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Estamos en Ceniza, Verano del año 218.
Últimos rumores: ¡Comienza el Examen de Chūnin! Uzushiogakure se viste con sus mejores galas para recibir a los invitados, y todos los participantes preparan los últimos detalles para enfrentarse a unas de las pruebas más duras durante sus carreras como shinobi.

Recomendamos estar atentos al tema del examen para no perder ningún detalle.

¡Segunda prueba en marcha!
De tal palo, tal astilla
#1
El sol amenazaba desde lo mas alto del cielo. Bajo su mandato, no había nadie que osara interponerse, ni tan siquiera las intrépidas nubes. El astro rey asfixiaba todo su reino con un calor que casi hacía parecer el desierto como una broma. Las calles, hechas de piedra, no hacían mas que resaltar el inmenso calor. Andar por las calles de Uzushiogakure era casi como andar por medio de una riada de lava.

Etsu, que era de éste tipo de personas que aunque hiciesen casi 40 grados, no dejaba atrás las costumbres; ataviaba de igual manera su querida chaqueta negra con cuello y mangas de algún tipo de pelaje que simulaba al animal. Obviamente, iba sudando a goterones, la vida le iba en ello.

Ababaur... —le advirtió su can.

Etsu lo miró, y sonrió —no, para nada, tampoco hace tanto calor.

Y un huevo peludo de chino-vietnamita con infección de páncreas. Que no decía el Inuzuka. Las plantas se retorcían, marchitando. Las aves caían ya fritas, perfectas para comer. El agua se evaporaba. Las pinzas de la ropa se erosionaban. SE EROSIONABAN DEL PUTO CALOR. Pero no, el Inuzuka decía que no hacía calor.

La mirada de Akane sobre Etsu lo decía todo. Las palabras sobraban, de haberlas, seguro que habrían sido algo así como "¿abarrbabaur?" o lo que viene siendo lo mismo, "¿eres tonto o tienes mierda de gato en los bolsillos?".

Oye, ¿y si te pelamos? así estarías mas fresquito... ¿te hace?

¿abarrbabaur? —al final se lo tuvo que preguntar.

Jajajaja... va, va.

Continuaban andando por las calles de la aldea, aprovechando la estancia consumiendo su curiosidad. En cierto momento, llegaron a una calle dominada por edificios realmente altos, todos de la misma índole, típica de la ciudad. Casi podía pensar que ya había estado por ahí, le sonaba bastante... pero es que si miraba hacia detrás, las edificaciones y calles eran exactamente igual.

Vaya tela, tío... éstos de Uzu no tienen ni idea de arquitectura, es un puto laberinto todo.

Los ojos se le iluminaron al ver que al final de la calle, había un parque. Al fin algo de verde, dejando atrás tanto árbol rojo y tanta calle de paredes rocosas. Sin demora, el chico y su can consumieron la distancia hacia el pequeño parque, donde buscarían algún banco libre.

Lo único malo, que los malditos cerezos habían infestado el parque también.
~ No muerdas lo que no piensas comerte ~
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#2
Aquel día se había convertido, literalmente, en un infierno. Desde la primera hora de la mañana, el astro rey iluminaba toda Uzushiogakure desde lo alto de su trono, irradiando toda la fuerza del verano contra una aldea que trataba de sobrevivir a la súbita ola de calor que les había sorprendido. Las piedras que conformaban las calles de la villa eran las primeras en calentarse y, como si de un horno se tratara, irradiaban ese calor hacia el aire, volviendo la atmósfera mucho más densa y asfixiante de lo que ya era. Ni siquiera los pájaros cantaban aquel día; más bien al contrario, eran las estridentes chicharras las que los sustituían, estridulando de aquella manera tan característica desde los troncos de los árboles.

A aquella altura, Ayame ni siquiera sabía por qué había salido de su complejo residencial aquel día tan caluroso. En un principio había tenido en mente ponerse a entrenar, pero pronto se tuvo que redimir a la obviedad de que, bajo aquel calor, le era completamente imposible. Por eso se había refugiado en un bosque cercano, buscando algo de sombra que la aliviara. Y, efectivamente, sombras había por doquier, pero seguía haciendo el mismo calor.

—Esto es el fin... —susurró, con los ojos entrecerrados bajo aquella opresiva sensación de angustia.

Tirada sin más sobre la hierba, al amparo de uno de los árboles más frondosos, Ayame dejó escapar un largo y tendido suspiro. Sudaba como una condenada, y por mucho que se limpiara no servía absolutamente de nada. Era lo que tenían las ciudades costeras, la humedad del aire se te pegaba al cuerpo con el calor sin importar lo que hicieras. Y ni siquiera se había dado cuenta de ello, pero finos hilos de vapor escapaban de su cuerpo ascendiendo al cielo, buscando su lugar de origen.
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#3
El desolador paraje bajo el astro rey no cambiaba demasiado a la sombra de los cerezos. Todo estaba desierto, como en una ciudad fantasma, la cuál por las noches volvía a la vida. Era obvio, todos esperaban a que el sol se pusiese para dar un paseo, antes era cosa de... locos.

Y tan locos.

El Inuzuka y el can continuaron el caluroso paseo. Sus audaces ojos buscaban un ápice de sombra, pero no una sombra cualquiera. El rastas requería de un lugar con sombra, pero con cualidades para poder continuar el entrenamiento. No, no señor, el chico no podía cesar su riguroso entrenamiento ni bajo ese asfixiante calor. Tomó aire, y se apartó el sudor de la frente conforme suspiraba. Desde luego que hacía calor, una barbaridad. Pero no, no iba a quitarse la chaqueta, ni por asomo.

«¡Ostras!»

A un lado del parque, en pleno césped, llamó su atención una figura femenina que al quejido de "esto es el fin" se hallaba tirada sobre la hierba, como si se tratase de un mobiliario mas del mismo parque. Con paso calmado, pero algo aligerado, ambos se acercaron hasta estar a escasos dos o tres metros de la chica. Fue entonces que Etsu adelantó un poco la mano, levemente agazapado.

Oye... ¿te encuentras bien? —preguntó curioso, o preocupado. Quizás ambas.

En realidad, tan solo le faltó un palo suficientemente puntiagudo para poder pinchar mientras preguntaba. ¿Estaría muriendo?
~ No muerdas lo que no piensas comerte ~
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#4
De repente escuchó una voz junto a ella.

—Oye... ¿te encuentras bien?

—¿D... Daruu-kun...?

Profundamente mareada, Ayame se llevó una mano a la frente en un vano intento de crear una visera sobre sus ojos para poder ver. Pero no era Daruu la persona que se inclinaba sobre ella. De hecho, pese a que el tono de su voz se le había antojado familiar, ni siquiera le conocía. Era un chico de más o menos su misma edad, de ojos de un vivo color verde esmeralda y con dos tatuajes en forma de colmillo rojo surcando sus mejillas. Llevaba el cabello largo, recogido en innumerables rastras que se reunían en una coleta baja. Sin embargo, lo más destacable era que, pese al calor infernal, vestía con una chaqueta oscura de cuero con forro de pelo. Debía de estar cociéndose ahí dentro, literalmente.

—Y... ¿Y tú...? —fueron las dos únicas palabras que salieron de sus labios.
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#5
La chica, que quizás veía menos que un gato de escayola, titubeó conforme reaccionaba a la pregunta del Inuzuka. En realidad, preguntaba por alguien, por... ¿Daruu? El Inuzuka arqueó una ceja, e incluso miró a su can por si éste había entendido la pregunta. Evidentemente, no. Ninguno de ellos eran ese tal Daruu, al menos que ellos supiesen. Al volver su mirada a la chica, ésta volvió a hablar, para preguntar quién era.

Y-yo... soy Inuzuka Etsu, y éste es Akane —¿cómo presentarse él y no a su hermano? —¿te encuentras bien? parecía que te hubiese dado un golpe de calor.

Sacudió un poco la chaqueta, como quien no quiere la cosa. Vamos, que se andaba asando vivo. Terminó incluso por pasarse el antebrazo por la frente, frenando la cascada de sudor de la misma. Un Andaluz habría dicho que si pones un huevo en la calzada, tendrías un huevo frito en medio minuto, y no era por cosa de exagerar.

Éste calor es mortal... —dijo el que andaba con una chaqueta en pleno verano.

Ante todo, una gratificante sonrisa entre dientes.
~ No muerdas lo que no piensas comerte ~
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#6
—Y-yo... soy Inuzuka Etsu, y éste es Akane —respondió presentándose, aunque lo que de verdad le había preguntado Ayame era si él estaba bien debajo de aquella chaqueta. Aún así, la muchacha ladeó la cabeza cuando el chico hizo mención a una segunda persona de cuya presencia no había reparado. Sólo que no era una persona, sino un perro husky de tamaño colosal que le acompañaba. Etsu era el segundo ninja que conocía y que tenía un perro—. ¿Te encuentras bien? Parecía que te hubiese dado un golpe de calor.

—Un... poco... —deliró, y reunió las escasas fuerzas que le quedaban para reincorporarse débilmente hasta quedar apoyada sobre sus antebrazos.

Le miró incrédula mientras se sacudía la chaqueta. No era posible que no estuviera pasando calor debajo de aquello, y así lo demostró cuando se pasó el antebrazo por la frente para secarse el sudor de la frente.

—Éste calor es mortal... —dijo, con una sonrisa entre dientes.

—¿Y por qué no te quitas... esa chaqueta? —le preguntó, antes de que el mundo a su alrededor diera un vuelco y se viera obligada a tirarse sobre el césped de nuevo—. Aaaaaaguaaaaa...
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