kurama. Su error, la forma en que la inmovilizaron, el terror que hizo vibrar cada fibra de su ser, la impotencia de no poder hacer nada cuando Yui...
Yui...
—Tú no lo sabes, Ayame, y yo no he querido ni mencionártelo... —agregó Daruu, con cierto timbre de duda en su voz. Pero tras un breve instante volvió a mirarla con aquella determinación tan suya y volvió a reclinarse en su asiento—. Ahí fuera, Ayame, estamos haciendo muchos avances. Estamos unidos. Somos fuertes. Cada vez más fuertes. Estamos ganando, cariño.
—¿Qué...?
—Las fuerzas de Kurama están acorraladas en el Norte —le explicó—. Durante los últimos meses, hemos ido recuperando bastiones, uno a uno, y obligándoles a retirarse. Los pocos que lo apoyan, o los agentes que tiene dispersos por Oonindo, están siendo cazados, poco a poco. Lo único que retrasa un asalto frontal a Yukio es el invierno.
Mientras Daruu hablaba, Ayame iba abriendo de par en par los ojos. ¿Era eso posible? ¿De verdad estaban ganando terreno a Kurama y sus Generales? Ni siquiera se dio cuenta de que el camarero les había traído la comida, de tan obnubilada que estaba.
—Cuando llegue la primavera, acabaremos con ese dichoso zorro de una vez por todas. Entrénate. Desperézate y abre de nuevo tus alas. Vuela con nosotros, y ayúdanos a acabar con ellos. Por Amegakure. Por Yui.
«Por Yui...»
Ayame suspiró y tragó saliva con esfuerzo. Bajó la mirada hacia su plato, con un doloroso nudo en la garganta. Quería ser fuerte. Quería levantarse de nuevo, y abrir sus alas a la adversidad. Pero...
—Hace tanto tiempo... que ya no recuerdo ni cómo ser una kunoichi... —confesó—. Me siento tan oxidada que dudo siquiera que pudiera caminar sobre el agua...
»Esa Ayame está muy lejos ahora. Demasiado lejos. Le he perdido la vista...

![[Imagen: kQqd7V9.png]](https://i.imgur.com/kQqd7V9.png)