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Ascua, Verano de 220
Situación actual (global): Tras la muerte de Moyashi Kenzou a manos de Eikyuu Juro y tras los acontecimientos en la última reunión de los Tres Grandes Kage, Kusagakure ha abandonado la Alianza Shinobi, y ha decretado la prohibición de entrada en el País del Bosque a todos los jinchuuriki. Aunque a petición y bajo presión de los Señores Feudales las relaciones comerciales siguen intactas, las políticas y personales entre los líderes se tambalean. Uzushiogakure y Amegakure trabajan juntos en una Alianza Tormenta-Espiral, y se mantienen ocupados realizando operaciones de investigación y derribo contra Kurama y su ejército y contra el grupo criminal Dragón Rojo, a quien comienzan a considerar una amenaza muy seria. Se han enviado peticiones de pega de carteles con las recompensas y el aspecto de todos los miembros conocidos a todos los países, aunque el País del Agua se niega a colaborar... ni a dar respuesta alguna a la petición. Los ninja controlan de forma estricta los puertos de las diferentes capitales y lugares de entrada marítima a sus países de origen, y desbaratan cualquier fábrica o distribuidora de omoide a la que puedan echar el guante.

Los Gebijuu siguen provocando estragos y ocupando a los shinobi de tanto en tanto. Se ha descubierto que estas bestias han sido creadas por Kurama y por sus secuaces. Uzushiogakure y Amegakure han decidido colaborar con los demás bijuu contra Kurama y transmitir a sus aldeanos y shinobi la necesidad de dejar atrás todas las nociones preconcebidas sobre estas bestias de chakra. No obstante, las ideas de los Tres Primeros Kage están muy arraigadas y hay aún gente a la que no le agrada del todo esta idea... a todos los problemas externos se le suma ahora uno interno: el surgimiento de grupos rebeldes o terroristas que se niegan a aceptar el cambio de paradigma.

En medio de estas turbulencias, se está celebrando una nueva edición del famoso Torneo de los Dojos a petición de los Señores Feudales. Ninjas de todas las aldeas conviven durante un tiempo en el Valle de los Dojos, y participan en un certamen de peleas de exhibición.
¿¡PERO QUÉ COJONES!?
Amedama Daruu Sin conexión
Jōnin de Ame
Jounin de Ame
Nivel: 31
Exp: 8 punto
Dinero: 240 ryō
#1
Dispuesto a cumplir el mandato de Amekoro Yui, Daruu salió de su habitación. Se despidió de su madre, que en aquellos momentos se encontraba preparando bollitos de vainilla a ciegas, gracias a la técnica que aprendió de Ayame. Daruu suspiró, mientras veía cómo la mujer se levantaba del suelo y recogía las bandejas del horno.

Lo cierto es que era de admirar. Desde el primer día, no se había rendido. Los ahorros de su madre y su propio sueldo eran suficientes para los dos, de sobra incluso. Pero ella insistía en que algún día abriría la pastelería. De hecho, antes de salir le dijo una frase que le dejó totalmente paralizado, pero sólo cuando ya había salido a la calle y se dio cuenta de lo que podría significar.

«Este Viento Gris igual tenéis que volverme a ayudar con los bollitos de calabaza...»

Sea como fuere, otra curiosidad tiraba de él más fuerte. Se ajustó la capa de viaje, ancha e impermeable, que le cubría todo el cuerpo, y se echó hacia adelante la capucha. Caminó entre el gentío y salió cruzando el puente. Notificó a los guardias el objeto de su partida.

Desde la aldea, divisó las copas de los árboles del Bosque de Azur. Allí se dirigiría primeramente, para refugiarse de la inclemente tormenta entre el follaje de la linde oriental. Más tarde tomaría un desvío.

Ya eran las ocho de la tarde cuando saludó a los ANBU a la entrada del Túnel. Se adentró en él y tomó gran velocidad antes de subirse de un salto a la cinta. Siempre daba vértigo, porque el cacharro se deslizaba endemoniadamente rápido. Gracias a la tormenta de las Llanuras de la Tempestad Eterna.

Cuando salió, los guardias de la puerta dieron un respingo. Daruu se disculpó educadamente, todos rieron y el joven reemprendió la marcha.

Desde el Túnel, viajó hacia el sudeste, hacia Yachi. Allí tomó asiento en La Pipa de Calabaza, un acogedor restaurante que frecuentaba cuando viajaba de pequeño a Yachi con su madre. Allí, le recibieron entre gran alboroto, y le invitaron a cenar, hecho por el cual Daruu se sintió terriblemente culpable. Pero Roshi, el enjuto y pelirrojo dueño del establecimiento, atusándose el bigote, no le dejó opción alguna.

Ya de noche, bajó con cuidado por la cuesta que besaba al acantilado y que conducía hacia la cabaña de vacaciones de la familia Amedama. Rebuscó en su portaobjetos un rato, y tras encontrar la llave, pensó lo terrible que habría sido habérsela dejado en Amegakure.

Tras cerrar la puerta, Daruu se fue directo a su habitación. Tras dejar tres marcas de sangre adjacentes en la pared, se tiró en la cama y dejó que el Dios de los Sueños le meciera hasta el día siguiente.
Esto es una prueba.
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Amedama Daruu Sin conexión
Jōnin de Ame
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Nivel: 31
Exp: 8 punto
Dinero: 240 ryō
#2
Se levantó temprano. No porque quisiera, no por el deber de una misión cumplida rápido y bien. Sino porque se le había olvidado bajar la persiana, y ese rayo de sol hijo de puta le cayó en toda la cara. Refunfuñando, volvió a ponerse el uniforme y salió de la cabaña.

Bien, no creía realmente que fuese a encontrar problemas. Pero la última vez que no creyó que debiera tomar ninguna precaución, se puso a entablar una conversación con alguien que procedió a paralizarle, ordenar que le esposaran y, posteriormente, secuestrarle. Y aquella era una zona fronteriza. Por lo tanto, viajaría hasta el Valle del Fin a lomo de uno de sus pájaros de caramelo. De color blanco. Mejor que si alguien pasase por allí, le confundiese por una nube.

Sobrevoló las Tierras de la Llovizna. A lomos del pájaro, un viaje rápido. No tardó mucho en divisar el Valle. Las estatuas se veían desde lejos, pero mejor sobrevolarlo para inspeccionarlas mejor.

Una vez arriba, las tres le parecían un simple borrón. Miró a la que estaba más lejos, la de su kage. Entrecerró los ojos. Había algo raro. Una ausencia. Pero no sabía qué. Echó manos al portaobjetos, a su espalda, y sustrajo sus lentes de aumento. Si había un momento perfecto para probarlas, era ese. Se las ajustó. Giró la rueda...

¿¡PERO QUÉ COJONES!?

Joder, claro que había una ausencia. Lo que se ausentaba en aquel caso era LA PUTA CABEZA DE SU PRIMER ARASHIKAGE. «¿Pero estamos locos o qué?» La cabeza de Daruu estaba uniendo enlaces entre sucesos a toda velocidad, y si unías que el hecho de que la cabeza de Sumizu Kouta hubiera sido destruida sin dejar rastro era una locura a la pregunta "¿quién ha podido hacer algo así?", y eso lo unías a "tenemos un conflicto sin resolver con los uzujin", y tenías en cuenta aquella esa otra flecha que apuntaba a la parte del cerebro de Daruu que se encargaba de recordarle que todos los uzujin estaban locos o tenían intenciones ocultas malignas, encontrabas la sentencia:

UZUSHIOGAKURE HA DECAPITADO LA ESTATUA DE SUMIZU KOUTA.

Una pequeña parte de Daruu le dijo a Daruu: «Espera, espera, prudencia. No creemos otro conflicto internacional, puede haber otra explicación». Pero es que enseguida, recepción contestó: «¿CUAL? ¡ME ENCANTARÍA ESCUCHARLA!»

Al final, decidió que sería la Arashikage quien tuviera que darle sentido a la única afirmación que podía asegurar al cien por cien. Y el sentido que pudiera darle le aterraba profundamente.

Formuló una secuencia de sellos, y se teletransportó de vuelta a la villa. El pájaro de caramelo se convertiría en un jarro de agua fría para cualquiera que pasara por allá abajo.


· · ·


Daruu se quitó las lentes de aumento lentamente, y lentamente las introdujo en el portaobjetos. Respiró hondo un par de veces, con la mirada clavada en algún punto del inexistente horizonte de la puerta de su habitación. Reconstruyó la marca de sangre que había utilizado con aquél teletransporte, y abrió la puerta.
Esto es una prueba.
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