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Estamos en Cargando..., Cargando... del año Cargando....
Situación actual: Tras la reunión mantenida por los Kage en el Valle de los Dojos, se ha firmado una renovada Alianza de las Tres Grandes. Uzushiogakure, Kusagakure y Amegakure unen fuerzas contra la invisible amenaza de los Ocho Generales de Kurama. Así, sus ninjas prometen velar por la paz y colaborar compartiendo cualquier información que obtengan de estos, tanto como garantizar la seguridad de los tres Guardianes jinchuuriki, Uchiha Datsue, Eikyuu Juro y Aotsuki Ayame.

Se está construyendo un complejo circuito de vías de ferrocarril a lo largo y ancho de Oonindo. Se prevee que el servicio de trenes del continente se inaugure a principios de Viento Gris. Al mismo tiempo, en secreto, se está instalando una red de telefonía internacional para altos cargos. Este es un secreto que los shinobi han jurado guardar para sí mismos. El teléfono está disponible de forma local en cada una de las aldeas, y aunque en Amegakure ya existía, en Uzushiogakure y Kusagakure está suponiendo toda una revolución.
Pato! pato pato! pato pato! pato! pato pato pato! pato pato! pato pato!
#1
Muy a su pesar, Etsu caminaba solo por las calles de Kusa. El chico había tenido que dejar a su hermano —Akane— con su abuelo, pues según éste tenía algunas cosas que enseñar al can. No sabía muy bien a qué se refería, puesto que éste era mas listo que un centenar de sabuesos juntos. Pero bueno, digamos que llevarle la contraria al abuelo servía mas bien de poco. Si es que llegaba a existir siquiera la posibilidad de debatir el asunto, siempre recurría a "mientras seas más joven que yo, seguirás mis consejos."

Absurdo, pues jamás llegaría a ser mas viejo que el abuelo. A simples palabras, era como discutir con una pared. Lo más que podías llegar a obtener es un silencio inquebrantable.

El rastas podía dedicarse a continuar con su entrenamiento, si. Pero no era lo mismo si no lo hacía con su can. Necesitaba entrenar, o al menos así lo pensaba con toda su alma, pero no tenía fuerzas para hacerlo si no era junto a Akane. Aunque solo fuese testigo del entrenamiento, aunque él se dedicase tan solo a mascar un hueso a un lado... quizás esa hermandad era demasiado fuerte. Tanto que asustaba.

¡Tsk! ¿y ahora qué hago? Si ni siquiera ha dado la hora del comienzo de las clases en el dojo del abuelo...

El rastas caminaba realmente sin rumbo, buscando qué hacer en esa soleada tarde de primavera. Las calles se sucedían una tras otra, así como la gente cumpliendo sus quehaceres. Aburrido, el chico comenzó a lanzar una moneda al aire, tomándola en el vuelo antes de caer al suelo. Repetía el gesto continuamente, en lo cuál caminaba y seguía observando a su alrededor.

¿Qué podía hacer?
~ No muerdas lo que no piensas comerte ~
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#2
Era una día agradable, de esos que no hace mucho frío ni calor, ni de los que te empuja a buscar una chaqueta cuando cae la noche. Al parecer el clima había pactado con kusagakure para que la temperatura fuera agradable, hasta cuando aparecía la luna. Esto Geki lo sabía y había decido salir de su casa, sin su chaqueta, quería estar liviano de equipaje.

Las misiones últimamente le estaban robando bastante tiempo y no sólo eso, sino que, también la mayoría de las veces llegaba exhausto y prefería quedarse dormido.

Pero hoy era diferente, al genin le habían dado el día libre para que hiciese lo que quisiese y así fue.
Tomó su billetera y esa tarde caminó hasta un pequeño RestoBar que se encontraba en la esquina de su casa. Los días anteriores, al pasar por allí, se percató que en el menú, en lo más alto de este, estaba posicionada una oferta de brochetas de diferentes sabores. Quizá no era el momento para una cena, pero poco le importó.

Cuando llegó a la tienda se acercó al mostrador y un viejo lo atendió amablemente. Pidió dos brochetas de cerdo, mientras se sentaba en un taburete, el restaurant era pequeño y su frente estaba abierto, como los tradicionales. Geki estaba solo en aquel lugar y confirmó que no era la mejor hora para ir.

Disfrutaba del aroma de la carne asada, prácticamente con los ojos cerrados, como si estuviera en trance, hasta que la voz del veterano lo despertó.

—Aquí tienes

—Muchas gracias. Dijo repentino Geki, que no esperaba de ninguna manera la voz del anciano y se puso nervioso —¿Cuánto es? — Preguntó seguido mientras sacaba rápido la billetera, pero en un movimiento tonto de manos se le cayó al piso y desperdigó un montón de monedas que corrieron por todos lados. El muchacho se apresuró a juntarlas, tanto habían corrido por el piso que terminó de cuclillas fuera de la tienda recogiendo las últimas. Cuando justo se topó con un muchacho. Con una de ellas en la mano.

—Oh, muchas gracias por ayudarme. Ojalá hicieran las monedas cuadradas para que no corrieran tanto, no entiendo la manía de hacerlas redondas — Y extendió el brazo para tomar la moneda que sostenía el otro.
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#3
El chico de rastas caminaba con toda la calma del mundo, tranquilo. No tenia nada en mente, no sabía en que malgastar ese tiempo que tenía antes de que volviese Akane. Se sentía vacío, como un par de rebanadas de pan sin nutella. Seguía con su juego de la moneda, buscando acertar con qué cara de la moneda iba a topar al momento de atraparla en el aire. Casi de manera inconsciente se propuso el juego, no era algo que tuviese premeditado.

¡clink! ¡clink! ¡clink!

Dos o tres monedas tropezaron con el pie del chico. Éste no pudo evitar echar un ojo a las monedas, extrañado. Pero su dueño no tardó demasiado en aparecer, pasando por debajo de la cortina que daba entrada a un restaurante. El chico caminaba agazapado, y con la vista en el suelo. En su mano tenía un puñado de monedas, pero parecía que no había terminado su tarea. Al menos eso le decían las monedas al lado de su pie.

Etsu se dispuso a agacharse para ayudar al chico, pero antes de que ésto pasase, el joven ya había terminado de recoger las monedas del suelo. Al reincorporarse, quedó observando la moneda que llevaba el Inuzuka, y pensando que ésta era una de las que se le habían caído, le pidió al rastas que le diese su moneda.

El Inuzuka alzó una ceja en una mueca de confusión —perdona, pero creo que ya has recogido todas las monedas que se te han caído... ésta la llevaba en la mano lanzándola al aire desde hacía un rato, la verdad.

Pero algo aún menos inesperado sucedió en ese instante, un tipo realmente gordo. Aunque esté fea la palabra refiriéndose a una persona, en serio. Pero esa persona era gorda en el mayor de los sentidos, y grande... enorme. El hombre podría medir casi los dos metros diez centímetros. Sus manos eran tan grandes como la cabeza de Etsu, y eso que el Inuzuka no calzaba una pequeña.

Eza monea eh mía. Que se má caío —zanjó el asunto de la moneda, arrancándosela de la mano al Inuzuka casi en un bofetón.

El Inuzuka quedó mirando al hombretón por un instante sin saber muy bien qué decir, o cómo proceder. El mamut ese estaba tatuado hasta las cejas, rapado y con una cresta a mitad de esa enorme cabeza, con varios pendientes, y un centenar de cicatrices. Vestía un kimono verde bastante holgado, el cuál debía estar cosido a partir de la vela de un barco al menos... bajo éste, un pantalón negro y unas botas del mísmo tono. No tenía ningún signo de que fuese shinobi, ya fuese por una bandana o por algún portaobjetos.

¡O-oye! ¡que esa moneda es mía! ¡A tí no se te ha caído ninguna moneda! —contestó al fin el Inuzuka.

Pero el hombre ni le hizo caso, había visto que el otro chico tenía una buena cantidad de monedas en la mano. Obviamente, esas monedas también se le habían caído al hombre. Lanzó otro manotazo, tan rápido como corpulento era el hombre. Y con las mismas, le quitó las monedas al otro chico.

Éstah tanbién ze man caío —sentenció la mole.

El Inuzuka, sorprendido ante la actuación del hombre, le intentó propinar un empujón al hombre —¡EH! ¡TÚ! —pero el empujó no hizo ni sirvió para nada. Esa enorme bestia era demasiado pesada, y su corpulento cuerpo no hizo ni amago de moverse.

El hombre miró al Inuzuka —¿qué quiereh tú, enano?

¡Devuelve esas monedas! ¡no son tuyas! —no, evidentemente el chico no podía callarse.
~ No muerdas lo que no piensas comerte ~
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#4
El intercambio con el chico había sido interrumpido por la presencia abrupta de aquel ser humano gigante, o al menos así lo percibía Geki desde su metro y medio. Tenía pinta de ser una persona rebelde, sombría y luego su accionar justificó los pensamientos del Senju. El hombre arrebató la moneda de la mano de Etsu sin ningún escrúpulo, mientras Geki quedó petrificado a tal accionar ¿Sería acaso de verdad esa moneda del hombre tatuado? ¿El Inuzuka sería un verdadero ladrón de monedas?

¡O-oye! ¡que esa moneda es mía! ¡A tí no se te ha caído ninguna moneda!

El Senju escuchaba el intercambio atentamente, casi sin pestañear, estaba petrificado como una piedra, la escena no le causaba miedo, pero él era consiente de que allí se podía liar parda.

Hasta que el corpulento hombre lanzó otro manotaso y le quitó casi sin resistencia las monedas a Geki, que no pudo más que intentar echarse para atrás por reflejo y exclamar un —¡HEY! — por instinto. Este tipo claramente era un matón, pero un matón gallina capaz de meterse con unos genin.

Geki había pasado de un momento de expectante a decidirse de lleno en entrar en aquella disputa. Podía sentir como el calor y la presión se le subían a la cabeza, era el enojo que venía escalando desde su estomago he intentaba salir por algún lado, pero al chocarse con los dientes apretados del joven tiñó de rojo su cara.

—¡EH! ¡TÚ!

—¿qué quiereh tú, enano?

—¡Devuelve esas monedas! ¡no son tuyas!


—¡TE LO DECIMOS POR ÚLTIMA VEZ DEVUÉLVELAS!

Sentenció, escupiendo la rabia que contuvo unos segundos. Pero no servia de mucho hablarle a aquella montaña, alguien dispuesto a robar dinero sin importarle a quién de seguro estaba dispuesto a pelear sin mediar palabra. Pero quién en su sano juicio podría meterse con unos ninjas de su aldea, sabiendo que entrenaban para pelear, alguien preparado para hacerlo.

Mientras tanto el viejito del restaurant había escuchado el revuelo y había sacado la cabeza por entre las telas de su tienda para husmear.
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#5
El Sneju quedó tan sorprendido ante la situación como el Inuzuka. La verdad, éste tipo de sucesos no eran de lo mas frecuente dentro de la aldea, y mucho menos en contra de unos shinobis. Son parte de las fuerzas de protección de la villa. Lo normal es no meterse en problemas con la autoridad, por mucho que fuesen novatos en ese camino.

El ambiente se caldeó, sobre todo para cuando el hombretón sacó las monedas de la mano del otro chico de un mero guantazo. Hasta el chico, que momentos atrás había quedado sin palabras, reaccionó en pos de reclamar lo que era suyo por derecho. Conforme las voces se alzaban, el dueño de la tienda terminó por asomar hacia afuera, intrigado por lo que pudiere pasar. No era el único interesado, las miradas comenzaron a cernirse sobre los tres implicados. Las miradas no sabían muy bien a quién apoyar, pues nadie se había fijado en el suceso hasta ese mismo instante. Abuelos, niños, mujeres que aún tenían las bolsas de la compra entre manos, jovenzuelos que buscaban liar con un grupo de chicas en el bar de al lado...

Público no les faltaba.

El hombre comenzó a sudar un poco, no se esperaba quizás que los chicos se atreviesen a llevarle la contraria. Nervioso, lanzaba constantes miradas a su alrededor, temiéndose seguramente un rapapolvo. Por suerte o por desgracia, por la cercanía no parecía haber ningún chunin o jounin que les ayudase a salvar la situación.

Vamos, devuelve las monedas y olvidamos el asunto. Además, no te dan ni para una borrachera... no empieces una guerra por una lucha perdida...

El estómago del hombre comenzó a rugir, mucho. Demasiado, a decir verdad. No parecía normal, desde luego que no. Observaba aún mas su alrededor, aún más nervioso si es que cabe la opción. Cerró los ojos, se llevó las manos a la cabeza, casi parecía querer tirarse de los pelos... aunque no tenía.

¡AAAAAAHHHH! —el hombre estalló, no literalmente. —¡I naiyō haishutsu!

Y tremendo pedo se tiró.

Literalmente el hombre se vació, con un pedo que cubrió todo el lugar en una nube de tono entre marrón y grisáceo. Si para los allí presentes el olor era asquerosamente insoportable, no habría palabras para definir lo que el Inuzuka sintió pasando por sus fosas nasales.

Una arcada. Con lágrimas en los ojos, y las manos en la boca, logró evitar que floreciese a modo de vómito. Una segunda arcada. De nuevo, hizo de tripas corazón, y pudo evitar que fuese a más.

La nube tóxica desapareció en apenas un par de segundos, al igual que el hombre.

Sin embargo, el efecto había sido aterrador. La técnica del hombre era tremenda, despiadada, sin escrúpulos... y más aún para un Inuzuka, con su maldito olfato superdesarrollado. La tercera arcada llegó, y el chico hasta clavó las rodillas en el suelo. Se retorcía del propio malestar que ese olor le había producido.

L-la madre... q-que... que lo ¡PARIÓ! —escupió el chico, realmente enfadado.

¡Plunch!

Clavó su puño contra el suelo, aún intentando recuperarse. El Inuzuka seguramente sería el último de los afectados capaz de recomponerse... aunque el resto no es que hubiesen salido impunes.
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#6
Un olor nauseabundo empezó a invadir el área después de grito del vándalo, algo andaba mal. Geki al principio olfateó fuerte intentando buscar de dónde provenía, grave error, enseguida notó que las narinas le empezaron a arder, como si hubiera respirado algún ácido. Nunca había escuchado de aquella técnica, pero en aquel momento estaba siendo eficaz, cuando vio descompensado a su compañero.

Geki automáticamente intentó llevar la mano a la nariz para bloquearla, pero era demasiado tarde, ya había aspirado aquel olor y sentía su sabor en la boca y en la garganta. Era un aroma a huevos descompuestos que les hacia revolver las tripas, en principio intentó vomitar, pero por suerte no tenía nada en su estomago, lo que dejo el intento de vomito en unas arcadas fuertes y repulsivas.

Prácticamente el olor le hizo cerrar los ojos y doblarse por aquella tensión estomacal *Maldición, esto es horrible* Se quejaba en sus adentros mientras intentaba no respirar.

—PERO ASCO ESTO — Fue lo único que pudo decir en aquel momento, en una mezcla de desagrado y enojo que se oía muy raro por los dedos en la nariz de Geki.

Mientras retrocedía pasos e intentaba apartarse lo más lejos de la escena que pudiera, intentando apartar el olor que le llegaba con con su mano, la que movía en forma de abanico.

*No sé si valían tanto las monedas como para comerse esto*

Le habían arruinado la comida, la comida que había esperado, que había ansiado hace días poder comer, la comida que lo hizo moverse horas antes de su casa al restaurant. Se había arruinado todo y ese pensamiento pasó por su mente.

—AHORA SI QUIERO MIS MONEDAS, ME QUITASTE HASTA EL APETITO

Refunfuño al aire, mientras que sacaba la cabeza como cuando se está en un mar y se sale a respirar. Bueno aquello era un mar, un mar de pedo.
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#7
Etsu no fue el único que blasfemó, refunfuñó, se quejó o maldijo a los cien mil hijos de Satán... ni mucho menos. Todos los que llegaron a ser pillados por sorpresa por la técnica del abusón, y estaban bajo su alcance, terminaron de manera similar. Arcadas, vómitos, náuseas, mareos; no había nada de bueno en los síntomas, nada de lo que ese hombre pudiese enorgullecerse. Aunque bien había que reconocer que como táctica de último recurso, era una técnica infalible para huir.

Para cuando el Inuzuka pudo reicorporarse un poco, pudo observar que el otro chico que había sido robado reclamaba a regañadientes sus monedas. Denunciaba que le había quitado hasta el apetito. La verdad, muy mal de la cabeza habría que estar para conservarlo tras haberse comido el desparrame gástrico del gordo.

¡Tsk! —chasqueó la lengua, mientras levantaba la pierna y se intentaba reincorporar —ese cabrón... la lleva clara si se cree que puede escapar...

Se tuvo que llevar la mano al rostro, en un aún mas que presente malestar general. Su mueca de disgusto era sin precedentes, pocas vece había sentido algo así, o quizás nunca. A pesar de tener un estómago de hierro, se lo había revuelto. Terminó de alzarse, al fin, y escupió hacia un lado. Tenía que quitarse ese mal sabor del paladar.

¿Vienes? Yo al menos no pienso perdonar ese comportamiento... seguro que no somos los primeros a los que roba...

La pregunta obviamente iba dirigida al chico al que habían sacado también las monedas, la otra víctima. El rastas, sin perder segundo alguno, comenzó a olfatear discretamente, no de manera demasiado pronunciada. Además, lo último que quería era tomar demasiada... "esencia" de ese malnacido.

No tardó en obtener el rastro que buscaba. No era una gran hazaña, pues el abusón se había condenado a sí mismo dejando un gran rastro de olor.

Ya sé por donde ha huido —sentenció el Inuzuka, mirando hacia la ruta de huida.

El ladrón había huido por un callejón cercano, y a deducir por su apariencia, no habría corrido demasiado... ¿o sí?
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#8
*¿Escapar?*

El ninja volvió su cara hacia la dirección del ladrón, pero esta vez apretaba la nariz con los dedos de la mano. Por alguna razón tenía el ceño fruncido, pero no por enojo, era de ese ceño que se pone al intentar leer letras demasiado pequeñas. Pero el ladrón ya no estaba ahí. Había desaparecido, así como por suerte desaparecía el aroma horrendo del aire.

Giró la cabeza hacia Etsu, este se levantaba poco a poco, mientras maldecía, escupía y hablaba a la vez.

¿Vienes? Yo al menos no pienso perdonar ese comportamiento... seguro que no somos los primeros a los que roba...

Claro que iría, pero no sabía discernir en cuál de los comportamiento era el imperdonable, si robarle a la gente o llevarla al borde de la muerte con semejantes flatulencias. En ese momento, con el ladron lejos Geki ya se calmó un poco, distendió y se cruzó de brazos, una posición cómoda para él. Pero en el momento justo cuando iba a contestar al Inuzuka vio otra escena desagradable que le revolvió el estómago de nuevo.

*Cómo puede olfatear eso, este quiere conocer la cara de dios* el genin volvió la mano de nuevo a la nariz e hizo una arcada silenciosa. Era como usar abrigo en verano, un acto sin necesidad.

—Claro que te acompaño, aparte, tengo que pagarle la comida a ese señor — Señalo con el dedo pulgar hacia sus espaldas, donde se encontraba el restaurant y empezó a caminar hacia delante —Ya vengo viejo — Le soltó mientras se iba.

—¿Por tus marcas eres Inuzuka no? — Rezó en su mente que el verle olfatear no fuera un fetiche —¿Cómo te llamas?
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#9
El chico que había sido atracado al igual que el Inuzuka pareció caer en cuenta en ese preciso momento de que el ladrón se había dado a la fuga. Algo mas calmado, retomó una compostura mas calmada, aunque no por mucho tiempo. Para cuando volvió su vista hacia el Inuzuka, y éste rastreaba el olor del gordo, volvió a insinuar una arcada en silencio. No era para menos en realidad, el olor aún lo conservaba en la garganta...

Aclaró que sí que acompañaría al rastas, pues aún tenía que pagar al tendero. El hombre, aún algo afectado vigilaba desde la tienda, cabeceando de lado a lado ante la situación tan adversa. El chico terminó anunciando al mismo que regresaría para pagar, para tras ello caminar hacia el Inuzuka.

De a cuerdo, pues vamos allá.

El chico hizo un inciso durante el camino, preguntando al rastas si era Inuzuka por esas marcas que llevaba. A decir verdad, lo había clavado. Pero tampoco era muy difícil, ¿no? es decir, no había demasiados clanes que tuviesen marcas faciales como ellos, y menos de colmillos rojos. Al menos era culto en ese asunto, o lo parecía.

Así es, mi nombre es Inuzuka Etsu —anunció —¿y tú eres...?

Eso de socializar con personas no se le daba demasiado bien, tan solo esperaba no sonar demasiado tosco. Pero fuere como fuere, continuaron andando. No demasiado rápido, pero tampoco lento. El Inuzuka tenía mas que captado el para nada sutil aroma del ladrón, y podía huir... pero jamás podría esconderse.

Caminaron la calle casi por completo, hasta llegar a un cruce de caminos, allí tomaron la izquierda. El callejón era bastante menos grueso que el resto, y en éste apenas habían escaparates. A decir verdad, los pocos escaparates allí presentes estaban con las rejas bajadas, o apagados y cerrados del todo. Nadie circulaba por esa calzada, el flujo de gente allí era nulo, como una callejuela dejada de la mano de dios.

Al fondo, muy al fondo, se podía ver la silueta inconfundible del gordo, así como tres siluetas mas bastantes mas bajas y escuálidas. Casi del tamaño de una persona normal, recordando el tamaño del ladrón, era algo que podía llegar a confundirse.

Dos jóvenes pelirrojos, escuálidos y ataviados con ropas negras. Ambos llevaban un kimono negro, con mangas recortadas y una larga tira de tatuajes a lo largo del brazo. Parecían casi gemelos, salvo que llevaban distinto corte de pelo. Uno lo llevaba largo y liso, hasta media cintura, mientras que el otro lo llevaba corto y rizado. El tercero del grupo parecía fuera de lugar, llevaba gafas cuadradas y de montura fina, un elegante kimono azul con detalles caoba, y un riguroso y minucioso peinado tradicional.

Allí están —avisó a Geki.

Aún estaban bastante alejados, y éstos no habían caído de la presencia de ambos genin. Seguían hablando entre ellos, parecían estar negociando algo. O quizás el hombre de posible alta clase solo era una víctima más...
~ No muerdas lo que no piensas comerte ~
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