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Estamos en Cargando..., Cargando... del año Cargando....
Situación actual: Tres meses después del examen de chuunin del año 218, la situación internacional sigue en tensión. El País de la Espiral y el de la Tormenta mantienen una fría relación, y el País del Bosque actúa con precaución con ambos. Los Señores Feudales ya han asumido que la situación no va a volver a la que algunos ya llaman Era de la Paz de Shiona, al considerar a la líder uzujin la responsable de la longeva estabilidad que reinó durante muchos años. Algunos intereses intersectan, otros divergen. La nueva era de los ninjas ha llegado.
[Examen de Chunin] Segunda prueba: Uchiha Datsue
#1
No hay tiempo límite para postear, sin embargo, hay límite para finalizar la prueba. De una forma u otra, el tema debe estar acabado antes del 12 de agosto a las 00:00 (Hora peninsular española).

¿Qué quiere decir eso? Bueno, el tema ira avanzando, y cada problema que solucionéis valdrá unos puntos, si llegada la fecha límite no habéis finalizado todos los problemas, se roleara que os quedáis a medias. Obviamente, habrá una penalización aparte de los puntos que habréis perdido ya de por sí.

El punto de todo esto es que podéis no postear en una semana, en dos, o hasta en tres, porque estáis de vacaciones, y después rushearlo. No os preocupeis, los masters intentaremos postear tan pronto como veamos vuestras respuestas. Pero no lo dejéis todo para el último día.

Cualquier duda, posteadla en el foro de dudas, no busqueis a ningún admin por privado ya que sois ocho participantes y todos podéis dudar cosas parecidas. De todas formas, habrá aclaraciones al final de cada post para evitar malentendidos.

Saludos y mucha suerte.

Había pasado una semana desde la primera prueba. No es que necesitasen tanto tiempo para descansar, pero sí para familiarizarse con el entorno, tal vez conocerse entre ellos o simple y llanamente entrenar. Fueron los encargados de cada villa los que informaron a los participantes que aquella mañana tendrían la segunda prueba, una prueba algo más práctica.

Sin embargo, era difícil verle la parte práctica a esa prueba cuando les habían mandado a primera hora de la mañana a la misma academia donde habían rellenado el cuestionario una semana antes. Además, el procedimiento empezaba a repetirse: iban todos en pelotón hasta encontrarse con el señor manco, cuyo nombre era desconocido con la posible excepción de algún participante de Uzushiogakure bien informado. El hombre repetía indumentaria, aunque esta vez parecía tener algo menos de seriedad en su rostro y les esperaba en la recepción misma, no enfrente de ningún aula.

No me miréis así, yo no voy a haceros ninguna prueba más, solo vengo a pasar lista.

Tras decir eso, volvió a hacer aparecer la hoja con los nombres en su única mano.

A diferencia de la última prueba, esta vez al confirmar vuestra presencia os diré con el número del aula en la que pasareis la prueba práctica. Siguiendo el pasillo encontraréis una bifurcación, a la izquierda los impares y a la derecha los pares. Como os he dicho, yo no soy el encargado de puntuar ni siquiera de vigilar, pero me han dado un par de instrucciones previas para vosotros —bajó la mirada al papel con los nombres y empezó a leer —. La primera es, no se aceptan preguntas hasta el final del examen, y segunda, podéis renunciar a esta prueba en cualquier momento desde ahora, no es eliminatoria pero constaría negativamente para la resolución final.

Alzó la mirada, repasando a los Genins con ella.

Si alguien quiere irse, ahí tiene la puerta —hizo una breve pausa —. Bien, empezamos.

Tras un último vistazo a los participantes empezó a llamarles uno a uno.

Uchiha Datsue, aula seis.

Esperó a que el muchacho empezase a moverse para seguir con el siguiente nombre.

Cuando Datsue llegase a la puerta del aula, se encontraría con que la puerta estaba abierta y que la distribución del aula estaba ligeramente cambiada. Las mesas de los estudiantes estaban exactamente como antes, sin embargo, la mesa del profesor había sido apartada a un lado y en vez de eso, habían dos cojines y entre ellos un plato con huevos duros sin cáscara.

Uno de esos cojines estaba ocupado ya, por una mujer rubia con el pelo recogido en un moño bajo. En una de sus manos tenía uno de los huevos, con un mordisco ya dado, con lo cual se le veían todas las entrañas al pobre huevo.

La mujer sonrió y tragó antes de hacerle señas de que pasase, vestía un kimono con motivos florales típicos de las fiestas en el Jardín de los Cerezos. De indumentaria shinobi llevaba la insignia dorada que la identificaba como Jounin, pero, además, llevaba un pin justo al lado con el kanji “Sur”, típico pin de la Ribera del Sur.

Uchiha Datsue, bienvenido, siéntate y cierra la puerta.

Esa voz le sonaba terriblemente familiar, pero no era capaz de atinar de qué era exactamente. Sin embargo, era consciente de que la había oído hace muy poco.
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#2
Casi un siete. Datsue había rozado el notable en el examen teórico. Teniendo en cuenta que la anterior vez apenas había superado el suficiente, con un seis pelado, se daba por satisfecho. Sabía que la había cagado en la última pregunta. Que se había relajado demasiado, poniendo algo demasiado simple, demasiado ambiguo.

Con la primera, no obstante, no sabía qué había ocurrido. Según recordaba, había puesto que trataría de convencer a su Uzukage de que aquello era una mala idea, y que, de no conseguir su propósito, expondría el caso a shinobis de rango superior. Empezando por amigos suyos. Pero por la nota que le habían puesto, había fracasado estrepitosamente.

¿Qué esperaban los examinadores que hiciese, entonces? ¿Qué dijese amén al Kage y agachase la cabeza? ¿Qué se opusiese todavía con más fuerza? No lo sabía, y estaba hecho un lío por ello. Al menos Raito les había dado las respuestas correctas una vez corregido.

Sacudió la cabeza. No era momento de pensar en ello. Estaba de nuevo en la Academia, apelotonado junto al resto de aspirantes a Chûnin, escuchando lo que el ninja manco tenía que decirles. Se grabó a fuego en la mente la primera norma: no hacer preguntas hasta finalizar el examen. Luego, tras decir que podían abandonar en cualquier momento, les enseñó la puerta por si alguien se animaba.

Datsue no vio a nadie que se moviese, aunque tampoco se estaba fijando demasiado. Se había encerrado en sí mismo, concentrándose. ¿Sería una prueba práctica parecida a la de Raito? Recordaba que había fallado como un kusareño en combate. Tenía que ponerse las pilas. Dudaba que en aquella ocasión le ascendiesen por el mero hecho de ser un Hermano del Desierto y jinchūriki de la Villa, como sospechaba había pasado la última vez.

Se sobresaltó cuando oyó su nombre, y el número de aula. Su corazón se agitó, mientras avanzaba por el pasillo y giraba a la derecha. Después de la experiencia vivida con Raito, creía que se tomaría aquello de forma tranquila. Sosegada. Pero su cuerpo opinaba de manera distinta.

«Tranquilízate, joder».

Se adentró en el aula que le correspondía, cerrándola tras de sí a la petición de la mujer que había dentro. Aquella voz… le resultaba jodidamente familiar. ¿La habría conocido en las fiestas del Cerezo? Era extraño, no obstante. Uchiha Datsue nunca olvidaba un rostro femenino.

Se sentó en el cojín libre, devolviéndole la sonrisa, amable. Una sonrisa que se congeló en su rostro nada más ver el pin que tenía en el kimono. «No… No puede ser. No me digas que… ¡Oh, nooo!»

Vio los huevos en el plato, y en aquel momento supo que era una trampa. Y que iba a suspender. Quizá algo peor. «¡Mierda, joder, mierda! ¿¡Una ribereña del Sur!? ¡¿Me estás hablando putamente en serio?!»
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#3
Dejó el huevo a medio comer en el plato y cogió otro, para darle otro mordisco y también dejarlo en el plato. Datsue podría jurar que los estaba dejando así para que él tuviese una vista bien hermosa tanto de la clara como de la yema. La mujer no reaccionó hasta que vio que el genin se percataba de qué estaba pasando, entonces sí, sonrió.

Verás, querido. Uchiha Datsue. — lo decía con tanto retintín, que hasta al nombrado le sonaba estúpido su propio nombre. — El mismísimo Uzukage-sama me ha advertido sobre ti. Tretas, trucos, tejemanejes, acciones ocultas, juegos de manos, incluso trucos de magia. Una sola acción minimamente sospechosa, y estás fuera.

Se detuvo menos de un segundo, lo justo para que a lo mejor, Datsue se pensase que podía responder, y entonces volvería a hablar, empezando un tono más alto que antes.

¡Bien! Con todo aclarado, vamos con la segunda prueba. Ni interrupciones ni preguntas hasta el final. Se trata de un Genjutsu, uno delicado, así que ni lo intentes, nada de ojos de colorines ni Kai ni, como te he advertido, truquitos de ningún tipo. Estoy aquí para asegurarme de que has aprendido, aunque siendo del norte... Bueno, la ilusión te presentará varios puntos de una misión ejemplo en los que tendrás que tomar decisiones rápidas pero no por ello menos importantes. Después de cada decisión, tendrás un tiempo para explicarte, justificar tu decisión. Tanto como quieras. Cuando acabes, saltará a la siguiente. Tras dos ilusiones, volverás aquí y podrás preguntarme una sola cosa, que yo responderé con sinceridad. — casi parecía que le dolían esas últimas palabras. — Salir de la ilusión o del aula mientras dure la prueba se considerará abandono. Si abandonas ahora tendrás un punto por haberte sentado.

Dio otro mordisco a otro huevo mientras con la mano libre señalaba la puerta, esperando si el genin decidía continuar. Sus palabras eran crueles, pero el tono despertaba en Datsue otros sentimientos, sentimientos algo más positivos.
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#4
¿Por qué narices se comía solo medio huevo? Tenía que hacer acopio de toda su fuerza de voluntad para reprimir una mueca de disgusto. ¿Acaso pretendía que Datsue se comiese la otra mitad? ¡Ja! ¡Uzumaki Zoku le había dado ya aquella lección! Ni muerto volvía a pasar por semejante vergüenza.

Y, para rematar el asco que estaba sintiendo, cada palabra soltada por aquella mujer le daban ganas de vomitar. ¿Qué le habían advertido sobre él? ¡Pues no iba a tardar él nada en advertir a Hanabi sobre ella! ¿Cómo podían tener a un ribereña del Sur entre sus filas? Era como contratar a un cleptómano para tu centro comercial. Una llamada a los Dioses para que algo saliese mal.

Se obligó a responder que lo había entendido, pero justo entonces la mujer sin nombre interrumpió el breve silencio que había creado.

Explicó las normas de la prueba. De nuevo, no había posibilidad a preguntas. No, al menos, hasta haber completado dos ilusiones, en cuyo caso tendría la posibilidad de hacer una. Quiso reírse en su cara cuando le aseguró que respondería con sinceridad. ¿Sinceridad una ribereña del Sur? «¡Antes un kusareño gana un combate! ¡Fíjate lo que te digo!» Se mirase por donde se mirase, un imposible.

Ni contempló la posibilidad de abandonar ahora.

Estoy preparado.
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#5
Advertencia. A partir de aquí, cada post será decisivo. Es decir, una vez que posteeis y yo lea el post, no valdrá cambiar la respuesta. Haré copiar y pegar y esa será la respuesta con la que me quedaré. Tomaos vuestro tiempo pero estad 100% seguros una vez le deis a enviar. En casos extremos en los que sintáis una necesidad imperiosa de cambiar vuestra respuesta, pedidlo en el tablón, pero habrá una penalización.

La ribereña del sur asintió levemente ante las palabras de Datsue, hizo una larga cadena de sellos que seguro que daría gustito de reproducirla al instante con el sharingan, y tras acabar posó una de sus manos sobre el hombro del Uchiha.

Lo dudo

Y la luz se desvaneció para reformarse de nuevo un instante más tarde.

De pronto, iba corriendo a toda velocidad por un camino de tierra en medio de un bosque. Aún quedaban varias horas de sol. Su vestimenta seguía igual con la diferencia de que llevaba un chaleco y una placa que antes no y que le concedían el rango de chunin. Tras él, a apenas unos metros, lo seguían tres genins. Eran dos chicos, uno rubio y otro pelinegro y una chica pelinegra.

En su cerebro empezó a aparecer información que él sabía que era parte de la ilusión. Estaban persiguiendo a un exiliado de su villa, de rango Chunin en el momento en que se exilió, hacía ya un par de meses. Habían tenido un encontronazo con él, del que se había escabullido con heridas leves, conocía el terreno mejor que ellos, ya que se escondía por ahí cerca.

Por si todo eso fuera poco, durante ese encontronazo acontecieron hechos que hacen dudar de una filtración de información. Probablemente, uno de los genin está ayudando al exiliado, directa o indirectamente, consciente o inconscientemente. No tienes ningún indicio claro que señale a ninguno de los tres, y empezar a interrogar y dudar de los tres podría crear fisuras en el grupo, además de que sería un gasto tremendo de tiempo y esfuerzo.

No tardaron en llegar a una bifurcación en el camino, había huellas que probaban que el shinobi en cuestión había pasado por allí. La cosa era que había huellas en ambos caminos, el forajido estaba solo, así que una de las opciones era incorrecta. Fuese cual fuese, no había tiempo para detenerse a hacer preguntas. Estaban en plena persecución, cada segundo era un segundo de ventaja para el perseguido. Los tres genins se pararon y miraron al shinobi de mayor rango esperando una decisión.

Tenía tiempo para darles una explicación breve a sus inferiores sobre cómo actuar, sin embargo, había muchos factores a tener en cuenta.

No conoces las capacidades de los genins, más allá de que saben todas las habilidades básicas. Son niños pobres, tienen como mucho un kunai y un shuriken. Tú posees todo tu inventario. No hay más limitaciones. La bifurcación es marcada, es decir, son dos caminos totalmente opuestos que muy improbablemente vayan a encontrarse después.
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#6
Lo dudaba, ¿eh? Jodida ribereña del Sur.

Tuvo que aguantarse y comerse su Genjutsu, sin activar el Sharingan y demostrarle quien era allí el rey de las ilusiones. De pronto, se encontró corriendo en mitad de un bosque. De la misma forma en que un Kage Bunshin, al desaparecer, transmite toda la información obtenida, su cerebro empezó a asimilar varios datos. Se encontraba de misión, en una frenética persecución tras un traidor, y sospechaba que uno de los suyos también podía serlo. Uno de sus Genins.

Para empeorarlo todo, alcanzaron una bifurcación. Huellas por ambos caminos. «Estupendo. He aquí la historia de mi vida». ¿Dejarse seducir por Zoku o revelarse y morir en el intento? ¿Traicionar a su Hermano o a la Villa? ¿Salvar a Aiko o a sí mismo? Eligiese cual eligiese, Datsue siempre tenía la sensación de estar perdiendo algo por el camino.

Sus Genins le miraron como pequeños lobeznos aguardando el ladrido del macho alfa. Tras debatirlo interiormente por unos instantes, formó el sello de clonación y creó dos Kages Bunshins. Los dos salieron entonces disparados tras las huellas, cada uno por un camino.

Aprovechad para descansar —les dijo, mirando a cada uno a los ojos. ¿Quién sería el traidor?—. En cuanto uno de mis clones dé con el exiliado, salimos cagando leches a por él.

Porque, efectivamente, ese era su plan. Cuando uno de ellos se encontrase con el traidor —si es que lo hacían—, trataría de no ser descubierto y crear un tercer Kage Bunshin. El tercer Kage Bunshin seguiría al traidor desde la distancia, mientras el otro desaparecía en una nube de humo, transmitiendo la información obtenida —en ese momento, el Kage Bunshin del otro camino también desaparecería al saber que estaba siguiendo un rastro falso—.

Solo entonces saldría junto a su equipo a por el traidor. Hasta el momento, aprovecharía el tiempo de espera para fijarse en la actitud y gestos de sus chicos, con la esperanza de encontrar alguna pista. Sin entrar en interrogaciones, claro. Lo último que le convenía era tener a un equipo con dudas entre ellos en plena persecución.
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#7
Los genins asintieron ante las ordenes del chunin y se sentaron sin pensarselo dos veces. Unos segundos más tarde, la ilusión se paró y se deshizo. En vez de volver a la oscuridad, apareció en una pequeña sala completamente blanca con una silla con reposa-brazos y nada más, ni siquiera una puerta. En la pared enfrente de la silla había escritas tres palabras con tinta roja. No olía a nada, no se oían más que los sonidos que él mismo hiciera y no se veían sombras.

Las palabras eran:
Justifica tu respuesta

Y la tinta aún caía por la pared creando hilillos rojos sobre el blanco.
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#8
La ilusión se distorsionó y cambió. Ya no estaba en una frenética persecución junto a un par de camaradas y un traidor, sino solo, en una habitación totalmente en blanco para realzar todavía más unas palabras escritas en la pared con sangre. O quizá el Genjutsu quisiese representar simplemente tinta roja, pero la mente del Uchiha solía desembocar en lo dramático.

«¡Justifica tú que sigas con vida, no te jode! Todavía no entiendo como Hanabi te tolera. A ti te ascendió Zoku, ¡anda que no!»

Alguno todavía se pensaba que lo que le pasaba a Datsue era una intolerancia a los habitantes de la Ribera del Sur. Un odio irracional. Un desprecio disparatado. Pues nada más lejos de la realidad. Los de la Ribera del Sur son unos genocidas, maquinadores y conspiradores que merecen la muerte. O, como poco, el total destierro de Oonindo.

Pero se obligó a tragarse lo que su corazón pedía decirle y responder a la pregunta.

Hay dos caminos, y errar en su elección supondría, probablemente, el fracaso de la misión —carraspeó—. Para más inri, tengo a un posible traidor entre mis filas, y dividir nuestras fuerzas sería demasiado arriesgado. Hacer que un grupo vaya solo a por el exiliado sin mi presencia ya sería demasiado peligroso de por sí, y con la posibilidad de que uno de los de ese grupo sea un traidor… Convierte la tarea en casi un suicidio.

»Por eso, tuve que pensar en algo para mantener a todo el grupo unido. Podría haber ido yo junto a ellos por un camino y mandar un clon por el otro, pero si resultaba que habíamos elegido el camino incorrecto, tendríamos que deshacer lo andado y tardaríamos mucho. En mi valoración, el beneficio obtenido no compensaba el riesgo.

»Así pues, decidí enviar a dos clones, y esperar junto a mi equipo y descansar. Además, podría aprovechar el tiempo de espera para fijarme en ellos y tratar de sacar alguna conclusión. Sin interrogarlos, claro. Lo último que me conviene es tener a un equipo con dudas en plena persecución.
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#9
Cuando el mismo shinobi considerase acabado su discurso, la ilusión volvería a coger forma.

Esta vez no se encontraba en ningún bosque, ni siquiera al aire libre. Las paredes endebles de una tienda era lo único que le separaba del aire nocturno. Estaba en plena base enemiga. Estaba esposado con unas esposas supresoras de chakra y anclado al suelo con una cadena. Además, toda su indumentaria le había sido sustraída y reemplazada por una camiseta de manga corta y unos pantalones cortos. Ningún arma ni herramienta le iba a salvar.

Antes de siquiera poder adaptarse a su situación un hombre entró en la tienda y tiró a su lado a otro chaval, esposado también. El hombre era rubio con ojos verdes y tenía pinta de ser el jefe, mientras que el prisionero llevaba las misma ropa que el shinobi. Reconoció al otro muchacho, estaba totalmente seguro de haberlo visto entre el alumnado de la academia, aunque era incapaz de darle un nombre o decir con exactitud cuando lo había visto. Sin embargo, era un compañero de villa y profesión con total seguridad.

Te pongo en antecedentes, éste dice que no sabe nada, así que le vamos a cortar una pierna. Total, son todo beneficios, nos aseguramos de que de verdad no sepa nada y ni te imaginas lo fácil que se vigila a un tullido. Y si sigue sin contestarnos, pues tiraremos a por la otra. Porque solo hay una cosa más fácil de vigilar que un tullido y es un doble tullido. Ahora que sois dos igual podéis echarle un pensamiento. Chicos, agarrad al tullido, digo, al genin. Perdón, me he adelantado.

Dos hombres más entraron en la escena, rapados y con cara de poco cerebro y mucho músculo, agarraron al otro chico mientras su jefe escogía entre la multitud de armas que guardaban en la tienda. Finalmente, levantó una sierra dentada de metro y medio mínimo de largo.

Nunca entendí por qué demonios teníamos esta monstruosidad aquí. Es tan... aparatosa que no sirve para el combate. Supongo que va perfecta para hacer una carnicería —se acercó al chico inmovilizado que miraba con pavor la sierra—. Me han dicho que los Chunin hacen un juramento o alguna mierda así sobre proteger a sus inferiores. Yo voy a lanzar una pregunta al aire, si obtengo una respuesta, saldré de aquí tan contento y sin quitarle ninguna pierna a nadie.

El genin le dedicó una de las miradas más aterrorizadas que había visto en su vida, aún así, no abrió la boca, probablemente a sabiendas de que si lo hiciera lo único que saldrá de ella son súplicas y llantos. El verdugo bajó la sierra hasta que tocó la carne expuesta del chico, que ahogó un grito y cerró los ojos.

¿Quien es el jinchuriki de vuestra villa? Un nombre y un apellido y nadie acabará saliendo por partes de aquí.
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#10
Y de nuevo, a cambiar de escenario. Era como si estuviese en una obra de teatro, cuyo decorado cambiaba cada vez que cerraban y abrían las cortinas.

Ahora se encontraba en el interior de una tienda, que le recordó a aquella primera ilusión realizada por Uchiha Raito en la primera prueba del examen Chūnin. Las esposas supresoras de chakra, sin embargo, le recordó a aquella vez que estuvo encerrado en un calabozo en el Cañón del Secuestrado. Recuerdos malos, sin duda, como también lo era la ilusión.

Por mucho que supiese que no era real, a Datsue no le costó nada meterse en situación. Estaba atrapado, junto a un compañero, y o decía el nombre del jinchuriki o este lo pagaría con su pierna.

Datsue enseñó las palmas de las manos, pidiendo calma, y balbuceó con nerviosismo:

P-por favor, ¡u-un momento! ¡Tiene que haber otra manera!

¿Decir el nombre del jinchuriki? Sabía que no podía hacerlo. Ya no solo porque se esperase eso de él, sino porque él era el jodido jinchuriki. Era como suicidarse. Por tanto, solo había una opción. En realidad, siempre era la misma.

Mentir.

¡No, joder, no! —exclamó con rabia, con los ojos anegados en lágrimas, cuando vio la sierra acariciando la piel de su compatriota—. Joder… ¡Joder!

Forcejeó con las esposas. Tiró de ellas hasta dejarse las muñecas en ellas. Chilló. Pataleó. Cayó de rodillas. Su cabeza se hundió. Sus hombros se sacudieron en un silente llanto. Toda una teatralización, una de sus mejores actuaciones para justificar lo que estaba a punto de hacer.

El nombre… Su nombre es… —miraba al suelo, como si estuviese demasiado avergonzado de sí mismo como para erguir la mirada—. Uzumaki Ayumu. —murmuró—. ¡Uzumaki Ayumu, joder! ¡Y ahora cumplid vuestra parte, hijos de puta!
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#11
El hombre titubeó, por un momento, casi se lo cree, pero entonces sonrió. No dijo nada pero miró a su compañero y asintió. El movimiento de los dientes de la sierra sobre la pierna del shinobi fue instantáneo, éste abrió la boca para gritar y todo se congeló. La sangre en el arma goteaba a pesar de que el resto estaba completamente parado, hasta Datsue estaba congelado, pero aquel liquido rojizo fluía, chorreaba de la pierna a medio amputar del joven.

Durante unos minutos todo siguió igual, nadie pestañeaba, nada se movía, su cuerpo no le respondía, solo controlaba los ojos, pero no podía cerrarlos. Se formó un charco y se fue agrandando poco a poco. Solo se escuchaba el goteo y el fluir de la sangre.

Hasta que la sangre tocó sus rodillas y la estancia se transformó. Volvió a la habitación blanca con aquellas palabras pintadas en rojo, sin embargo, ahora ese mismo liquido llegaba hasta el suelo, suelo que estaba inundado de rojo. Además, ahora sí había un olor, olor a sangre.

Justifica tu respuesta

Cada letra tenía un rio en su parte más baja que llegaba hasta el suelo y se unía a la inundación. El liquido cubría unos tres centímetros de altura y parecía ir en aumento. Conforme pasaba el tiempo parecía que caía más y más de la pared al suelo, lenta pero inexorablemente la habitación se llenaba.

Seguía con la camiseta y el pantalón de la última ilusión, con las rodillas y las manos cubiertas por completo en aquel liquido que olía como la sangre, tenía el color de la sangre y transmitía un calor parecido al de la sangre.

Llegados a este punto, os hago el amable recordatorio de que vuestro personaje puede abandonar en cualquier momento.
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#12
«¡Hijo de…!» Lo supo en el momento en que sonrió. Supo que, o bien no había colado, o bien sí y al tipo le daba igual. Como quien tala un tronco movieron la sierra sobre la pierna de aquel pobre diablo, arrancándole aullidos de otro mundo.

Entonces, todo se congeló. El tiempo, su cuerpo… Todo salvo sus ojos y la sangre que seguía manando de la pierna a medio serrar del chico. Tuvo que permanecer así por unos angustiosos minutos, como quien padece claustrofobia y lo entierran vivo en un ataúd. No fueron pocas las veces que su Sharingan quiso salir a la luz.

Pero se resistió.

Se resistió.

Se resistió, y…

De nuevo la sala blanca. Mucho más sangrienta que antes, con las mismas palabras escritas en la pared. ¿Acaso la sangre era un mensaje? ¿Una especie de resultado de sus elecciones? ¿La sangre de sus compañeros Gennins al haber elegido mal en la primera prueba? ¿La sangre de su otro compatriota al no haber engañado a los captores? ¿Quería eso decir que le estaba saliendo mal? ¿Qué lo estaba haciendo horrible?

«Tranquilízate, joder. No sirve de nada lamentarlo ahora».

Los ninjas juramos proteger a nuestros jinchurikis —se obligó a responder—, no solo por la seguridad de Uzu, sino de Oonindo entera. Darles su nombre no era una opción. Podía negarme y ver cómo le cortaban la pierna, o podía mentir y ver cómo quizá se salvaba sin comprometer a nada ni nadie.
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#13
— ...sin comprometer a nada ni nadie.

Sus últimas palabras se fueron perdiendo con un eco muy marcado, como si estuviese en una habitación cinco o seis veces más grande. Tras unos segundos dejó de escucharse a sí mismo, pero nada cambiaba. La sangre seguía cayendo, subiendo el nivel de la inundación y las partes de su cuerpo manchadas.

No había nada que hacer, no había ventanas ni puertas, ni siquiera esa estúpida silla y eso que hace un momento estaba convencido de haberla visto. Las palabras ahora se veían borrosas pues la sangre empezaba a brotar de toda la superficie que habían ocupado las letras, multiplicando vertiginosamente la velocidad de llenado.

Nada cambiaría hasta que apenas hiciera pie en esa piscina densa y rojiza, justo entonces algo tiraría de él hacia abajo. Sentiría calor por todo su cuerpo, pues estaba rodeado de una sustancia cálida y acogedora. Sin embargo, no llegaría a sentir nada más porque en realidad estaba sentado, rodeado por aire.

Bienvenido de nuevo, Uchiha Datsue. Has llegado lejos, más de lo que esperaba, sin montar ningún numerito. Solo queda que preguntes, yo responda y ya. Puedes preguntar lo que sea, incluso alguna de tus tonterías.

Estaba de nuevo en la habitación donde se había sentado al principio. Con sus ropas y sin una sola mancha de sangre. Podía respirar normalmente y todas sus piernas parecían estar en su sitio. Toda la estancia estaba exactamente como la había dejado hacía apenas unos momentos.

Aunque la voz de la examinadora seguía igual de perturbadora. La única diferencia es que el aire parecía más cargado que antes, seguramente porque era verano y llevaban encerrados en esa aula Kami-sama sepa cuanto tiempo. Claro que los huevos a medio comer no ayudaban al ambiente, que empezaba a soltar un tufo a huevo que echaba para atrás.
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#14
«¿Qué cojones…?»

Se hundía. Se hundía en la sangre de sus amigos. De sus compatriotas. De una ilusión.

Hija de… ¡Me cago en tu raza, para ya! —gritó enrabietado y asustado a partes iguales. Por mucho que supiese que aquello era un Genjutsu, sabía, como buen ilusionista que era, que existían ilusiones que hacían más daño que la propia realidad.

Para su suerte, la kunoichi no fue más allá. De golpe y porrazo, Datsue volvió a la realidad. Su cuerpo, sin embargo, tardó un poco en procesar que lo estaba, respirando todavía agitadamente.

La mujer no tardó en hablarle. «Una pregunta, ¿eh?» Se tomó unos segundos para sosegarse y pensar alguna interesante.

¿De verdad eres una ribereña del Sur?

Los huevos, el pin… Todo lo que más odiaba estaba frente a sus narices. Casi parecía… hecho a propósito.
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#15
El examinador se levantó de su cojín y se acercó a la ventana para abrirla mientras escuchaba al shinobi. Aunque no pudo evitar soltar un suspiro al oir la pregunta.

No esperaba menos de ti, Uchiha Datsue. Una pregunta estúpida como la que más. Pues claro que...

Pero antes de poder acabar de hablar, abrió la ventana para airear la estancia. En cuanto la abrió, una fuerte explosión tumbó toda la cristalera y el muro que la sostenía, enterrando en escombros al mismo examinador y dejando al shinobi aturdido tras caer hacia atrás violentamente.

Tras unos segundos, o unos minutos, el shinobi volvió en sí, apenas oía por el zumbido que le había dejado la explosión en las orejas, tenía varias rascadas superficiales y ante él la pared derrumbada encima de su examinador, al que ahora solo se le veía un brazo inerte. Detrás de él la puerta se abrió y una voz sonó a tal volumen que la pudo escuchar perfectamente.

¡Aquí hay uno vivo! ¡Hey, chaval! ¡Tiene que salir de aquí ahora mismo! ¡Nos atacan!

Si se giraba vería al mismo manco que les había atendido en primer lugar. Era cierto que se escuchaba todo tipo de sonidos típicos de combates shinobi. Choque entre metales, el silbido de armas arrojadizas e incluso explosiones causadas por todo tipo de choque de ninjutsus. Y cada vez los oía más cerca. A un lado tenía al hombre, que parecía estar vigilando que nadie entrase por el pasillo, al otro, la pared derribada, que ahora dejaba ver uno de los patios interiores de la academia.
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