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Situación actual (global): Tras la muerte de la mayoría de Señores Feudales a manos de la banda de criminales Dragón Rojo en el Torneo de los Dojos, el mundo ha pegado un giro de 180 grados. Las sombras de un nuevo Daimyo en el País de la Espiral preocupan a Sarutobi Hanabi. En el País de la Tormenta, Amekoro Yui ha creado secretamente el cargo de Tormenta mientras hace creer al resto del mundo que es la nueva Señora. En el País del Bosque, el único Daimyo superviviente teme por su vida. Pero no sólo los Tres Grandes han visto el status quo totalmente quebrado.

En el País del Fuego se extendió el caos, y hace tiempo ya que el Jūchin del Valle de los Dojos lo conquistó, expulsando a unas mafias que todavía colean, buscadas por los sámurais. En el País del Viento hay una cruda guerra civil a varios bandos, y en el de la Tierra hay rumores de que una está a punto de llegar, quizás más esperada que la anterior. El País del Agua, quizás, esté en el centro de todo. Y si no lo está, debería preocuparse por demostrarlo, pues las sospechas sobre Umigarasu crecen cada vez más. Las aldeas saben que algo planea, al principio con Dragón Rojo, ahora quizás al margen de Dragón Rojo, según las últimas informaciones.

Sea como fuere, la banda sigue ahí fuera. Más perseguida que nunca por el crimen más grande de la historia reciente. Pero quizás no sean más que la punta del iceberg de las amenazas de los ninjas. Kurama, junto a sus Generales, asegura ser el próximo Emperador de Oonindo. Nadie lo dice abiertamente, pero todo el mundo sabe que algún día presentará la guerra a las puertas de cualquiera de nosotros.
Inuzuka Etsu Sin conexión
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#1
Allá donde habita un fantasma que deambula constantemente en busca de pobres victimas a las que asustar, podría decirse también que habita un alma en pena que busca en su sempiterna agonía algún alma caritativa que le escuche y ayude a emigrar al más allá. Esa siempre había sido la filosofía del abuelo, e incluso la de su padre. Pero cabía decir que la idea en su padre era mucho más efímera, pues se cubría en su constante manto de mentiras, con su carismático mantra: su sonrisa.

No tío, los fantasmas no existen. Seguro que se lo ha inventado el viejo — —Increpó de nuevo el Inuzuka, por duodécima vez consecutiva.

Akane dejó caer un suspiro, cansado de escuchar a su hermano escudándose en su propia idea, en su camino para evadir una posible verdad. Con desdén lanzó sus orbes hacia el de rastas, queriendo decirle que ya bastaba, que era suficiente. Las palabras no fueron necesarias, entre ellos había un vinculo demasiado especial.

¡Esta bien! ¡está bien! Ya paro... —Se quejó en lo que se llevaba ambas manos tras la nuca, esbozando una sonrisa. —Pero... ¿de verdad piensas que pueda haber un fantasma en esa mansión? ¡Hermano! ¡Eso es una tontería! ¡Y lo sabes!

La melodía volvía a sonar, en ese tremebundo runrún que parecía no tener un final declarado. Por suerte o por desgracia, habían llegado hasta la misma entrada de Notsuba. Quizás esa incesante pesadez del rastas llegase a su final en breve. El can atisbó nada mas cruzar las puertas a los lugares mas altos, donde solían hallarse las fortalezas encantadas en los libros y películas. Pero en Notsuba eso era como buscar una aguja en un pajar...

Los dojos se enlosaban a lo largo de la vista hasta casi rozar el sol, y eso que andaban a poco más de medio día; siendo así que el astro rey podía andar perfectamente en lo más alto. La gente caminaba por las calles con bastante tránsito, siendo quizás común en un día entre semana, y enarbolando la posible serenidad de aquél hermoso lugar con un bullicio más bien de urbe que de un lugar tan tradicional y dedicado a la meditación y el entrenamiento.

¿Prewwwuguntamos?

Etsu se adelantó un poco, buscando a quién podían preguntar —Si, estaría bien... de lo contrario vamos a tardar una eternidad.
~ No muerdas lo que no piensas comerte ~
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Maki Isamu Sin conexión
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#2
La ciudad sobre las montañas parecía ser un punto en común que llamaba la atención de mucha gente, o por lo menos eso le parecía a él. No sabía bien que era lo que la gente iba a hacer o buscar ese lugar. Sin duda, tenía una fachada muy linda y que podía llegar atraer turistas, además de parecer un lugar bastante tranquilo y donde no tenía pinta de haya complicaciones o conflictos.

«Supongo que valdrá la pena.»

Solo unos metros por delante le quedaban para llegar al dichoso lugar. A primera vista, vio más gente de lo que pensó que iba a haber. Si es verdad que es la única ciudad grande que existe en el país, pero quizás pensó que la fluctuación de gente iba a estar un poco más reducida en esa época del año. De todos modos, eso no iba a cambiar su humor ni arruinar su pequeña salida de la aldea.

«Al fin.» Suspiró y empezó a estirar sus músculos unos momentos antes de entrar.

Con un lento caminar y con sus ojos observando inquietantemente el nuevo lugar, se iba adentrando a su ritmo. Su cuerpo lo sentía algo pesado, quizás por el cambio de clima que hay entre este lugar y su aldea residencial, pero no se sentía cien por ciento cómodo en esos lares.

Paró un momento su andar para poder hidratarse, quedándose observando con más detalle el lugar que lo rodeaba. No había nada que le llamase especialmente la atención.

«Bueno, esto no es lo que esperaba. Pero por lo menos voy a poder despejarme y descansar un poco.» Cuando sus labios tocaban la botella y comenzaba a beber el contenido, con su mirada empezó a seguir a un chico que logró captar la atención. Solo con ver las rastas, ya le parecía una persona por lo menos curiosa. «¿Y este tipo de donde salió?»

No se esmeró mucho en disimular que lo estaba viendo, sin darle mucha importancia a lo que pensaran las demás personas.
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#3
Akane lanzó la mirada hacia un lado, en lo que Etsu lanzaba la suya hacia el contrario. Dicen que cuatro ojos ven más que dos, y razón no le faltaba a ese jodido loco matemático. Apenas en un par de segundos de pura observación del entorno en busca de algún lugareño al que preguntar por la casa de Kokoloko, ambos toparon con un sujeto que drásticamente destacaba de entre el resto. El tipo destacaba principalmente por su altura, pues le sacaba una cabeza a casi toda persona que circundaba por la zona, lo cuál no era poco. Además, lucía un rostro de pocos amigos, y era de tez pálida que casi rozaba el color de la leche. Casi parecía un fantasma levitando entre los ansimismados aldeanos.

Por un instante, el Inuzuka de rastas pensó que podía tratarse del fantasma del que había oído hablar al abuelo. Tragó saliva, casi perdiendo la calma, y fue entonces que se escudó con su mejor arma: Una sonrisa. Aunque siendo muy sinceros, la sonrisa era imposible de tragar. Sin embargo, no tardó en descubrir por su indumentaria —principalmente por su bandana— que se trataba de un shinobi, y no de un espíritu malhumorado.

Solo era un ninja malhumorado. Uno más.

Tomó aire, y no dudó en descargarlo en un leve suspiro de alivio. Se llevó la diestra tras la nuca, en lo que su sonrisa tornaba mucho más verdadera, su rostro podía reflejar una temporal calma. Temporal, obvio, puesto que en algún momento debería regresar a su tarea. Lejos de molestar al tipo largo, buscó a alguien que pudiese parecer un poco más de allí. No tardaría demasiado en encontrarlo, se trataba de un anciano de cabellera ausente y doscientas mil cuarenta y siete arrugas. Quizás alguna arruga más. Vestía un kimono bastante simple, de color verde y ausencia total de detalles.

¡Bueeenas! Disculpe señor, pero... ¿sabe dónde podría encontrar la mansión de Kokoloko? —preguntó sin tapujos.

El hombre desvió su mirada hacia el de rastas, y cesó su caminar —¿C-cooomo dise?

Que si sabría usted indicarme dónde puedo encontrar la mansión de kokoloko —insistió una vez más el Inuzuka.

Y-y-yaaa ve tú que´si. Jo-jovensiiito, ´so está pallá al hondo —aclaró, en lo que indicaba con su diestra la calle principal. —De-despué tuerhe a la deresha, y la-la primera bocacalle pa lazquierda.

Etsu creyó haber podido entender las indicaciones, más aún con un hermano canino que había aprendido a hablar como le daba la gana. Si lo entendía a él desde el inicio, un dialecto pueblerino no sería apenas un reto. Le agradeció con una reverencia, acompañado por Akane.

Muchas gracias, señor.

¡SEÑÓH TU PAE! ¡HINVERGÜENSA! —Se quejó el hombre, que se fue enfurruñado siguiendo su camino.

Quizás le había molestado que le llamasen señor, achacándolo a un exceso de edad. A saber qué mosca le había picado al anciano... Fuere como fuere, el Inuzuka se encogió de hombros, y continuaría su camino junto al huskie por el camino que el buen hombre les había indicado.
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#4
Observando más detalladamente, pudo llegar a notar que se encontraba acompañado. Además, con sus ojos pudo divisar una bandana ninja, con un símbolo de una aldea la cual no tenía aún identificada. Aunque, no sabe si por la pinta o por la forma de ser de la persona, ya había pensado que el tipo no venía del mismo lugar que él.

Poco antes de bajar su mano, para dejar de tomar agua, notó como el otro shinobi respondió su mirada con una sonrisa algo nerviosa, que luego se transformaría en una un poco más verdadera. Se sintió un poco extrañado por esa reacción, tan así que una leve inquietud recorrió su cuerpo y desvió su mirada para otro lado. Secando sus labios con su antebrazo y cerrando la botella que tenía en su mano, siguió su rumbo, dejando de un lado ese fugaz encuentro.

No tardó mucho en volver a detenerse en medio de su caminata. Pero esta vez no era un factor externo, sino el estómago del Hozuki que produjo un ruido producto del hambre que tenía.

Siempre lo mismo. — Susurró para él mismo. Luego suspiró con la cabeza gacha y puso sus manos en el abdomen.

Quizás el comer poco (o nada) en el desayuno, era una costumbre que tenía que empezar a ir cambiando. Reanudó su caminata, esperando toparse con algún lugar para poder comer algo. No llevaba consigo nada comestible que se haya preparado de su casa, pero por lo menos si tenía el suficiente dinero para poder estar comiendo por esos lares.

Solo unos minutos más caminando hicieron que se choque con un local de comida. No era muy llamativo por fuera y se notaba que no era muy grande. Tenía un estilo y una decoración muy rústica, y parecía no ser muy moderno. Entró, sin darle mucha importancia a la fachada del local y se sentó en una mesa algo pequeña. Rápidamente, como si de un depredador cazando a su presa se tratase, un hombre de no más de 50 años fue a atender al shinobi. El hombre no era muy alto, tenía el pelo canoso y unos ojos marrones claros, que resaltaban bastante en su cara.

¿Qué se le ofrece? — Dijo el hombre, estando en frente de Isamu y con sus manos apoyadas en el respaldo de unas sillas vacías.

¿Pueden ser unos onigiris? Los comeré aquí. — Comenzaba a sacarse un morral que llevó todo el tiempo consigo, donde guardaba un par de prendas de ropa por si su tiempo allí se alargaba, y lo apoyaba en el suelo, dejándolo entre sus piernas.

¿Solo eso? Te puedes llegar a quedar con hambre.

Si si, cualquier cosa pido otro plato si eso llega a pasar.— Intentó esbozar una sonrisa, aunque se le notaba que no era muy verdadera que digamos. —Gracias... — Dijo con un tono más bajo y desviando la mirada.

El hombre asintió con la cabeza y devolvió su sonrisa. Dio media vuelta, para empezar a encargar el pedido y que salgo lo más rápido posible. Mientras tanto, el shinobi se quedó esperando pacientemente y observando un poco mejor la fachada que llevaba ese lugar. Era un estilo que le agradaba, al ser bastante simple y acogedor, hacía que se sienta bastante cómodo en ese lugar.
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#5
El Inuzuka, siguiendo las indicaciones del señor, prosiguió su camino directo y sin titubeos a lo que podría ser una de sus más macabras aventuras. Desde luego el abuelo tenía a veces unas ideas de lo más inquietantes, pero como bien decía... no se puede dejar de lado el dinero, ni al que buenamente te lo hace llegar. El dojo familiar se mantenía gracias a numerosas fuentes de ingreso, y si una de éstas pedía auxilio, no podían darle la espalda.


[...]


En una mesa no muy lejana a donde el Amejin se había sentado, un pequeño conformado por dos parejas parecían inmersos en una conversación que por suerte o por desgracia para el de Amegakure, parecía ya bastante vislumbrada. Una pelirroja de cabellera larga y lacia, que vestía un kimono rosa y podía tener unos treinta años, posó la diestra sobre la mesa y echó gran parte de su peso sobre la misma.

Os lo dio yo, que ésto no es muy normal. Anoche ya no eran solo risas lo que se escuchaban, además de las típicas risas escandalosas del señor Fuyashi, se escucharon un centenar de gritos.

P-pero.... ¿y qué insinúas con eso? —increpó el que se hallaba justo frente a ella. Un chico quizás cinco o siete años menor a ella, un joven que vestía un kimono azul intenso, de cabellera color bronce bastante corta, y unas gafas redondas.

»¿N-no se supone.. q-que el hombre había muerto?

La pelirroja golpeó enérgicamente la mesa con la diestra, tras lo cuál desvió su peso contra el respaldo de la silla, hasta el punto de casi caerse de espaldas. Acto seguido lanzó la misma mano señalando al chico de gafas —¡Precisamente! ¿No os parece raro? ¿Será un fantasma? ¿o se trata de algún sin-techo que se ha colado en esa casa sin dueño?

Inamori —interrumpió un hombre de su misma edad, que vestía un kimono verde y tenía el pelo rojizo y de su misma longitud. —Ya hemos hablado ésto antes. Lo que debes hacer, es llamar a la guardia, y que se encargen ellos, que para eso les pagan.

La rubia que se hallaba justo a la vera de éste, de cabellera corta y ojos negros, y que vestía un kimono blanco; terminó por encogerse de hombros y dejar caer un suspiro —La verdad, los guardias no suelen hacer mucho, todos dicen que la casa está encantada. Al parecer la han registrado varias veces, y todos los que han entrado han salido de allí corriendo despavoridos. No hay mucha gente con el valor suficiente para acercarse siquiera.

¡E-eso es una tontería! —se quejó el de gafas. —Kotsu y... ¡y yo! ¡s-somos capaces de entrar ahí!

El pelirrojo lo miró de reojo, sin saber muy bien si reír o llorar —¡Oye! A mi no me metas en tus jaleos.

Las dos chicas estallaron en una risa, en lo que el rostro del chico de lentes enrojecía .
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#6
No tardó mucho en aparecer nuevamente el hombre con el pedido del shinobi. Apoyó el recipiente con dos onigiris en la mesa y el joven, en señal de agradecimiento, hizo una pequeña reverencia con la cabeza. En la que el señor se dio media vuelta, tomó una de las esferas y comenzó a saciar sus ganas de comer.

Recostado contra el respaldo de la silla donde estaba, ve de reojo a un grupo de personas que estaba cerca suyo. No le había prestado tanta atención hasta el momento, pero hubo unas palabras que lograron captar la atención del Hozuki. «¿Gritos? ¿Un hombre que debería estar muerto?» Dio vuelta su cara y miró para otro lado, intentando con todas sus fuerzas ignorar la conversación que estaban teniendo. Sabía que si seguía escuchando más cosas iba a terminar entrometiéndose en el asunto, como solía hacerlo de costumbre.

Pero de repente, un fuerte golpe hizo resonar en el lugar, llamando nuevamente su atención y haciendo que vuelva a mirar a las dos parejas, notando como la pelirroja por poco no se fue al piso. Con sus ojos abiertos, en un principio por el susto del golpe, se quedó mirando sin disimulo al grupo de personas, ahora sí, prestándole el cien por ciento de su atención.

¿Fantasma? No sonaba algo muy lógico y tampoco era algo en lo que el gennin creyera mucho. Pero ya el hecho de que haya un poco de misterio y misticismo en ese lugar, hacía que algo en él se active. Su curiosidad no podía dejar pasar la oportunidad para meterse de lleno en ese asunto, por lo menos hasta saber que era lo que había detrás de todo esto.

Parecía que ese tema de conversación había terminado en esas últimas risas de las dos chicas. Pero todavía faltaba la palabra del espectador.

P-perdón no quiero parecer entrometido, pero... — Su tono de voz había cambiado un poco y su forma de ser parecía ser algo más nerviosa. Siempre suele ser algo más vergonzoso de lo normal cuando quiere saber algo sobre un tema que no debería ser de su incumbencia. —... no pude evitar oír su conversación ¿De qué trata eso del fantasma? —Desvió por un segundo su mirada, pensando en lo que estaba diciendo y lo poco razonable que sonaba. —O eso de lo que estén hablando. No suena muy lógico que digamos, pero también veo que le tienen un poco de respeto al tema y tampoco veo que se les haga fácil descubrir que es lo que está detrás de todo eso.
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#7
El chico no pudo esconder su curiosidad. Cual gato impulsado a explorar lo inexplorado, o a tirar cualquier tipo de objeto al suelo desde una superficie elevada para comprobar el efecto, el genin de Amegakure interrumpió las risas de las chicas. Apeló la atención del grupo en un tímido intento, que obtuvo lo que bien buscaba, participar en la conversación. Preguntó de que se trataba, a lo cuál el grupo reaccionó volviendo la vista hacia el nuevo partícipe en la tertulia.

El chico de gafas redondas lanzó la mano hacia las mismas,recolocandolas sobre su nariz —Quizás hoy estás de suerte, Inamori. Un shinobi.

La pelirroja sonrojó un poco, en lo que hacía una rápida reverencia al genin —P-perdona a éste estúpido personaje... —inquirió en lo que buscaba con su mirada al de gafas. —Supongo que tarde o temprano pedirán ayuda a alguna aldea, pero la verdad, al ser justo en el edificio frente a mi casa, termina afectándome directamente bastante. Se-se trata de una casa en que se escuchan demasiadas cosas raras, como risas o gritos... y se supone que el dueño murió hace unos días, por lo que no se sabe de dónde proceden los ruidos.

He ahí que sean raros los ruidos. —Interrumpió el pelirrojo.

Exacto... —retomó la pelirroja. —De hecho, la puerta de la casa está abierta aunque precintada con varias cintas. Algunos dicen que no hay nadie en la casa, pero hay otros que dicen que las cosas se mueven de un lado a otro sin sentido alguno, y que hay diversas marcas extrañas en la casa. Yo personalmente he escuchado todo ésto de mano de varias personas, después de todo veo a la mayoría de los que entran allí... Lo mas raro, ninguno de los que entran quieren volver a hacerlo, la mayoría salen corriendo despavoridos. Incluso soldados...

»No se ya qué hacer...

La rubia tomó las manos de la pelirroja, y blandió una cálida sonrisa —Tranquila, Inamori, seguro que todo es un bulo de la gente que anda cobrando fuerza.
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#8
Se quedó observando a cada uno que iba tomando la palabra para responderle, esperando que llegue la marea de información hacia él y viendo que dato podía aportarle cada uno. Ahora si poniendo un poco más de atención al grupo de personas, notó como la chica pelirroja parecía ser la más afligida o, por lo menos, la que más le molestaba ese problema que había.

No es necesario perdonarse por nada. — Agitó las manos de un lado a otro, riendo un poco nervioso y esperando a que la chica termine de hablar.

Una vez escuchado todo lo que estas personas tenían que ofrecerle, soltó un suspiro de alivio, ya algo más tranquilo de saber que pasaba... o por lo menos a medias.

Bien, todo es bastante raro en ese lugar al parecer. — Un poco más serio, hizo un pequeña pausa para morder ya la segunda bola de arroz. —No les prometo nada, pero quizás puedo ir allí para ver si puedo resolver el problema. Por suerte, no tengo que hacer nada en específico aquí. Así que tengo tiempo para echarle un ojo a eso, además de que me parece llamativo. — Dijo después de tragar. —Puedo ir ni bien termine esto. Aunque deberían darme las indicaciones para llegar, ya que no me ubico muy bien por este lugar. Claro, si ustedes quieren, por supuesto.

Se quedó mirando intrigado a las cuatro personas, esperando una respuesta
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#9
Isamu, tras escuchar lo que la chica guardaba, afirmó que realmente todo le resultaba raro. Mascó una segunda bola de arroz, y aclaró que el tema le resultaba interesante. Según él, no tenía nada más que hacer por ese lugar —ya fuese porque había terminado sus tareas, u otro motivo— y le dedicaría su tiempo al suceso. No se comprometía a solucionarlo, pero con ese simple intento ya hizo emerger de los ojos de la pelirroja unas lagrimas. Éstas no terminaron de brotar, pues la chica hizo todo lo posible por aguantar la emoción, pero poco le faltó.

—¡Muchas gracias, señor shinobi! —aclamaron todos casi al unísono.

El genin concluyó con que apenas terminase de comer, se iría a investigar. Eso sí, necesitaba indicaciones para llegar al lugar, pues no sabía por donde quedaba esa casa "encantada". Era evidente, que los chicos no tenían ánimos contrarios a indicarle, el genin era un suspiro en la situación para la pobre pelirroja.

Claro, no será problema. —Apresuró a contestar la chica. —Y no te preocupes por la cuenta, déjala a mi cargo.

»Mi casa está siguiendo ésta calle hasta el final, luego tienes que tomar la calle que sube por la derecha, la quinta calle que veas a tu izquierda es la que da a mi casa. Es una casa de color rosa con decoraciones en color amarillo pálido, destaca un poco, pero no más que la casa que te comentamos, que está justo al lado. Es una casa que tiene puertas y ventanas tapiadas, o con cintas para que la gente no entre. Es de color rojizo, mayormente de maderas, y seguramente haya gente a sus puertas... Pocos se atreven a entrar, pero los curiosos son muchos.
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#10
Por dentro se sorprendió un poco por la reacción del grupo, sobre todo de la chica pelirroja. Si entendía la situación, pero nunca pensó que era para tanto. De todos modos, sus gestos faciales no expresaron mucho e intentó quedarse inmutable. Se limitó a quedarse callado, por estar comiendo, mientras estos le agradecían y, posteriormente, la chica que encabezaba la voz del grupo, le explicaba y le daba las indicaciones hacia el lugar.

Entiendo, entiendo. — Terminó de comer la última bola de arroz e iba tomando el morral que estaba entre sus piernas. —Se agradece mucho los detalles e indicaciones. A veces se me complica un poco situarme en los lugares. — Intentó esbozar una sonrisa, la cual no parecía muy convincente, pero podía servir. Se paró de la silla y se puso su morral. —Ah, cierto. Muchas gracias también por pagar la cuenta. —Sin rechazar la oferta de la chica, dejó que pagué su cuenta y, simplemente, se marchó de aquel lugar.

Casi al pie de la letra, al salir de la puerta, comenzó a seguir el camino que le acababan de comentar. Iba caminando hacia el dichoso destino, sin saber que era lo que le iba a esperar. Incluso, ni siquiera la gente que vivía al lado de esa casa sabía que era lo que podía llegar a habitar allí. Y, quizás, eso era lo que lo mantenía aún con ganas de llegar e intentar ver que hay detrás de todo eso.

Estaba ya a unos cuantos metros de llegar a la casa, se empezaba a notar la gente que había alrededor de la entrada. El relato de la pelirroja era bastante acertado, se notaba que el día a día parecía ser siempre lo mismo para estas personas. Se acercó directamente a donde estaba la gente e intentaba hacerse paso entre ella.

Permiso. — Dijo en un tono algo más alto de su voz normal y poniendo su mano en frente para hacerse entre la gente.
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#11
El chico marchó del lugar, y terminó yendo a la casa "encantada" reiterando sobre las pautas ofrecidas. La guía o indicaciones habían sido más que acertadas, y no tardó en topar con un gran número de personas. Éstas le dificultaban el paso, pero a base de alzar la voz y andar apartando a la gente, no tardaría en dar con la misma puerta del sitio. Ésta estaba abierta, aunque precintada con un par de cintas que, curiosamente parecían estar arrancadas recientemente.

Entre los comentarios de la gente, seguramente podría percibir algún "¿otro shinobi más?" o bien algún "¿dónde se cree que va ese joven?". No era de extrañar, el transito hacia dentro no era de lo más frecuente, normalmente la dirección de marcha era contraria.

Para antes de que el chico pudiese atravesar el umbral de la puerta, una mano lo tomaría del hombro, buscando acaparar su atención. Se trataba de un hombre adulto, de quizás cuarenta años. Éste vestía un kimono blanco, con un simbolo verde en el pecho, que seguramente pertenecía a algún grupo de artes marciales del lugar. Su cabellera era corta y rubia, y sus ojos negros como dos pozos de petróleo.

Chico... —interrumpió al shinobi. —Ten cuidado, esa casa no es buen asunto. Ya hay otro shinobi dentro, pero aún así es peligroso. Deberían tener cuidado.

Lo primero que vería tras el umbral de la puerta principal, era un pasillo sin decoración alguna. Las paredes, lisas y de color anaranjado, no presentaban grietas, humedades o deterioro. Al final del mismo, tras uno veinte metros, se hallaba una puerta de madera cerrada. De hecho, si intentaba abrir se encontraría con que ésta estaba cerrada, y era el único sitio por el que acceder al resto de la casa.
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#12
El grupo de personas parecía dejarlo pasar entre ellos, pero, mientras lo hacía, los mismos largaban comentarios no tan alentadores para el chico. A pesar de esto, su tranquilidad no se partía en lo absoluto, o por lo menos eso intentaba aparentar. Tras pasar entre la gente, se quedó delante de la puerta del lugar. Al igual que todo lo que había en esa calle, también estaba bien descrito por la pelirroja, estaba con varias cintas a su alrededor. Aunque, estas estaban arrancadas y le daba indicio a que alguien se había metido hace no mucho. Justamente, había oído de los comentarios de las personas que otro shinobi ya se metió a la casa. Pero no le dio mucha importancia al asunto, teniendo en cuenta que quizás estaba ahí dentro por lo mismo que iba a entrar él.

Justo antes de hacer el salto de fe y dar los pasos para meterse a la casa, siente en su hombro una mano que interrumpe su camino. Se dio vuelta instantáneamente y se quedó viendo al señor que le estaba hablando. Pasmado por el accionar de este, pegó un suspiro vago y corto.

Le agradezco mucho la advertencia, y también que me avises que ya hay otra persona dentro. — Sin querer parecer violento, apartó la mano del señor sutilmente de su hombro y dio media vuelta, nuevamente, hacia la puerta. —Pero necesito saber que pasa aquí dentro. Es un tema mío.

Sin necesidad de dar más explicaciones, empezó a caminar para meterse dentro de la casa. Lento y muy atento, atravesaba el umbral de la puerta, para por fin intentar averiguar el misterio del sitio.

El primer tramo era un pasillo largo, bastante simple, sin nada en especial, ni adornos ni nada. No había mucho más que hacer además de caminar para adelante, parecía que era la única dirección por la cual se podía meter al lugar. Luego de unos cuantos metros caminando, se topó con lo que parecía el final de ese pasillo, el cual daba a una puerta de madera. Lo primero que hizo fue intentar abrirla, cosa que no iba a poder ser, ya que esta se encontraba cerrada. Intento ejerciendo fuerza, empujando la puerta para intentar abrirla, aunque obviamente no iba a dar buenos resultados.

«¿No había alguien metido aquí dentro? Lo tuvo que haber cerrado él, supongo. No pudo haber entrado de otra forma.» Intuyó, intentando no malinterpretar ni dejar nada a la imaginación.

¡Hey! — Habló fuerte, mientras le pegaba a la puerta con el puño, generando ruido a través de esta. —¿No había un shinobi aquí?
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Inuzuka Etsu Sin conexión
Genin de Kusa
Ninjas de Kusa
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#13
Las advertencias fueron en vano, pues el shinobi aseguró que tenía asuntos que atender ahí dentro. Lejos de insistir, el hombre cesó y dejó pasar al chico. Éste, una vez atravesó el umbral de la puerta, se vio adentrándose en un pasillo con una única dirección posible. Para cuando llegó al final, e intentó abrir la puerta, se encontró que estaba cerrada a cal y canto. Era raro, pues se suponía que alguien justo acababa de pasar por ahí.

La solución del chico fue simple y sencilla, aunque para nada ortodoxa. Golpeó la puerta con el puño, en lo que alzaba la voz preguntando por el shinobi. A veces, los planes más sencillos son los más eficaces. Tardó un poco, pero la respuesta se hizo cada vez más audible, pues en los intervalos de tiempo que no aporreaba la puerta se escuchaba del otro lado la madera retorciéndose en su dirección. Como alguien que avanzaba hacia la puerta.

¿Quién es? —preguntó, aún desde el otro lado. —¿y por qué no abres simplemente la puerta?

Como por arte de magia, y sin ningún sonido de pestillo o cerrojo liberándose, la puerta se abrió sin más. De otro lado quedaba el shinobi de rastas, Etsu. Poco más adelante andaba Akane, un enorme huskie, que andaba olisqueando por mitad de la sala.

La susodicha sala era bastante grande, un salón de lo más amplio. El techo era de color caoba, mientras que las paredes eran amarillentas y el suelo naranja. Al final de la sala, había una enorme chimenea ornamentada, y a sendos lados de ésta un par de puertas similares a la del pasillo. Sobre la balda de la chimenea habían un par de jarrones, de base blanca y detalles rojos y celestes, algo así como flores. Un poco mas al centro había una butaca enorme, conformado de piel y seda, visiblemente lujoso. A su lado, una mesilla bastante fina de madera, en la que reposaba un vaso casi vacío, y una botella de algún tipo de alcohol. El contenido del vaso no distaba mucho de la botella de su lado. A ambos lado de la sala se encontraban un par de cuadros, con diferentes motivos. Uno iba de una guerra naval, otro de un paisaje invernal, el tercero parecía ilustrar una playa, y el cuarto y último era un retrato. Éste último era de un hombre bastante bien logrado, con bigote y sombrero, de piel clara y cabello oscuro.

¿Tú... ? —preguntó el Inuzuka, recordando haberlo visto hacía un rato.
~ No muerdas lo que no piensas comerte ~
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