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Estamos en Cargando..., Cargando... del año Cargando....
Situación actual: Tras la reunión mantenida por los Kage en el Valle de los Dojos, se ha firmado una renovada Alianza de las Tres Grandes. Uzushiogakure, Kusagakure y Amegakure unen fuerzas contra la invisible amenaza de los Ocho Generales de Kurama. Así, sus ninjas prometen velar por la paz y colaborar compartiendo cualquier información que obtengan de estos, tanto como garantizar la seguridad de los tres Guardianes jinchuuriki, Uchiha Datsue, Eikyuu Juro y Aotsuki Ayame.

Se está construyendo un complejo circuito de vías de ferrocarril a lo largo y ancho de Oonindo. Se prevee que el servicio de trenes del continente se inaugure a principios de Viento Gris. Al mismo tiempo, en secreto, se está instalando una red de telefonía internacional para altos cargos. Este es un secreto que los shinobi han jurado guardar para sí mismos. El teléfono está disponible de forma local en cada una de las aldeas, y aunque en Amegakure ya existía, en Uzushiogakure y Kusagakure está suponiendo toda una revolución.
El sendero de los perdidos
#1
"¡Perdido estoy yo con tantos bambúes iguales!" Refunfuñaba para sus adentros mientras por fuera inflaba los cachetes.

Continuando con su travesía a través del País del Bosque, sus pasos le llevaron hasta el paraje del bambú, aunque luego de releer el mapa que tenía en manos, se dio cuenta de que quizás leyó mal las indicaciones. "Al menos acá no hace tanto calor." Estaba mucho más fresco que en los bosques húmedos, pero aún así seguía negándose a utilizar prendas oscuras. "Qué maldita rabia." Llevaba dos cargas al hombro. Una, era su mochila con sus ropas habituales de shinobi, sus utensilios y su bandana guardados. La otra, una guitarra en funda. ¿Por qué mierdas se la había traído? En realidad, tenía planes de darse un pequeño paseo por Tanzaku Gai cuando llegase el otoño, tal y cómo le indicó Ayame. Le rondaba la cabeza, el tener una composición llegada la fecha. Mientras, quizás podía dar a conocer un poco de su cantar en los caminos.

Cómo ya se ha descrito en otra historia, vestía con un kasa cubriéndole la cabeza y una yukata con la parte baja doblada al estilo de los predecesores de la yakuza de antaño. Aquello generaba miradas furtivas, pero a él eso era lo que le gustaba. Buscaba entonces, uno de los tantos pueblitos que se decía se escondían en aquel bosque.

Tardaría un rato en encontrar nuevamente el sendero marcado, con un letrero que rezaba: "➳ Murasame a dos kilómetros ➳". Decidió, entonces, seguir el sendero.

No tardaría demasiado en frenar su marcha, sorprendido ante el silencio que existía en aquel sitio. Se debía más que nada, a que la fauna que podía encontrarse en aquel sitio era muy distinta y por ende era difícil escuchar cánticos de aves que en otros sitios eran más frecuente. Una estampa muy buena para una foto, pero lastimosamente no portaba una cámara. Existían también, figuras religiosas talladas en piedras que representaban a monjes rezando, distribuidas a lo largo de la senda en secciones intermitentes. Bendecían pues, a aquellos que se dirigían a Murasame.

En algún momento, se sentó para beber agua de su cantimplora, dejando su mochila a un lado mientras buscaba algo de inspiración para una melodía. Algo, algo que no necesitase ser explicado para entenderse.

Desenfundó el instrumento y rasgó una por una las cuerdas cerciorándose de que estuvieran afinadas, antes de que soplar del viento le sirviese de compás para empezar a tocar suavemente mientras cantaba sin prestar realmente atención a nadie qué pasase por el lugar.

There's a lady who's sure
All that glitters is gold
And she's buying a stairway to heaven
When she gets there she knows
If the stores are all closed
With a word she can get what she came for
Oh oh oh oh and she's buying a stairway to heaven
There's a sign on the wall
But she wants to be sure
'Cause you know sometimes words have two meanings
In a tree by the brook
There's a songbird who sings
Sometimes all of our thoughts are misgiving...
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#2
Bonita tonada, ¿la compusiste tú?

La pregunta tal vez sobresaltaría al músico, si es que realmente estaba inmerso en su arte. Provenía de una garganta maltratada por el alcohol y el tabaco y era, en consecuencia, debidamente ronca aunque no tan grave como la de un adulto. Su dueño hablaba con un tono bastante pausado y lineal, como si tuviese todo el tiempo del mundo. Si el de la guitarra se fijaba, podría hallarle en la misma senda que él había estado recorriendo antes de hacer una parada en el camino.

Era un tipo delgado pero de aspecto curtido, que aparentaba por su actitud y rasgos una edad mayor a la que tenía; apena se diferenciaba en unos cuatro años con el muchacho de Amegakure, pero parecían muchos más. Caminaba con paso parsimonioso mientras la suela de sus botas de viajero apenas dejaba huella en la tierra del camino, ignorando las estatuas de los monjes que se cruzaba por la senda como si no fueran con él; adoraba a sus propios dioses, y nada tenían que ver con aquellos. Su atuendo era muy similar al del músico, pues vestía con una yukata algo desgastada de color índigo, bajo la misma una camisa de manga corta y unos pantalones bombachos que llevaba ceñidos y remetidos por dentro de las botas de color negro. A la espalda, cruzada en una funda bandolera, una espada de negra empuñadura.

Akame alzó la vista por debajo del kasa de paja que cubría su cabeza y observó al muchacho. Si éste le devolvía la mirada, podría notar un detalle que quizá le resultase curioso; el Uchiha cubría gran parte de su rostro y cabeza con unas vendas blancas algo sucias por el polvo del camino, que le dejaban al descubierto algunos mechones de pelo negro alborotado. Sus ojos eran dos ollas de carbón, y examinaban al chico de Ame con curiosidad.

Te preguntaré algo, muchacho. ¿Cómo es tu nombre —dijo Akame, sin perder un ápice de calma—, y cómo se llama esa canción?
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#3
Una voz le sacó de su ensimismamiento, una lo suficientemente notable pero que a la vez no era la gran cosa. Tuvo que parpadear antes de procesar la pregunta en su cabeza.

—¿Huh?— observó con detalle al recién entrado en escena, luciendo cuál villano de historieta juvenil. "Vendaje misterioso, check. Ojos malignos, check. Ropa antigua, check. Arma colgando, check. Hmmm, tiene el look pero no la actitud. Aunque resultó con buen gusto para la música, JAJA." Mientras divagaba al respecto, se permitió sonreír con alegría y alzar la vista para corresponder la mirada con sus desafiantes ojos dorados.

»Desde luego que es mía, aunque no la has escuchado toda. Justo me interrumpiste cuando estaba empezando, en realidad es mucho más larga.

Se puso de pie e infló el pecho con orgullo, apoyando sus manos en la cintura mientras seguía detallando al sujeto cómo un escáner. "¿Por qué anda vestido cómo momia?" Si un sólo sello explosivo le había arrancado buena parte de la piel en los brazos al Yotsuki, no se imaginaba que le pudo suceder a ese sujeto para tener que cubrirse totalmente la cara. "O quizás sólo es feo de nacimiento." Supuso también.

Cuando se le exigió saber su nombre, el poco viento que se escuchaba entre el bambú hizo silencio, como si guardase respeto ante el espectáculo que estaba por venir. Oh, que el centenar de cañas a sus alrededores iban a ser testigos mudos de un clásico que no iba a repetirse sino hasta que su nombre fuese contado en las leyendas de los siglos venideros.

Se colocó de forma lateral ante su interlocutor, tomando con la zurda el brazo de la guitarra y deslizando la correa hasta que apuntara hacia abajo. Curvó su espalda en la misma dirección, formando un arco con su propio cuerpo mientras mantenía el pie derecho delante y el izquierdo atrás para equilibrarse. Sujetó con la mano diestra el kasa, bajándolo para que su mirada quedase oculta y únicamente el blanco de su hilera de dientes fuese visible.

—Mi nombre es, King Rōga~ dijo en tono fanfarrón, mientras el aire volvía a soplar, cómo si le aplaudiese.

Tardaría un par de segundos en recobrar una postura más normal y continuar con la conversación.

»El nombre de la canción es Escalera al Cielo

Le observó directamente a la cara, mientras giraba su cabeza.

—Eres especial. Muchos no entienden cuando canto en ese idioma antiguo, ¿cómo es que tú sí?— ahora era su turno de hacer las preguntas. Puesto que aquel detalle ya podía decirle que no era un cualquiera.
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#4
Akame asistió, impasible como una estatua, a la presentación de aquel curioso personaje que no se limitó a decirle su nombre, sino que lo escenificó de una forma un tanto dramática. Allí, entre los bambúes, el músico puso en práctica lo que parecía una coreografía bien ensayada, que sin embargo no pareció llegar en absoluto al renegado. «Humpf, supongo que serán cosas de artistas. Al fin y al cabo, para componer música has de ser muy creativo... Y tener algún que otro tornillo flojo», se dijo el Uchiha.

¿King? —repitió Akame, sorprendido—. Bueno, eso sí que es un apellido peculiar. ¿De dónde eres, King Rōga?

Entretanto, las manos del renegado se habían introducido en su yukata, buscando algo que no tardaron en hallar: una cajetilla de tabaco de marca y una caja de cerillas. Akame sacó un pitillo, se lo colocó en los labios y luego prendió una cerilla con la que lo encendió. Aspiró un par de hondas pitadas y luego dejó escapar el humo. Sintió un leve mareo —por contradictorio que pareciese, su vida de indigente en Tanzaku Gai le había forzado a prácticamente dejar de fumar en favor de otros placeres más culpables— y la boca seca, pero agradeció el sabor amargo del tabaco en la garganta. Era como volver a nacer. Akame estaba luchando por quitarse del omoide y reducir el consumo de alcohol, pues su nueva vida no le permitía semejantes lujos, y reemplazarlo por un viejo amigo había resultado una mitigación sorprendentemente efectiva.

No te tengas en tan alta estima, King Rōga —contestó el Uchiha mientras daba otra pitada a su cigarro—. Hay muchos en Oonindo con la habilidad de leer, y de escuchar. Sólo se necesitan esas dos cosas para aprender un idioma.

El renegado examinó con curiosidad a aquel muchacho que vestía como un hombre, pero debía tener no más de doce o trece años.

¿Te diriges a Murasame? —quiso saber—. Si es así, entonces podrías caminar conmigo, y cantarme alguna otra de tus canciones. Hace mucho que no escucho música.
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#5
Tal vez el Yotsuki fuese despreocupado, pero eso no significaba que fuese idiota para actuar. Si bien, el mismo no juzgaba por apariencia, la actitud presentuosa del otro le decía que tenía una alta confianza en sí mismo. Además, que las heridas que se escondían debajo de esas vendas no eran gratuitas.

—Soy del país de la tormenta— contestó sonriente.

No mentía, pero no era específico. Además, que prefería ser reconocido como King el músico y no King el ninja, a sabiendas de que algunos eran recelosos con los de su oficio. "En especial si tienen cara de mataviejitas" Rió entredientes. —Hombre, pues preséntame a esos muchos que dices porque yo no me he topado con ninguno— Para él, era rarísimo. En especial siendo un lenguaje más propio de su clak en tiempos antiguos.

»Pues yo me dirijo a donde sea. Ando recorriendo el país del bosque para conocerlo y me llamó la atención un sitio tan enigmático como este bosque. Cualquier lugar me viene bien para descansar, asi que puedo acompañarte.

Recogió su mochila y se la echó en la espalda.

—¿Qué canción te gustaría escuchar? ¿Romántica, épica, trágica, oscura, alegre, tonta? Y ya me puedes ir diciendo que te trae por estos lares ¿Has estado en Murasame antes?
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#6
«¿Arashi no Kuni, eh?»

No se podía decir precisamente que Akame hubiese sido un gran amante del País de la Tormenta. Al contrario que su tierra natal, Uzu no Kuni, aquel era un lugar que a él se le antojaba hostil y desagradable, con una geografía difícil y un clima menos deseable todavía. Aun así, era consciente de que los arashijin solían hablar con gran orgullo de su tierra, «como si el hecho de que esté lloviendo todo el puto día no sea razón suficiente ya para querer largarse de allí cuanto antes...» Por eso mismo, entendió rápidamente que no debía hacer ningún comentario al respecto delante de Rōga; si es que no quería perder a su acompañante y hacer el resto del camino en silencio.

Entiendo. Estás cerca de casa entonces —replicó. Luego el arashijin le cuestionó sobre sus anteriores palabras, y Akame se limitó a responder con simpleza—. Eres joven todavía, y Oonindo es ancho. Si sigues viajando, no me cabe duda que encontrarás a más gente capaz de entender tus letras en el futuro.

Akame asintió ante la respuesta del muchacho, que afirmó estar allí de paso, por el simple gusto de viajar. Mientras observaba a Rōga colgarse su mochila y echarse al sendero, Akame dio un par de pitadas más a su cigarrillo. Luego comenzó a andar.

Creo que una melodía alegre me vendría bien —confesó, ajustándose el kasa para que le cubriese adecuadamente la cabeza. El Sol de Verano era algo más benevolente con ellos en aquel lugar, pero aun así hacía calor—. En cuanto a mí... Soy un viajero, como tú. No tengo especial interés en Murasame ni he estado allí antes, pero un rato antes vi un cartel que señalaba en esta dirección. No parece haber muchos más pueblos cerca, así que pararé allí para descansar y aprovisionarme.

Una ráfaga de viento fresco sacudió los mechones sueltos de cabello azabache que sobresalían de entre los vendajes de su cabeza.
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#7
"Ay par favar, que está peor que mi abuelo. Aunque al menos el viejo si tiene la edad para andar tirando sermones." No iba a prestarle demasiada atención a un fumador cualquiera que se topó en el camino. Aparentaba además unos dieciocho o diecinueve años, que a esa edad todos se creen el ombligo del mundo. Oh no, ese puesto se lo usurpó el Yotsuki desde el momento en que su madre le nombró King Rōga al nacer.

—Pues si estamos de acuerdo, ¡en marcha!— sonrío y se adelantó dando brinquitos mientras empezaba a rasgar la guitarra. —Tenemos un par de kilómetros por delante— dijo alegre.

El sonido por la guitarra era fuerte, como si en realidad hubiese sido compuesto para tocar con un instrumento de sonido más potente. Caminaba a paso rítmico por delante, usando sus pisadas para llevar el compás de la melodía y sirviendo a la vez de percusión improvisada.

La luz de la luna cautiva esta noche
Es hermosa y rebelde.
Beber recatadamente, no suena tan mal
Con un chasquido de dedos
da la señal para encender el fuego y empecemos de una vez
Acorralado en una esquina, rebanado en trozos
¿Teníamos que llegar a estos extremos?

Sus pasos pasaron a ser una marcha en línea recta, cerrando los ojos ante el camino que tenía delante.

Seguir el camino de la espada desenvainada
significa que incluso en la oscuridad llevaré sombras en mi espalda
Me inclino indefenso, intentando provocarle
¡No seas tacaño, muéstrame el futuro!

Empezó a saltar en círculos alrededor de su acompañante, siempre manteniendo el ritmo con la canción.

Party On! Burning Soul! ¡No tiene precio!
El fuego del festival nunca se extinguirá
Let's Dance! Warriors! Seamos sinceros, es el fin de los tiempos.

¿No es divertido disfrutar ahora? ¡No te contengas!
El único camino en esta decisiva batalla es la victoria
¡Así que sigamos festejando!

Una vez más, retomó su camino liderando la marcha de ambos.

Ya estoy listo, pero
ninguno de ellos muestra interés
Tengo que tomar en cuenta una retirada
por los giros del destino

El efímero y penetrante color del ocaso
dibuja un paisaje rojizo al atardecer sobre mi silueta
Observando desde el lomo de un embravecido corcel,
si mi espalda está al este, ¿cómo será el mañana?

Una vez más empezó a dar brincos por delante, zigzagueando en el sendero marcado en el bosque.

Party On! Burning Blood! En lo profundo de un sueño...
¡Aunque despiertes borracho, no te detengas ahora!
Let's Dance! Warriors! ¡Vamos, hagámoslo de una vez!
Observar desde las alturas, sería un error
Aprovecha el brillo de la estrella fugaz,
en este decisivo instante.

Seguir el camino de la espada desenvainada
me mostró lo que depara en la época venidera

Party On! Burning Soul! ¡No tiene precio!
El fuego del festival nunca se extinguirá
Let's Dance! Warriors! Seamos sinceros, es el fin de los tiempos.
¿No es divertido disfrutar ahora? ¡No te contengas!

Party On! Burning Blood! En lo profundo de un sueño...
¡Aunque despiertes borracho, no te detengas ahora!
Let's Dance! Warriors! ¡Vamos, hagámoslo de una vez!

The Last Combat! ¡No seas miserable!
Abraza esta era con elegancia porque
El único camino en esta decisiva batalla es la victoria



¡Así que sigamos festejando!

Remató viendo al cielo, mientras la vibración de las cuerdas se iban perdiendo entre los enormes bambúes.
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#8
«Pues sí que tiene ritmo este chico, al final ha sido una buena decisión el caminar con él» se dijo Akame mientras escuchaba la alegre cancioncilla de King Roga. Mientras el guitarrista tocaba, cantaba y bailaba por el sendero al son de aquella animada música, el renegado iba fumando tan tranquilo mientras tarareaba la melodía en el estribillo y seguía el ritmo con su mano zurda, que reposaba tranquilamente sobre su cinturón. «"Party on! Burning soul!"», cantaba para sí el Uchiha. Después de los últimos sucesos, Akame agradecía realmente una canción como esa. Una canción que hacía más leve el largo camino.

Cuando Roga terminó, el Uchiha le dedicó un breve aplauso.

Muy bien, muy bien —le felicitó, dando otra fumada a su tabaco—. Parece que conoces muchas canciones, ¿cuánto hace que tocas?

Akame se ajustó su kasa, que se le había descolcado ligeramente, mientras observaba al muchacho. Había algo en él que no le terminaba de encajar; pese a su dominio con las cuerdas —vocales e instrumentales— y su repertorio, actitud jocosa propia de los artistas, y pies hábiles, Roga no se le parecía a un músico itinerante. Por sus anteriores palabras, muy confiadas, y su vestimenta, Akame intuía que algo se le escapaba. «No sería difícil deducir que yo sé manejar un arma o buscar problemas, sólo con mirar mis vendajes y mi espada... Pero este muchacho, parece más de lo que aparenta.» Con una media sonrisa, el Uchiha sacó su paquete de tabaco y se lo extendió a Roga.

¿Un pitillo? —ofreció—. Así que viajas por el País del Bosque... ¿Eres una especie de músico itinerante?
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#9
Entre el aplauso y el elogio, el Yotsuki se puso henchido de orgullo, pues la hoguera de su corazón era alimentada con el carbón de la admiración, inflando pecho cómo una paloma. Si el ego fuese chakra, Rōga sería un bijū. Sus labios se extendían de oreja a oreja con la satisfacción de haber complacido a un alma solitaria. "That's it, lobo" Si no, ¿para qué cantar?

—Pues, casi que desde que tengo memoria— se llevó el dedo índice al mentón, pensativo. —No tengo muchos recuerdos, pero papá me decía que desde muy pequeño siempre estaba tamborileando con los trastes de la cocina y demás chunches. Esta guitarra me la regaló cuando tenía seis años, aunque realmente es muy difícil encontrar dónde o quién te enseñe. Aprendí más que nada por mi propia cuenta— comentó alegre.

Cuando el mayor le ofreció el cigarro, se quedó viendo curioso como si se tratase de una rara serpiente de cascabel, dudoso.

—Hmmmm. La verdad es que nunca he probado uno—. aunque no iba a negar que en algunas ocasiones le llamaba la atención lo cool que fumaban algunos. "La pipa de aquella chica se veía genial..." rememoró. —Es sólo que no sé muy bien como se hace— lo tomó y parpadeó, extrañado. Además que en Amegakure no es que hubiese mucho espacio libre donde darle sin que se te apague.

»Respecto a lo otro, ahora sólo estoy de turista, pues quiero viajar para conocer el mundo... Quiero ser algo más que un músico que va por los caminos, ¡aspiro a algo mucho más grande!

Se adelantó dando unos saltitos y se detuvo al frente unos tres metros por delante, levantando la vista y extendiendo los brazos a los lados, rodeado de todos los bambúes.

—Quiero que algún día el mundo me escuche, en un gran escenario nocturno con muchas luces. Que la gente vitoree mi nombre. Pero sobre todo, que mis canciones les hagan pensar, que encuentren en ellas algo. Que recuerden, aún si no las comprenden. ¡Que la hagan suya y le den la interpretación que quieran, pero que sea parte de ellos!— se dio media vuelta y volteó la vista a Akame de nuevo, quién podría notar que sus ojos resplandecían intensamente, un destello de anhelo puro. —¡Algún día todos han de reconocer el aullido de Rey Colmillo de Lobo!— sonrío mostrando su dentadura, la única capaz de competir en brillo con su mirar.

Bajó los brazos, regresando a una postura más normal mientras ajustaba la correa de la guitarra.

»Pero bueno, que ya es mi turno, ¿no? ¡Qué has estado preguntando y ni me has dicho tu nombre! Y no me salgas con algún seudónimo raro, que eso ya está pasado de moda. Además que luego ya puedes darme un consejito de cómo diablos se le da la calada a esto.

Sonrío y levantó el cigarro.
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