11/03/2016, 00:32
¿Por qué demonios tardan tanto?
Con un brazo ya fuera del kimono ceremonial, y dispuesto a defender el honor de su dueña, Anzu esperaba impaciente a que los dos chicos se sentaran a la mesa. El primero en acercarse fue Tatsuya, visiblemente acalorado, y haciendo gala de aquella cortesía tan suya le dedicó unas palabras apuradas.
-Anzu-chan, ten cuidado, se ve dentro de tu manga, no quiero que algún malpensado te diga algo feo o te vea de manera inderocosa
La Yotsuki soltó una carcajada exagerada, que pretendía sonar bravucona y confiada. Retrajo el brazo descubierto, cerró el puño y lo golpeó contra la palma de su mano izquierda.
-Tranquilo, Tatsuya-san, ¡que si alguno de estos paletos se pasa de la raya, le parto los dientes!
Henchida de orgullo y con una clara actitud marcial, Anzu dió un fortísimo puñetazo en la mesa. Bandejas y cuencos se agitaron ligeramente por la fuerza del golpe, y los comensales -incluso a varios pasos de distancia- volvieron la vista hacia ella, curiosos. Anzu devolvió algunas miradas con aquellos ojos tan helados y brillantes al mismo tiempo. Quería dejar claro, no sólo a Tatsuya y a Hei, sino a cualquiera que prestase atención, que ella no era la clase de chica que se andaba con tontadas.
Sin embargo, pronto se olvidó de todo aquello; tanto como Hei tardó en sentarse frente a ella. La Yotsuki extendió el brazo derecho, apoyando el codo sobre la madera, y colocó su mano zurda tras la espalda. Antes de que ninguno de los tres ninjas se diera cuenta, alrededor se había formado un buen grupo de curiosos -la mayoría hombres y jóvenes ya ebrios- que atendían con expectación al encuentro. Incluso se oyó de fondo alguna que otra bravata, destinada a instigar a los participantes del pulso.
Venga, rubiales, muéstrame lo que eres capaz de hacer.
Con un brazo ya fuera del kimono ceremonial, y dispuesto a defender el honor de su dueña, Anzu esperaba impaciente a que los dos chicos se sentaran a la mesa. El primero en acercarse fue Tatsuya, visiblemente acalorado, y haciendo gala de aquella cortesía tan suya le dedicó unas palabras apuradas.
-Anzu-chan, ten cuidado, se ve dentro de tu manga, no quiero que algún malpensado te diga algo feo o te vea de manera inderocosa
La Yotsuki soltó una carcajada exagerada, que pretendía sonar bravucona y confiada. Retrajo el brazo descubierto, cerró el puño y lo golpeó contra la palma de su mano izquierda.
-Tranquilo, Tatsuya-san, ¡que si alguno de estos paletos se pasa de la raya, le parto los dientes!
Henchida de orgullo y con una clara actitud marcial, Anzu dió un fortísimo puñetazo en la mesa. Bandejas y cuencos se agitaron ligeramente por la fuerza del golpe, y los comensales -incluso a varios pasos de distancia- volvieron la vista hacia ella, curiosos. Anzu devolvió algunas miradas con aquellos ojos tan helados y brillantes al mismo tiempo. Quería dejar claro, no sólo a Tatsuya y a Hei, sino a cualquiera que prestase atención, que ella no era la clase de chica que se andaba con tontadas.
Sin embargo, pronto se olvidó de todo aquello; tanto como Hei tardó en sentarse frente a ella. La Yotsuki extendió el brazo derecho, apoyando el codo sobre la madera, y colocó su mano zurda tras la espalda. Antes de que ninguno de los tres ninjas se diera cuenta, alrededor se había formado un buen grupo de curiosos -la mayoría hombres y jóvenes ya ebrios- que atendían con expectación al encuentro. Incluso se oyó de fondo alguna que otra bravata, destinada a instigar a los participantes del pulso.
Venga, rubiales, muéstrame lo que eres capaz de hacer.