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Situación actual: Tras la reunión mantenida por los Kage en el Valle de los Dojos, se ha firmado una renovada Alianza de las Tres Grandes. Uzushiogakure, Kusagakure y Amegakure unen fuerzas contra la invisible amenaza de los Ocho Generales de Kurama. Así, sus ninjas prometen velar por la paz y colaborar compartiendo cualquier información que obtengan de estos, tanto como garantizar la seguridad de los tres Guardianes jinchuuriki, Uchiha Datsue, Eikyuu Juro y Aotsuki Ayame.

Se está construyendo un complejo circuito de vías de ferrocarril a lo largo y ancho de Oonindo. Se prevee que el servicio de trenes del continente se inaugure a principios de Viento Gris. Al mismo tiempo, en secreto, se está instalando una red de telefonía internacional para altos cargos. Este es un secreto que los shinobi han jurado guardar para sí mismos. El teléfono está disponible de forma local en cada una de las aldeas, y aunque en Amegakure ya existía, en Uzushiogakure y Kusagakure está suponiendo toda una revolución.
El Tigre y... ¿el Perro?
#1
Allá en el peligroso Acantilado Rompe-Olas, un joven Genin armado con la almohada blanca que utilizaba para dormir y apenas un metro de cuerda, se encontraba debatiéndose entre su propia salud física y su buen avance como shinobi.

—Esto... no sé si esto es una buena idea —se dijo a sí mismo frente a uno de los muñecos de entrenamiento que se encontraban allí clavados—, pero papá dijo que me ayudaría a mejorar más deprisa. Debo dominar esta técnica del todo o acabaré lamentando mucho más que mi brazo.

Oh, pero Daigo sabía muy bien que su padre no le solía dar los mejores consejos en lo que ser un shinobi respecta, e incluso este le parecía especialmente peligroso. Pero a falta de una manera más rápida de mejorar y especialmente ahora que casi podía sentir como se le acababa el tiempo, Daigo se quedó sin opciones.

Con cuidado, el chico dobló y ató su almohada a la cabeza del muñeco de entrenamiento.

—Sí, con esto debería bastar —se dijo mientras se alejaba un par de metros de su objetivo—. Uno, dos, tres...

La pierna derecha de Daigo en un vívido todo verdoso antes de impulsarlo a gran velocidad hacia el frente.

—¡TORA!

¤ Ushi no totsugekii
¤ Embestida del toro
- Tipo: Ofensivo
- Rango: C
- Requisitos: Taijutsu 25
- Gastos: 30 CK
- Daños: 50 PV
- Efectos adicionales: -
- Sellos: -
- Velocidad: Rápida
- Alcance y dimensiones: 5 metros
Esta técnica consiste en acumular una gran cantidad de chakra visible en la pierna y el puño de un lado del cuerpo, impulsándose con la pierna cargada de chakra y golpeando con el puño, liberando todo el chakra que tenía acumulado. Es posible realizar la técnica una segunda vez, utilizando las extremidades del otro lado, aunque el gasto de chakra puede agotar al ejecutor.

Alterador (Tora) En esta versión, el usuario acumula todo el chakra posible en la pierna, sin cargar nada en su brazo. Al liberarse todo ese chakra, el ejecutor saldrá disparado a una velocidad considerablemente más alta de la presentada en la técnica original.

Si el usuario decide golpear a esa velocidad (30 PV), se romperá los huesos de la mano y el brazo siempre y cuando su resistencia sea inferior a 60.
—hablo
«pienso»

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#2
El atardecer caía, el mediodía hacía breve que le dejaba paso, y el sol poco a poco intentaba acostarse por el horizonte. Pero aún le faltaba trabajo por realizar, y hasta acabar su tarea, el astro rey no tenía permiso por parte de la reina del firmamento para descansar. Una eterna danza entre reyes, una loable y triste balada de dos amantes, que de manera perpetua están destinados a no poder besarse.

Dejando de lado los grandes males, los pequeños no cesaban tampoco. La tortura autoimpuesta por el Inuzuka a sobrenombre de entrenamiento no conocía descanso, salvo las escasas horas que dormía al anochecer. Llevaba ya un buen camino recorrido, pero el esfuerzo apenas había comenzado en su cerrera por la pole. Quería ser el mejor, y para ser el mejor no basta solo con talento natural... el talento es apenas la punta del iceberg, todo lo que esconde bajo el agua es puro entrenamiento y práctica. Al menos la constancia y la decisión estaban de parte del chico, y cuando se olvidaba, allí estaban su abuelo o Akane para recordárselo. Todo un detalle.

Como acostumbraba a ser, tras el almuerzo y el entrenamiento de fuerza en el gimnasio de la mansión, tocaba hacer cardio. Había diversas maneras, pero una de las mas frecuentadas por el chico era correr una docena de kilómetros. Ni mucho ni poco, lo suficiente para aumentar un poco su aguante.

La carrera en ésta ocasión estaba siendo guiada por Akane, que en sus ansias por descubrir un poco mas de las tierras que les rodeaban, terminó casi al borde de la ladea, literlamente. Los acantilados de la aldea se hacían a cada paso mas sonoros e inevitables. Allí, la brisa del atardecer, suave y fresca, se hacía notar un poco mas que en las propias calles de la villa. Quizás lo normal, dado la escasez de casas cerca para ejercer de parapeto al viento. La carrera estaba siendo mantenida a un ritmo no demasiado agresivo, pues el objetivo de la misma era la duración, no la intensidad.

De pronto, un grito sacudió los oídos de Akane y Etsu. Una voz que le sonaba de algo, acompañado de un estruendoso golpe.

Etsu miró a Akane, y no hicieron falta palabras, todo estaba claro como el agua. Aumentaron la velocidad de carrera, en pos de recortar las distancias hacia el lugar de los acontecimientos. Poco tardaron en ver a un chico de singular color de pelo, que golpeaba un pelele cubierto por una almohada.

¿¿U-una... almohada...??

El Inuzuka no alcanzaba a comprenderlo. En su vida había visto algo parecido. ¿Por qué quería ese chico proteger el muñeco?

Como bien dicen, la curiosidad mató al gato.

No pudo evitarlo, y cual mosquito que vuela lentamente hacia la luz, el rastas se acercó a Daigo. Apenas recordaba su nombre, pero sabía que le conocía de algo. Sin embargo, su prioridad en ese momento era el comprender el porqué de esa almohada en el pelele.

¿Tan fuerte te has vuelto que tienes que proteger al muñeco? —preguntó a modo de broma, curioso.
~ No muerdas lo que no piensas comerte ~
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#3
¡BAM!

El sonido de su puño impactando contra el muñeco resonó en los alrededores a la vez que el dolor invadía cada punto desde el puño hasta el hombro del boxeador.

—¡Ay! —exclamó mientras sostenía su muñeca a la altura del rostro—. ¡Ay, ay, ay, ay, ay! Qué daño...

Sopló sus nudillos un par de veces, adolorido. Intentaba -sin mucho éxito- calmar el dolor, pero en su lugar...

《No se ha roto...》

¡Funcionó! Aunque definitivamente no podría hacerlo varias veces al día o acabaría verdaderamente mal.

—¿Tan fuerte te has vuelto que tienes que proteger al muñeco?

—¿Eh? No, no, no es eso. Esto es... esto es para mí, estoy practicando un técnica muy peligrosa y... eso —admitió con algo de vergüenza. ¿Quién crea una técnica que solo sirve para dañarse a uno mismo?
—hablo
«pienso»

Sensual avatar hecho por Etsu.
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#4
Para cuando Etsu le había dirigido la palabra al peliverde, éste tenía la muñeca agarrada con su mano adversa, dolorido. El rastas bromeó con el hecho de la almohada en el muñeco, pero jamás se hubiese pensado que era para protegerse a sí mismo. Sin duda, ésto se le iba de las manos al chico. Estaba practicando según él una técnica tan peligrosa, que por su propio bien había tenido que recurrir a amortiguación sobre el pelele.

Ostras... ¿en serio?

El chico continuó recortando las distancias, llegando a una distancia de no menos de tres metros. Tanto él como su can miraban curiosos al compañero de aldea, aunque quizás mas curioso Etsu que Akane. Como siempre, era el rastas el mayor curioso, más que un gato.

Miró al pelele, y tras ello volvió la mirada a Daigo. Se llevó la mano al mentón, pensativo. De nuevo tuvo que desviar la mirada al muñeco de práctica, y tras un brevisimo lapso de tiempo, volvió con la misma al otro genin. Aún no podía creerlo. Si la base de todo entrenamiento de resistencia o fuerza se basaba en golpear algo bien solido, como si fuese un caso real. ¿Qué sentido tenía protegerse del impacto? ¿acaso era una técnica que le causaba más dolor al ejecutor que al agredido? no tenía sentido alguno, al menos no lo parecía tener desde el punto de vista canino.

Bueno, supongo... supongo que tendrás tus motivos para entrenar algo así. Pero siendo sincero, lo veo un poco absurdo... el día de mañana, si te enfrentas a alguien y requieres de esa técnica no golpearás en blando. No es buen asunto que sea peligrosa para ti, debería serlo para tu oponente. —dejó un breve silencio, en pos de que comprendiese su punto de vista —¿no crees?

La pregunta era absurda, pero también era cierto que no conocía aún ningún dato de la técnica que su compañero practicaba. Quizás tenía algún motivo oculto, o simplemente practicaba de esa manera porque aún la tenía muy poco estudiada. A saber cuál era el caso.
~ No muerdas lo que no piensas comerte ~
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#5
Etsu no parecía estar del todo convencido con el entrenamiento de Daigo. Qué demonios, ni siquiera Daigo estaba del todo convencido con la clase de entrenamiento que llevaba.

—Sí, sí, si ya sé que en una pelea real no podré pedirle a mi oponente que se ponga una almohada en la cara. Eso sería raro —bromeó.

¿Pero qué iba a hacer?, ¿romper completamente su brazo intentando golpear con el puño desnudo? Eso sí que era una locura.

—Pero tienes razón. Si llego a necesitar esta técnica antes de acabar mi entrenamiento... —hizo una pequeña pausa mientras buscaba alguna manera de arreglar ese pequeño problema, pero sin acabar de encontrar una solución concreta simplemente sonrió, restándole algo de importancia—, supongo que tendré que buscar una solución temporal.

Y ahora que lo pensaba con más detenimiento, creía haber dado justo con la solución que necesitaba.
—hablo
«pienso»

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#6
El peliverde, jocoso, bromeó con la inviable opción de poner a su supuesto oponente una almohada en la cara. Ambos rieron, era absurdo pero a la vez cómico. Aunque no tardó en darle la razón, era en parte un poco absurdo desarrollar una técnica así, al menos a medias. Lo primero era estudiar las ventajas y desventajas de una técnica, y tras ello seguir en su desarrollo... al menos así siempre lo había hecho el Inuzuka, y su padre, y su abuelo.

¿Sería que ellos eran raros?

Daigo no ocultó que tendría que dejarla por el momento de lado en situaciones reales, o buscarle una solución temporal. Al menos podía destacarse en su decisión, que no le faltaba fuerza de voluntad. Pensaba seguir dándole vueltas a esa técnica, a pesar de que fuese tan complicada.

Onindo no se hizo en un día... tómalo con calma —sentenció el rastas, encogiéndose de hombros.

»Además, supongo que no dependerás tan solo de esa técnica. Todo shinobi sabe defenderse con varias técnicas, y en caso extremo, siempre te queda la posibilidad de usar herramientas, o el propio cuerpo... como mi abuelo siempre suele decir, un buen shinobi no es tan solo el más fuerte, si no quien mejor usa todo de lo que dispone para cumplir su misión.

Se llevó ambas manos tras la nuca, contento con ese pensamiento. A su ver, su abuelo estaba haciendo un buen trabajo para llevarlo por el buen camino, muy a su pesar. Las formas quizás no siempre eran las más adecuadas. Pero por un camino u otro, las cosas siempre le iban empapando.

Bueno, ¿y que tal te va todo? —hizo una leve pausa —ya hace tiempo que ni te veía por las calles de Kusa.

Aunque mas bien era él quien había estado encerrado, entrenando hasta el desfallecimiento. Casi parecía que se había caído en un caldero de proteínas.
~ No muerdas lo que no piensas comerte ~
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#7
Daigo sonrió al escuchar lo que el abuelo de su compañero solía decirle. Un buen ninja era aquel que utilizaba todo lo que tenía a su disposición para cumplir con su misión.

En el caso del peliverde, a él le gustaba pensar que solo tenía sus puños y su conocimiento de ninjutsu a su disposición en un caso extremo de conflicto. Con eso debería de bastarle.

—Bueno, ¿y que tal te va todo? —dijo Etsu—, ya hace tiempo que ni te veía por las calles de Kusa.

—Qué raro... —contestó Daigo, antes de sonreír ampliamente—. ¡Pues mis padres dicen que ya no paso por casa!

»Ya sabes, con la amenaza de los generales de Kurama y ahora que Yubiwa-sensei nos ha dejado... debemos entrenar más que nunca, ¿no crees?
—hablo
«pienso»

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