18/03/2016, 16:40
(Última modificación: 18/03/2016, 16:40 por Uchiha Akame.)
Lo siguiente fue un espectáculo cómico y desagradable a partes iguales: Datsue echando hasta la primera leche que mamó recién nacido. Anzu esperó a que su compañero terminara de ensuciar la callejuela con sus fluídos estomacales, de brazos cruzados, e intentando no prestar mucha atención al hedor a vómito. Después de un rato, el Uchiha se incorporó.
—Si lo hubiese sabido, no le hubiese dejado así, joder. No sé qué me ha pasado… —Entonces el chico volvió a mirar el cuerpo inerte del drogadicto—. No debería dejarle ahí…
—¡Ah, entonces la próxima vez que me asalte un pirado con mono tendré que arreglármelas yo sola! Me dejas más tranquila, muchísimas gracias, Datsue-san —replicó, mordaz, la Yotsuki; el respeto, e incluso miedo, que había sentido hacia su compañero de Villa se esfumaba rápidamente—. Hay que joderse...
—Venga, tío, tenemos que seguir. ¿Qué demonios te pasa? ¿Quieres llevártelo a casa y hacerle un caldo calentito? Mi padre siempre dice que eso cura todos los males. Aunque, la verdad, no creo que pensara en alguien con la cara hecha mierda.
Queriendo dar por zanjado el desagradable asunto, la Yotsuki se limitó a no volver a mirar al drogadicto inconsciente y encaminarse hacia el final del callejón. Estaban cerca de su destino, y la creencia de que todo aquello fuese una buena idea se estaba diluyendo como una mancha de tinta bajo la lluvia.
—Si lo hubiese sabido, no le hubiese dejado así, joder. No sé qué me ha pasado… —Entonces el chico volvió a mirar el cuerpo inerte del drogadicto—. No debería dejarle ahí…
—¡Ah, entonces la próxima vez que me asalte un pirado con mono tendré que arreglármelas yo sola! Me dejas más tranquila, muchísimas gracias, Datsue-san —replicó, mordaz, la Yotsuki; el respeto, e incluso miedo, que había sentido hacia su compañero de Villa se esfumaba rápidamente—. Hay que joderse...
—Venga, tío, tenemos que seguir. ¿Qué demonios te pasa? ¿Quieres llevártelo a casa y hacerle un caldo calentito? Mi padre siempre dice que eso cura todos los males. Aunque, la verdad, no creo que pensara en alguien con la cara hecha mierda.
Queriendo dar por zanjado el desagradable asunto, la Yotsuki se limitó a no volver a mirar al drogadicto inconsciente y encaminarse hacia el final del callejón. Estaban cerca de su destino, y la creencia de que todo aquello fuese una buena idea se estaba diluyendo como una mancha de tinta bajo la lluvia.