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Estamos en Cargando..., Cargando... del año Cargando....
Situación actual: Tras la reunión mantenida por los Kage en el Valle de los Dojos, se ha firmado una renovada Alianza de las Tres Grandes. Uzushiogakure, Kusagakure y Amegakure unen fuerzas contra la invisible amenaza de los Ocho Generales de Kurama. Así, sus ninjas prometen velar por la paz y colaborar compartiendo cualquier información que obtengan de estos, tanto como garantizar la seguridad de los tres Guardianes jinchuuriki, Uchiha Datsue, Eikyuu Juro y Aotsuki Ayame.

Se está construyendo un complejo circuito de vías de ferrocarril a lo largo y ancho de Oonindo. Se prevee que el servicio de trenes del continente se inaugure a principios de Viento Gris. Al mismo tiempo, en secreto, se está instalando una red de telefonía internacional para altos cargos. Este es un secreto que los shinobi han jurado guardar para sí mismos. El teléfono está disponible de forma local en cada una de las aldeas, y aunque en Amegakure ya existía, en Uzushiogakure y Kusagakure está suponiendo toda una revolución.
(B) De vuelta al mar
#16
Una ceja se alzó en el rostro de Jitsuna cuando Shirosame la mandó parar en el segundo pedido, mas no hizo comentario alguno. Simplemente puso el cronómetro, aguardó un minuto para poner a prueba la memoria del amejin, y le pidió que cantase.


Puntos necesarios para acordarse de 2 pedidos: 40
Puntos conseguidos por Kaido: Inteligencia + 3d10 = 40 + 4 + 8 + 6 = 58


Y Kaido cantó. Sin ningún tipo de duda o temor. Sin vacilar. Quizá no se marcase un tiempo récord como Kila, pero al menos no estaba fallando. Ahora, solo quedaban otros cinco para terminar. Como antes, Jitsuna empezó a hacer distintos pedidos…
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#17
Claro que cantó, sí señor. Cantó como Lady Miyari Yishana —la famosa cantante de baladas orientales tradicionales— en uno de sus conciertos, o como un mulo chivato de la guardia de Shinogi-To. Aquellos dos pedidos le supusieron ser mucho más sencillos que los primeros y apenas tuvo la oportunidad, lo soltó tan rápido como le fue posible, a fin de remontar aquel minuto perdido.

Ahora sólo quedaban cinco. Cinco que o bien podría matar de un sólo tiro, o ...

—Para —dijo, al tercer pedido. Tres. No podía ser tan difícil otra vez, ¿no?

— Kincho:
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#18
Y tras la seguridad y el aplomo con el que acababa de cantar, Kaido no tuvo temor alguno en volver a oír tres pedidos completos. Estaba en la cresta de la ola, y lejos de morir, era como un tsunami que se iba haciendo más y más grande.


Puntos necesarios para acordarse de 3 pedidos: 50
Puntos conseguidos por Kaido: Inteligencia + 3d10 = 40 + 9 + 6 + 10 + 8 (tirada extra) = 73


Le estaba pillando el tranquillo a aquello. Vaya que si lo estaba pillando. De hecho, lo estaba haciendo tan bien que cuando terminó, creyó que podría haber hecho una tacada de cuatro pedidos. O incluso de cinco.

Pero lo hecho, hecho estaba. Tras marcar los pedidos como buenos, la mujer le recitó los dos últimos. Algo fácil para el ameijin…


Puntos necesarios para acordarse de 2 pedidos: 40
Puntos conseguidos por Kaido: Inteligencia + 3d10 = 40 + 10 + 3 + 10 + 2 (tirada extra) = 65


… y que recitó sin despeinarse.

¡Kano, tu turno! —exclamó Jitsuna, quien pareció terminar con su particular prueba.

El sonido atronador de Shenfu Kano no se hizo esperar.

¡Bam, bam, bam! —gritaba, sacudiendo el puño en alto, mientras salía de la cocina y metía prisa al resto—. ¡Mi prueba: cócteles! —anunció, a voces también, como si no supiese hablar sin gritar—. ¡De la cocina me encargo yo, pero el camarero ha de ocuparse de las bebidas rejuvenecedoras! ¡Aquí tenéis todo lo que necesitáis! —dijo, señalando tras la barra toda una colección de distintas botellas. Ron, vodka, ginebra, whisky… También les señaló una neverita, donde había fresas, limones y demás variedad de fruta. Todos los ingredientes y herramientas necesarias para hacer un cóctel como los Dioses mandaban—. ¿A qué estáis esperando? —preguntó—. ¡Vamos a ver esas manos trabajar! ¡Bam, bam, bam!

Como si se hubiese producido el pistoleza de salida, la decena de personas que quedaban corrieron a por las botellas, las copas y las rodajas de limón o naranja para hacer el cóctel de sus vidas. Mientras tanto, Kano se colocó al otro lado de la barra, para dejarles trabajar libremente, apoyándose en ella con sus antebrazos. Sus ojos pasaron de Kaido a Kila, y de ésta al amejin nuevamente. Luego, esbozó una mueca, como si de pronto tuviese jaqueca.
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#19
Bueno, Jitsuna tendría que admitir que Shirosame puntuó fortísimo en el último tramo de la prueba. Por poco y no iguala a Kila, lo que por sí sólo ya era suficiente mérito. Pero, lejos de terminar, aquello apenas había comenzado.

Jitsuna pasó la batuta a su señor, Kano, y éste volvió a inquerir a los participantes con su típico gesto. Bam bam, bam apurando al ganado y convirtiendo de aquella entrevista de trabajo en algo muy parecido a un campamento militar. Por suerte, Kaido estaba bastante acostumbrado a trabajar bajo presión, y esperaba poder salir airoso de lo que estaba por venir.

Que, no podía ser otra cosa sino cócteles.

Entonces pensó, como un no muy asiduo bebedor; ¿qué mierda iba él a preparar? ¿qué sabores irían bien con cuál tipo de alcohol?

Entonces pensó en el Terciopelo de Tormenta. Terciopelo de Tormenta era un cóctel típico de Arashi no Kuni hecho a base de cerveza. Que, combinado junto al champagne más espumoso de Amegakure, se convertía en un delicioso y traicionero trago que pasaba bien desapercibido al paladar. Tan sólo tendría que encontrar los ingredientes correctos, y...

«Bien, aquí está lo que necesito. Entonces, sesenta porciento de cerveza artesanal» —se dijo, mientras vertía el licor elegido en un enorme jarrón rústico de vidrio—. «treinta de champagne y diez de jugo de limón. Al tope. Y si mal no recuerdo, éste tío de los Kunais cruzados le ponía tres hojas de menta. Y mezclaba»

El escualo mezcló con una cucharilla, sin hacer de la cerveza un mejunje. Se le quedó viendo un ratillo al jarrón y luego llamó a Kano para ser evaluado. Y también para evaluar él a Kano, y ver si estaba al tanto ya de quién cojones era él.

—Le presento un vaso de Terciopelo de Tormenta. Una combinación de cerveza y champagne, cuyo nombre está inspirado en el clima de mi país —en el vaso existía un claro contraste entre ambos licores, y es que el fondo de la jarra tenía un color oro claro mientras que en el tope, se había convertido en un negro oscuro—.pruébelo, no vaya a ser que algún listillo se lo afane.

Afanar era un adjetivo muy poco común, que servía como sinónimo de robar. Esperaba que Shenfu Kano fuera lo suficientemente culto como para conocer aquella palabra, que el escualo no conocía por ser el tipo más estudioso de todos, sino que se la había escuchado a un tipo durante su paso por el País del Viento.

— Kincho:
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#20
Dígase una cosa de Shenfu Kano: era un bebedor nato. En vez de limitarse a humedecer los labios y saborear los cócteles sin apenas consumir un par de gotas, empinaba el codo hasta vaciar cada copa en su bandullo. Para él, no había medias tintas. Ni cautela. Las cosas o las hacía bien o no le merecía la pena hacerlas.

Cuando llegó el turno de Kila —quien había preparado un cóctel de lo más exótico y bonito a la vista—, sus cumplidos fueron atronadores. La felicitó con entusiasmo, dando fuertes palmadas en la barra, y asegurando que jamás había probado cosa igual.

Entonces, llegó el turno de Kaido. Al oír que el preparado era de su país, y que tuviese cuidado no se lo fuesen a afanar, Kano alzó una ceja con suma curiosidad. Luego, asintió, mientras la papada le bailaba de un lado a otro, y le guiñó un ojo. Cabe decir que de forma no muy disimulada.

Se llevó su copa a los labios y…

… tuvo que parar a medio trago. Los ojos, desorbitados. Las mejillas, coloradas e hinchadas. Tragó con dificultad, y entonces….

… se bebió el resto del contenido con furia. Casi podía decirse que se estaba obligando a hacerlo.

Esto es… Esto es… —sus ojos, muy abiertos, casi horrorizados, se mantenían fijos en la copa—. ¡Esto es lo mejor que he probado en mi vida! ¡Y he probado de todo! ¡Así me gusta, joder, así me gusta! —le dio tales palmadas en el hombro que Kaido a punto estuvo de caerse—. ¡Bam, bam, bam! —gritó, mientras sacudía el puño en el aire—. ¡Tiempo para elegir el ganador!


• • •


Tanto Shenfu Kano como su mujer se habían retirado a la cocina para discutir quién se llevaría el puesto provisional de camarero. Mientras tanto, los aspirantes se quedaron en el comedor.

Pff… —resopló uno, con una cicatriz en la ceja y de dientes sobresalidos—. Y yo que pensé que esto servía de algo. —El resto de jóvenes le miraron, curiosos y confusos a partes iguales—. ¿Es que soy el único en verlo? Esto está amañado, joder. Vi como Kano le guiñaba un ojo al azulado este —señaló a Kaido con un gesto de mano—. Ten huevos y admítelo.

De pronto, todas y cada una de las miradas se clavaron en Kaido. Se hizo un silencio tenso.
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#21
Si hubiese podido hacerlo, Kaido hubiera reído tanto que probablemente se hubiese meado encima. Porque muy mal tenía que haberle quedado el trago como para Shenfu Kano se viera en la absurda obligación de fingir tan abiertamente como lo había hecho mientras ingería su delicioso cóctel, a fin de no restarle mérito a él, que tenía que ganar por obligación. Por llevar aquella bandana negra en su muñeca, y por ser el ninja que tendría que encontrar a los ladrones de Baratie.

Kaido sonrió visiblemente orgulloso de su asquerosa bebida, y complacido; recibió las palmadas de Kano como una merecida felicitación. Luego, les vio irse hasta la cocina, donde elegirían al ganador.

Él quedó ahí, sonriente, a la espera del ya sabido veredicto.

. . .

Pero, como era de esperarse, alguien iba a increparle. Y es que no se tenía que ser demasiado listo para no percatarse de algunas cosas. Como de aquel guiño, por ejemplo. Y así lo expresó abiertamente, obligando a todos los presentes a dirigir su mirada y sus dubitativas acerca de la veracidad de las pruebas por sobre la figura de Kaido, el tiburón azul.

Pero el gyojin no se iba a amedrantar. En cambio, les vio uno a uno, y concluyó con su mirada asesina por sobre el tipo de los dientes torcidos y la cicatriz en la ceja. Entonces, navegó las arcas de la habitación y cruzó la distancia que le separaba de aquel pardillo con la lentitud de un cazador nato. Con la tranquilidad de quien se sentía en lo más alto de la cadena alimenticia. Y sólo cuando estuviera lo suficientemente cerca como para que pudiera ver, incluso, las rendijas de sus branquias, éste habló.

—Discúlpame, muchacho, pero es que desde allá, estando tan lejos, no he podido escuchar bien lo que me has dicho —dijo, plantándose como una roca. Con las manos acariciándose mutuamente y con los nudillos fuertemente apretados—. pero ahora que estoy más cerca, sí; podré oírte mejor. Por favor, repite. Quiero que me lo digas nuevamente... cara a cara.

«Y ahí veremos quién tiene los cojones, realmente»

— Kincho:
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#22
Kaido vio la duda en torno a sus ojos. Vio como cambiaba el peso del cuerpo de una pierna a otra. Vio su conflicto interno, sus dudas claramente reflejadas en su rostro. El joven de la cicatriz se acababa de dar cuenta que se había metido con el tipo equivocado. No obstante, y ahora que había captado la atención de todos, amedrentarse no era una opción. No para alguien como él.

Te he preguntado si le has chupado la polla a Kano, azulado. —Uno de los chicos no pudo evitar una carcajada, y varias risillas se unieron a él. Kila, en cambio, se mantenía en silencio y con el ceño fruncido—. Porque no veo otra explicación para tanto halago con la mierda de copa que preparaste —a medida que hablaba, se iban envalentonando más y más. Apretó los puños—. ¡Si estaba todo amañado al menos ahorradnos el paripé!
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#23
Kaido rió, y vistió su rostro de aquella apabullante fila de navajas.

Pero no era una sonrisa grácil, sino alebrantada. Instintiva y furiosa. Una vena surcó su frente, enardecida, y por un momento sintió que se iba a romper sus propios dedos si seguía apretando, tan fuerte.

¿Y tú probaste la copa? —indagó—. ¿cómo cojones puedes saber si el trago era una mierda, o no? ¿eres el gurú de los coctéles, ah, hijo de la gran puta?

Alzó su brazo derecho, y le señaló con el puño hinchado.

—Mira, ¿sabes qué creo? creo que eres de los que intenta cada temporada entrar en Baratie, pero eres tan inútil que no pasas ninguna prueba de selección. Un mierdas que a falta de talento, no le queda de otra que acusar nada más y nada menos que al dueño del jodido restaurante donde quieres currar, de que amaña las entrevistas. Así que vale, eres de los que les gusta expresar sus opiniones. Vamos —le tomó de la camisa con ambas manos y le empujó, arrastrándolo hasta los linderos de la entrada a la cocina—. díselo a él, a Shenfu Kano. Dile que es un tramposo, venga, a ver qué coño te dice. A ver cuándo cojones vuelves a tener otra chance de encontrar trabajo aquí, o en algún otro restaurante, si acaso.

No, insultar al nombre de un importante restaurante como aquel no había sido su mejor idea. Aunque tenía un punto, nadie le iba a creer. ¿Que creía el tipo que iba a pasar si Kano regaba su nombre como el de un soplón, embustero y, además, celoso? que nadie, absolutamente nadie, iba a querer contratarle.

Esperó que aquello hiciera mella, pues de lo contrario, no le iba a quedar de otra que meterle una hostia.

— Kincho:
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#24
Furioso, enrabietado, indignado. Todo aquello se le notaba al joven de la cicatriz en el ojo, con simplemente mirarle a la cara, o a su expresión corporal. Y, sin embargo, apretaba los dientes y callaba. Callaba ante el puño en alto de Kaido, que amenazaba con caer en picado contra su cara como un mazo lo haría contra el yunque.

Se oyó la puerta de la cocina abrirse.

¿Qué ocurre aquí? —Era Jitsuna. Con ojos severos, pasó la mirada del joven a Kaido.

Ah, ¡la competencia! —exclamó Kano, haciendo acto de aparición—. ¡Eso es lo que busco en los míos! ¡Así me gusta! —alzó el puño y lo sacudió tres veces—. ¡Bam, bam, bam!

Jitsuna desvió la mirada hacia su marido y suspiró. Luego, pasó lo que todo el mundo, a aquellas alturas, creía que iba a pasar. Lo que ya estaba decidido de antemano. Lo que el joven con cicatriz había augurado: Kaido fue el elegido. Todos y cada uno de los presentes desviaron la mirada hacia el amejin. Algunos con rencor. Otros con odio. Unos pocos, con simple envidia.

Pero entonces llegó la sorpresa. El giro que nadie preveía.

Y Kila, nos alegra anunciar que no te vamos a coger como camarera provisional, sino como fija. Nos has encantado a los dos. Enhorabuena.

Kila soltó un chillido de pura emoción, mientras daba saltitos en el sitio sin poder contenerse. Shenfu Kano rio, y sacudió el puño en el aire tres veces.

¡Bam, bam, bam!

¡Bam, bam, bam! —exclamó Kila, imitándole, mientras reía de pura felicidad.

Pero no había victoria sin derrota. Ganadores sin vencidos. Gloria sin fracaso. La cara opuesta de la moneda, la representaban el resto de aspirantes, quienes fueron saliendo del barco hundidos y cabizbajos. Todos salvo el chico de la cicatriz, que lanzó una mirada de odio profundo a Kaido antes de irse.

Bien, mañana por la mañana empezamos. Hay que estar aquí a las seis de la madrugada, para tenerlo todo en orden. Van a ser dos días muy intensos —les advirtió a cada uno—. Si queréis, para ahorraros el viaje, podéis dormir aquí. Tenemos varios camarotes libres.

Por mí genial —confesó Kila, quien todavía tenía una sonrisa imborrable dibujada en su rostro.
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#25
Entonces, cuando su técnica de amedramtamiento estaba en su punto más álgido, Kano y Jitsuna le interrumpieron. A él, y a todos. Kaido bajó su puño progresivamente, mientras sonreía plácidamente. Bam bam, bam; desde luego que era la competencia.

El escualo volvió a su lugar tratando de calmar las ansias, con la mirada fija en el de la cicatriz mientras sucedía lo ya sabido por todos. Él fue elegido como el ganador, aunque después se anunció una excepción a la que temía desde un principio. Que no fuera el único ganador.

Bien, mañana por la mañana empezamos. Hay que estar aquí a las seis de la madrugada, para tenerlo todo en orden. Van a ser dos días muy intensos.. Si queréis, para ahorraros el viaje, podéis dormir aquí. Tenemos varios camarotes libres.

Por mí genial

—Por mí también —respondió, inverosímil. Lo cierto es que no quería mostrar su desagrado para con la incorporación de Kila.

Pero sólo podía significar una cosa: que Kano no estaba seguro de quién de ellos era realmente el shinobi.

— Kincho:
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#26
Estupendo —dijo Jitsuna—. Acompañadme, pues.

Shenfu Kano carraspeó sonoramente.

¡Ya acompaño luego yo al grumete, Jitsuna! —exclamó, sonriente, pasando un brazo por los hombros de Kaido y atrayéndole hacia él—. ¡Antes tengo que darle unos consejos… de hombre a hombre!

Jitsuna elevó una ceja, mientras fruncía los labios. Luego, hizo un ademán con la mano, dándose la vuelta.

¿De hombre a hombre? Prefiero ni saber qué es… —murmuró, haciendo una indicación a Kila para que la acompañase. Se acercaron hasta una puerta que había en el lateral del comedor y desaparecieron tras ella.

Solos, sin oídos indiscretos ni miradas acechantes, Shenfu Kano se desplomó sobre una silla. Parecía agotado.

¡Por Susano’o, me estáis volviendo loco!
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#27
Estupendo —dijo Jitsuna—. Acompañadme, pues.

El gyojin dio aquel primer paso para seguirlas. No obstante, fue detenido por el agarre de Kano, quien le abrazó con la camaradería de un principiante. Consejos, dijo tener que darle. Kaido le miró por encima del pescuezo y suspiró profundamente.

Luego, asintió y no dejó de verle el culo a Kila hasta que ésta cruzara el umbral.

¡Por Susano’o, me estáis volviendo loco!

—¿Yo? —dijo, volteándose en súbito. Luego haló la pulsera negra—. ¿O Kila y su muy casual brazalete?

Dio tres pasos y cogió una silla para tomar asiento, también.

—Vamos Kano, no es tan difícil verlo. ¿O recibe tipos azules con dientes de sierra en su barco todos los días en busca de curro?

— Kincho:
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#28
Shenfu Kano rio atronadoramente. No había cosa que no hiciese de forma exageradamente ruidosa.

¡Y yo que pensé que estaba contigo! —estampó la mano contra la mesa, de suerte que no se partió por la mitad—. ¡Joder, de puta madre! ¡Nos vendrá bien para el restaurante! —se levantó—. ¡Ven!

Se acercó hasta la barra, y extrajo una botella de ron y dos vasos. Llenó ambos por encima de la mitad, y le ofreció uno a Kaido. Luego, entrechocó los vasos con él y le dio un buen trago. Ya no sabía ni cuántos llevaba, pero el alcohol no parecía hacer mella en él. Y eso, que aquel vaso estaba cargado. No lo había mezclado con ningún tipo de bebida para rebajarlo.

Seré franco contigo, Shirosame —pese a que ahora no gritaba, su voz seguía sonando mucho más alta de lo que una conversación normal requería—. Tanto mi esposa como mi sobrina odian a los shinobis —se inclinó hacia él, y trató de bajar la voz. Fracasó—. Si se enterasen de que he contratado a uno, ¡me cortarían los huevos! ¡Has de llevar esto con la máxima discreción, Shirosame! ¡La máxima discreción!

El aliento a alcohol inundó el olfato del amejin. Ahora que estaban tan cerca, y sin distracciones, Kaido pudo fijarse en algo más. Shenfu Kano sufría de psoriasis. Tanto en los codos, como los antebrazos, como tras las orejas tenía unas manchas rojas muy características de aquella enfermedad.
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#29
Shenfu Kano gritó, y gritó. El gyojin sintió los tímpanos adoloridos, pero no tuvo más remedio que oír sin ningún tipo de reparo mientras chocaba su trago con el de él. Era evidente que, a través del alcohol, era la mejor manera de congeniar con su contratista. Parecía ser más que un simple bebedor nato.

Verás, seré franco contigo, Shirosame —exclamó, mientras Kaido jugaba con su vaso de alcohol —. Tanto mi esposa como mi sobrina odian a los shinobis —se esforzó por no apabullarse ante el ardor del licor bajar por su garganta, y se mantuvo en silencio mientras Kano le revelaba uno de los tantos inconvenientes que podría tener durante aquella misión—. Si se enterasen de que he contratado a uno, ¡me cortarían los huevos! ¡Has de llevar esto con la máxima discreción, Shirosame! ¡La máxima discreción!

—Me llamo Kaido. Y no te preocupes, guardaré las apariencias siempre que sea necesario. Su mujer y su sobrina, sea quién sea, no van a enterarse de que soy un shinobi, así que sus huevos están a salvo —echó un par de ojos a su alrededor, cerciorándose de que ninguna de las dos mujeres fuera a volver—. ahora, necesito que me pongas bien al día sobre qué coño es lo que sucede. Entenderás que con la información que se me facilita en el pergamino de la misión me es imposible saber poco más de lo necesario, así que dame los detalles. ¿Por qué has arriesgado tus pelotas por un shinobi? ¿qué te han robado?

Entre tanto, el escualo no pudo evitar percatarse de aquel hombre estaba marcado por las viscicitudes de una falencia de piel. No conocía su nombre, pero creía haberlo visto en etapas mucho más avanzadas. Desde luego, aquellas manchas no iban a pasarle desapercibidas a él.

Pero no haría comentario alguno, ni perdería el tiempo fijándose en ellas. Tan sólo lo tendría en cuenta como un detalle que, quizás, podría ser importante más adelante.

— Kincho:
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#30
¡Me han robado el pan de mi familia! ¡Eso es lo que me han robado! —rugió, mientras estampaba la mano una y otra vez sobre la barra, rojo de ira—. ¡Van ya dos veces! —se acercó a la caja, abriéndola y dejando ver distintos billetes y monedas—. ¡Me la vaciaron toda! ¡Y ahora que llegan las fiestas, esto va a estar a rebosar!

La cerró de un golpetazo, y rellenó tanto su copa como la de Kaido, pese a que la de él apenas había bajado. Dio un gran sorbo.

Pero eso no es lo que más me preocupa. —Sus ojos fueron hasta la puerta y las escaleras para asegurarse de que no había nadie. Entonces sí, por primera vez, medio consiguió bajar la voz—. Hace una semana, mientras hacía yo guardia para intentar pillar al cabrón, lo vi. La vi —se corrigió—. Iba toda de negro, con la cabeza cubierta, pero se notaba que era una chica. Iba por el pasillo —dijo, e hizo un gesto señalando la puerta por la que habían desaparecido su esposa y Kila—, e intentó forcejear la cerradura del camarote de mi sobrina. ¡Mi sobrina, Kaido! ¡Muy pocas personas lo saben, pero es allí donde guardo mi caja fuerte! ¡Casi la atrapo, pero me vio venir y se escapó por los pelos! ¡Era rápida, la condenada! ¡Como una jodida anguila!
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