![]() |
|
Jamones entre nubarrones - Versión para impresión +- NinjaWorld (https://ninjaworld.es) +-- Foro: Amegakure (https://ninjaworld.es/foro-amegakure) +--- Foro: Calles de la Aldea (https://ninjaworld.es/foro-calles-de-la-aldea--68) +--- Tema: Jamones entre nubarrones (/tema-jamones-entre-nubarrones) |
RE: Jamones entre nubarrones - Aotsuki Ayame - 28/11/2019 Daruu no dudó ni un instante en hacer uso de sus habilidades de caramelo: con un solo sello de su mano zurda formó un sólido escudo de color azul cielo que se adhirió a su antebrazo y justo después su derecho chisporroteó con la furia de un millar de pájaros eléctricos. La electricidad recubrió la hoja oculta que ahora esgrimía el shinobi que se acababa de nombrar a sí mismo Caballero de la Mesa Redonda. El jabalí pareció verse sorprendido por el despliegue armamentístico de su oponente, pero no parecía que aquello fuera a acobardarlo. Más bien al revés, entrecerró sus pequeños ojillos y comenzó de nuevo a escarbar en el suelo, sacudiendo de un lado a otro su único colmillo que hacía las veces de su propia lanza caballeresca. Y con un nuevo chillido de gorrino, el gigantesco animal, que tenía la misma altura que el shinobi que lo enfrentaba, volvió a cargar hacia delante con todas sus fuerzas. . . . —¿D-De donde si quiera han salido? —farfulló la genin, poniéndose en pie de nuevo y recolocándose la espada de madera que llevaba consigo. Ayame suspiró para sí, aliviada de que la muchacha no hubiese sufrido mayores daños. —No tengo ni idea, pero aquí paradas no vamos a arreglar nada. ¡Vamos! Comenzaron la marcha, pero pronto se hizo evidente que la genin era mucho más lenta que ella. Por mucho que se esforzara, no sería capaz de alcanzar a Ayame si esta decidía acelerar. Pero si seguían yendo tan despacio corrían el riesgo de que los animales terminaran por escapar. Por otra parte, Ayame no se atrevía a dejarla sola. Ni siquiera podían estar seguras de que no vinieran más animales por la retaguardia. Por eso tomó una rápida decisión: sin frenar siquiera el avance entrelazó los dedos índice y corazón de una mano con los de la otra en un curioso sello y, con una repentina nube de humo, una réplica idéntica a ella apareció a su costado. El clon la miró durante un instante y asintió sólo una vez antes de echar a correr con toda la fuerza de sus piernas. Las dos kunoichi no tardaron ni dos segundos en perderla de vista en el horizonte. —Creo que aún no me he presentado, por cierto. Soy Aotsuki Ayame. RE: Jamones entre nubarrones - Amedama Daruu - 28/11/2019 Lejos de amedrentarse, el enorme animal hizo acopio de tozudez y volvió a arrastrar la pezuña sobre la piedra de la calle, dejando una fea y negra marca de desgaste y de porquería. Ambos se miraron a los ojos y ambos los entrecerraron, preparándose. Cuando el cerdo envistió, Daruu antepuso el escudo, pero en lugar de bloquear, dio un saltito y rodó en el aire con una acrobacia, apoyándose en el lomo del animal y deslizándose por su piel. Dejó el escudo doblado para apoyar el lateral del filo de su espada. Así, mientras el puerco pasara por debajo, la hoja rasgaría la carne. RE: Jamones entre nubarrones - Himura Ren - 1/12/2019 — No tengo ni idea, pero aquí paradas no vamos a arreglar nada. ¡Vamos! — contestó. El paso de Ren tardo poco en verse superado por el de la otra kunoichi; de hecho intento forzar su marcha sin resultado alguno, no solo retrasando a su acompañante, si no que ademas tuvo que verse forzada a parar a recuperar el aliento. Con las manos sobre sus propias rodillas y algo reclinada, jadeaba con impotencia y rabia. «Maldita sea, no soy capaz de correr mas; y a este ritmo, se nos van a escapar.» Una mueca de preocupación se dibujo de inmediato en el rostro de Ayame, y debia tomar una decisión inmediata: Si la dejaba sola, podría llegar a verse en peligro por algun otro animal extraviado; y si seguia con ella, le entorpeceria la marcha y los otros escaparian. Por lo que opto por la opción mas sensata; las dos a la vez. Hizo unos agiles gestos con la mano, y en un instante una nube de humo se formo de golpe, dando lugar a un clon de ella misma. La original, no tardo ni un momento en desaparecer como si estuviera galopando, — Creo que aún no me he presentado, por cierto. Soy Aotsuki Ayame. — Himura... Ren... — respondió entre resoplidos. — [color=royalblue]Lo siento, solo te estoy entorpeciendo. Añadio finalmente, esbozando una tonta sonrisa. RE: Jamones entre nubarrones - Aotsuki Ayame - 5/12/2019 Como en la típica escena de una película de western, shinobi y jabalí se enzarzaron en el momento cumbre de aquel peculiar duelo que acababa de comenzar. Los dos se miraron a los ojos durante unos instantes que se hicieron eternos, mientras las gotas de lluvia golpeaban sin piedad sus cuerpos. Y entonces, de un momento a otro, el jabalí se abalanzó sobre el muchacho. Daruu dio un pequeño salto y se apoyó sobre el lomo del animal, que soltó un nuevo berrido cuando sintió el filo de la hoja rasgando su piel. Claro que los jabalíes son animales muy tozudos, y aquel no era ninguna excepción; por lo que, antes de que el shinobi llegara siquiera a tocar tierra, el animal se revolvió y usó sus pezuñas traseras para asestar una potente coz en su rostro. Unas pezuñas que Daruu fue perfectamente capaz de ver que venían cargadas con un brillante chakra. . . . —Himura... Ren... —resolló la genin, entre resoplidos de agotamiento— Lo siento, solo te estoy entorpeciendo. Ayame torció la cabeza en un gesto indulgente. —No te preocupes por eso ahora, no puedo dejarte atrás y que venga otro de esos animales y... —¡ESPERAAAAAAAAD! —escucharon tras sus espaldas. Ayame se detuvo momentáneamente y miró hacia atrás. No pudo contener una mueca de absoluta estupefacción. Hacia ellas se acercaba a todo correr un hombre adulto, desnudo de cintura para arriba y con el torso apenas cubierto por pieles. Se abalanzó prácticamente sobre ellas, y cuando las alcanzó las tomó bruscamente por los hombros—. Esp... Esperad... Por favor... —resollaba, con implorantes ojos clavados en las dos muchachas—. Chi... Chicas... Ha... ¿Habéis visto unos jabalíes por aquí? Unos jabalíes... algo más... grandes de lo normal... RE: Jamones entre nubarrones - Amedama Daruu - 9/12/2019 Daruu giró y se puso bocaabajo. En ese momento contempló con horror cómo el cerdo levantaba las pezuñas traseras y se proponía a metérselas en toda la boca, entre otras cosas más curiosas y preocupantes de las que se estaba dando cuenta en ese preciso momento. Pero su salud dental era la más acuciante, sin duda, así que interpuso el escudo de caramelo entre él y el animal, y así es como, por segunda vez, el amejin salió volando y rodó por el suelo. Se levantó gruñendo él mismo como un puerco y volvió a desafiar al maldito bicho con la mirada. —¡Pero bueno! —dijo extendiendo ambos brazos con rabia—. ¡No, si ahora el puto cerdo también va a usar el chakra y todo! ¡Me cago en todos los dioses de Oonindo! A Amenokami no le hizo mucha gracia aquello. Como si le hubiera oído, el Dios de la Lluvia hizo arreciar el torrente que caía sobre Amegakure. —A ver, y ahora cómo le entro yo de nuevo... —Jugueteó con los dedos alrededor del mango de su espada y una vez más volvió a envolverla en la Tormenta. RE: Jamones entre nubarrones - Himura Ren - 12/12/2019 Ayame torció la cabeza en un gesto indulgente. —No te preocupes por eso ahora, no puedo dejarte atrás y que venga otro de esos animales y... —¡ESPERAAAAAAAAD! —escucharon tras sus espaldas. Ayame se detuvo momentáneamente y miró hacia atrás. No pudo contener una mueca de absoluta estupefacción. Hacia ellas se acercaba a todo correr un hombre adulto, desnudo de cintura para arriba y con el torso apenas cubierto por pieles. Se abalanzó prácticamente sobre ellas, y cuando las alcanzó las tomó bruscamente por los hombros—. Esp... Esperad... Por favor... —resollaba, con implorantes ojos clavados en las dos muchachas—. Chi... Chicas... Ha... ¿Habéis visto unos jabalíes por aquí? Unos jabalíes... algo más... grandes de lo normal... Ren acompaño a Ayame en su gesto de sorpresa; bruscamente intenso zafarse, usando ambas manos para retirar el brazo de aquel tipo de encima de ella, para acto seguido retroceder unos pasos intentando guardar algo de distancia. En su rostro también dibujo una mueca entre estupor y algo de temor, aquel individuo era de lo más pintoresco. — P-Pero que... ¿Eres el dueño de esas bestias o algo así? — le dirigió entonces una mirada de desconcierto a Ayame, intentando buscar respuestas aunque suponía que tendría tan poca idea como ella. RE: Jamones entre nubarrones - Aotsuki Ayame - 15/12/2019 Ren intentó zafarse del agarre del hombre; pero enseguida comprobó que las manos y los brazos del extraño eran fuertes, mucho más fuertes que ella, y aún más fuerte era su desesperación. —P-Pero que... ¿Eres el dueño de esas bestias o algo así? —D... Dueño... No... No exactamente... —balbuceó, tembloroso—. Yo... estaba practicando la Técnica de Invocación en un parque aislado, cerca de aquí. Pero... pero... Creo que se me ha ido un poco de las manos. «Oh, no...» Ayame no pudo sino abrir los ojos de par en par, con el sudor frío perlando su frente. —Estás... ¿Estás diciendo que esos jabalíes son invocaciones fuera de control? —repitió ella, pálida como la cera. Y él asintió profusamente varias veces. Ayame ni siquiera se esperó a comprobar si Ren comprendía la gravedad del asunto. Se dio media vuelta y echó a correr. El hombre la acompañó y, al comprobar que Ren no era capaz de seguirles el paso, la tomó sin ningún tipo de delicadeza y se la colgó del hombro como un saco de patatas. —¿Vais...? ¿Vais a ayudarme? —¡Hombre! ¡Desde luego no podemos dejar a los animales sueltos por ahí! Podrían resultar heridos, o herir a otras personas... ¡Daruu salió corriendo detrás de un jabalí enorme con un solo colmillo! ¡Tenemos que detenerle antes de que haga alguna locura! —¡¿DETRÁS DEL GRAN ŌSHISHI?! —gritó, aterrorizado. Y hubo algo en el tono de su voz que le puso los pelos de punta a Ayame. . . . Daruu consiguió cubrirse con su escudo a tiempo de quedar con una bonita marca permanente en su rostro. Lamentablemente, o afortunadamente, no tendría nada de lo que fardar a sus futuros nietos. Tras caer al suelo, rodando y empapándose de los pies a la cabeza, volvió a levantarse entre gruñidos. —¡Pero bueno! —exclamó, extendiendo los brazos lleno de rabia—. ¡No, si ahora el puto cerdo también va a usar el chakra y todo! ¡Me cago en todos los dioses de Oonindo! Y la blasfemia hizo que Amenokami descargara con aún más fuerza su tormenta sobre ellos. El jabalí, mientras tanto, emitió un ronco y seco gruñido que a cualquier oído podría haber sido una risotada. Y cuando Daruu volvió a envolver su espada en Raiton, sus ojos fueron testigos de algo muy peculiar: el único colmillo del jabalí también se estaba envolviendo en chakra puro, de forma similar a como lo estaba haciendo él. —Vamos. Adelante, rayón —le soltó, con voz grave y ronca. Y, sin darle tiempo a responder, se propulsó con las patas y se lanzó con todas sus fuerzas hacia delante, dispuesto a arremeter con todo lo que se interpusiera entre él y su objetivo. RE: Jamones entre nubarrones - Amedama Daruu - 19/12/2019 Daruu arqueó una ceja. Alrededor del único colmillo del animal se estaba arremolinando una cantidad nada despreciable de chakra. Demasiada como para ser una coincidencia. No es que el animal usase el chakra, es que sabía como hacerlo, y muy bien. Estaba empezando a sospechar lo que en breves instantes iba a ser una certeza. —Vamos. Adelante, rayón —le soltó, con voz grave y ronca. El shinobi dio un bote y le apuntó con la espada. —¡Hijo de puta! —dijo como única expresión de sorpresa, y es lo único que el jabalí estaba dispuesto a ofrecerle decir, porque ya cargaba de nuevo a embestirle. ¡Sabía hablar, el cabrón! ¡Sabía hablar! Era un Kuchiyose, entonces. Comprobado. Daruu interpuso el escudo de caramelo entre él y el animal, como había venido haciendo hasta ahora. Pero en lugar de recibir el impacto del colmillo, en el último momento, como sorpresa, hizo chocar su pie derecho en el suelo. La fina línea de agua a presión sólo recorrió medio metro, lo justo para situarse bajo el puerco. Daruu levantó la pierna, y un gran géiser lo mandó por los aires. Y a Daruu... Bueno, Daruu se cubrió con el escudo, lo que le permitió parar la mayoría del estallido, pero no todo. La placa se partió en pedazos y el muchacho salió despedido hacia atrás dándose un sonoro golpe en la espalda contra el cemento. —¡Ugh! Para que luego digan... ¡ay! Que los cerdos no vuelan. —Se levantó, apoyándose en el brazo que había quedado libre. RE: Jamones entre nubarrones - Himura Ren - 22/12/2019 Tras el intento fallido, no le quedo más que aguantarle y escuchar su historia. —D... Dueño... No... No exactamente... —añadió dubitativo—. Yo... Estaba practicando la Técnica de Invocación en un parque aislado, cerca de aquí. Pero... Pero... Creo que se me ha ido un poco de las manos. —Estás... ¿Estás diciendo que esos jabalíes son invocaciones fuera de control? —contestó con un tono alarmante. Aquella estrábica persona asintió una y otra vez, por lo Ayame no dudo ni un segundo más pies en polvorosa, seguido del causante de los disturbios, Ren intento seguirles el paso, pero su aguante todavía era demasiado bajo, por lo que todavía no se había recuperado de la carrera anterior. El señor de los gorrinos se percató, y se volvió hacia Ren, con aspecto amenazante. —¿E-Eh?... — balbuceo con una media sonrisa bajo aquella intimidación. · · · · · —¿Vais...? ¿Vais a ayudarme? —¡Hombre! ¡Desde luego no podemos dejar a los animales sueltos por ahí! Podrían resultar heridos, o herir a otras personas... ¡Daruu salió corriendo detrás de un jabalí enorme con un solo colmillo! ¡Tenemos que detenerle antes de que haga alguna locura! —¡¿DETRÁS DEL GRAN ŌSHISHI?! —gritó, aterrorizado. — Yo haré lo que pueda pero... ¡DEJA DE SACUDIRME COMO SI FUERA UN SACO DE PATATAS! —gritaba y pataleaba a la espalda de aquel hombre, con el vientre apoyado sobre su hombro, y golpeándole la espalda repetidas veces con las manos; cesando y añadiendo gritos de asombro cada vez que daba algún salto medianamente largo. RE: Jamones entre nubarrones - Aotsuki Ayame - 28/12/2019 El colmillo del enorme jabalí jamás llegó a alcanzar a Daruu, ni siquiera chocó contra su impenetrable escudo. En un gesto sorpresivo, el suelo se abrió justo debajo del animal y liberó un potente chorro de agua que se alzó en el aire en forma de géiser, arrastrando al animal con él. Pero Daruu también tuvo que pagar el precio de su ofensiva: la fuera arrolladora del agua rompió su escudo, hiriéndole a él en el proceso y derribándolo contra el suelo. Ambos cayeron prácticamente al mismo tiempo, pero el cerdo salvaje lo hizo con mayor estrépito y el suelo rugió y tembló bajo su peso, levantando una nube de polvo que le cubrió durante varios instantes. Instantes justo antes de que se oyera un fuerte estruendo, el suelo volviera a temblar con una violencia tal que haría perder el equilibrio a cualquiera que se encontrara sobre él y el cemento en dirección a Daruu se resquebrajara repentinamente, como un rayo atravesándolo a toda velocidad, dispuesto a engullirlo entre sus fauces. . . . El hombre ni siquiera respondió a las protestas de la joven genin. La situación era desesperada, y no se podía andar con delicadezas. Tenían que llegar hasta donde estaba el Gran Ōshishi, ¡y tenían que hacerlo rápido! —¿P... pero qué...? —preguntó en voz alta una jadeante Ayame, tras varios largos minutos de carrera —¡No, no, no, NO! —aulló el hombre, aumentando la velocidad al máximo. El cuerpo de Ren se zarandeaba de cualquier manera sobre sus hombros. Definitivamente, había abandonado cualquier tipo de delicadeza que pudiera haber tenido. Y es que, allá en la distancia, ambos habían visto lo impensable: Un jabalí alzándose de manera antinatural en el aire, antes de caer de nuevo al suelo con un fuerte estrépito que les obligó a detenerse momentáneamente para no perder el equilibro y caer al suelo. —¡Parad! ¡Parad! ¡PARAD! —gritó el hombre, justo después de soltar a Ren de cualquier manera en el suelo, y echar a correr hacia el Gran Ōshishi y el muchacho que se estaba enfrentando a él. Pero el Gran Ōshishi, desoyendo sus réplicas, acababa de estampar sus pezuñas delanteras en el suelo y una gran grieta avanzó a gran velocidad hacia su contrincante. RE: Jamones entre nubarrones - Amedama Daruu - 1/01/2020 Daruu escuchó un grito que le decía que parase. Bueno, que parasen, él y el cerdo, esto es. Pero si el cerdo no estaba dispuesto a detenerse, ¿por qué había de hacerlo él? Con su Byakugan, vio a través de la nube de polvo que el puerco levantaba las patas, las cargaba de chakra y las volvía a estampar en el suelo. Daruu, molesto y dolorido, chasqueó la lengua y se volteó aún tumbado en el suelo formulando el sello de la serpiente. «Suiton: Suishōha.» El shinobi escupió un chorro de una gran cantidad de agua que rellenó la grieta que se dirigía hacia él a toda velocidad. Cuando el suelo se resquebrajó bajo él, cayó acolchado por las aguas sin sufrir daño alguno. Cuando pudo reponerse, salió de un salto y se mantuvo sobre el agua. —¿¡Has venido a ayudar o piensas quedarte ahí gritándome que pare de defenderme!? RE: Jamones entre nubarrones - Himura Ren - 4/01/2020 Tras unos minutos que se acabaron haciendo eternos debido a la gravedad de la situación, divisaron en la distancia a otro gran porcino. Este de proporciones descomunales, con grandes colmillos largos como sables. —¡No, no, no, NO! —gritó con desesperación la improvisada montura de la que iba colgada Ren, zarandeandola todavía mas. Ren apoyo entonces un brazo sobre la cabeza de este, doblándose y alzándose un poco para observar la situación; solo para darse cuenta de aquel cerdo salvaje se arrojo contra el propio suelo, generando un gran seísmo que comenzó a resquebrajar la tierra hacia su contrincante. Esto obligo a detener el paso de los dos y el "peso muerto" en seco. —¡Parad! ¡Parad! ¡PARAD! Soltó sin mas pensamiento a Ren, que cayó bruscamente contra el suelo para reanudar al instante la marcha otra vez directo hacia el jabalí y el zagal que hacia de contrincante. Intentó recuperar el equilibrio, pero otro gran estruendo la tiro de culo al suelo, el gran puerco había vuelto a estremecer la tierra en una densa nube de polvo. — ¡A este paso alguien mas acabara herido! ¡¿No deberías tener algún tipo de control sobre lo que has invocado?! ¡Yo que se, al menos unas ordenes básicas como para que se siente o te de la patita! — vocifero indignada a su antiguo jamelgo que se precipitaba al conflicto mientras se levantaba por tercera vez consecutiva, llevándose la mano derecha a su única arma. RE: Jamones entre nubarrones - Aotsuki Ayame - 11/01/2020 Los agudos ojos del Hyuga fueron capaces de ver más allá de la densa humareda de polvo, y el shinobi se preparó para el inminente ataque que estaba por venir. El suelo se resquebrajaba hacia él a toda velocidad, serpenteando como un rayo, y con un solo gesto de sus manos expelió un torrente de agua que rellenó la grieta e impidió que se hundiera en sus profundidades. Pero, aún así, los fragmentos de tierra arañaron sus brazos y su torso, causándole varias heridas (-30 PV). —¡Daruu! —exclamó Ayame, preocupada y alarmada a partes iguales. Pero él, tras reincorporarse, se giró hacia su extrafalario acompañante. —¿¡Has venido a ayudar o piensas quedarte ahí gritándome que pare de defenderme!? —Y... yo... —balbuceó el shinobi vestido con pieles, repentinamente amedrentado. —¡A este paso alguien mas acabara herido! ¡¿No deberías tener algún tipo de control sobre lo que has invocado?! ¡Yo que se, al menos unas ordenes básicas como para que se siente o te de la patita! Ayame observaba en silencio cómo el hombre apretaba las mandíbulas y los puños hasta el punto de temblar. Estaba claro que la situación escapaba a su control, y no parecía ser capaz de reunir la suficiente entereza para resolverlo por sí mismo. Mientras tanto, el gran Ōshishi se había vuelto hacia el que se suponía que era su invocador y soltó una seca risotada cargada de desprecio. —¡JA! ¡¿CONTROLARME?! ¡¿Ese rayón enclenque?! ¡¿Con quién creéis que estáis hablando, cerditos?! ¡¡¡EL GRAN ŌSHISHI NO ES EL PUERCO DE NADIE!!! ¡¡¡ESTE JAMÓN ES PURA PATA NEGRA!!! El enorme animal giró sobre sus pezuñas y sacudió la cabeza a un lado y a otro, pasando por todos los presentes. Estando en esa desventaja numérica, frente a cuatro shinobi, parecía estar meditando muy bien su siguiente movimiento. Algo a lo que, era muy evidente por la extraña mueca de su porcino gesto, no estaba nada acostumbrado. RE: Jamones entre nubarrones - Amedama Daruu - 12/01/2020 La chica de la pastelería gritó indignada al extraño hombre que acompañaba a los dos algo sobre el control y las invocaciones. «De modo que el cerdo es una invocación de ese tipo...» Daruu volvió a centrar toda su atención en el animal, quien una vez más volvió a enorgullecerse de su supuesto renombre como cerdo de buen postín. Pero hacía falta ser un lince para ver que el "Gran" Ōshishi estaba en desventaja. «Creo que hasta él se ha dado cuenta.» Daruu había gastado mucho chakra. Ya no estaba solo, y leía las dudas en el jabalí. Desactivó su dōjutsu y guardó su espada. Se cruzó de brazos. —No haces más que presumir de grandeza —le espetó—. Dime, ¿conoces a Amekoro Yui, cerdo? ¿Tienes idea de lo disgustada que va a estar cuando vea este desastre? ¿Tienes idea de lo que podría hacerte? »Serás el plato principal de su cena, puerco —espetó, mordaz, y mostró la mejor de sus sonrisas de amejin. RE: Jamones entre nubarrones - Himura Ren - 14/01/2020 Entre la gran tormenta, pareció generarse un tiempo de calma. El gran animal se había dado cuenta de su situación; aunque dos de ellos no le alcanzase ni de lejos en experiencia, la diferencia numérica era algo a tener en cuenta; y pese a que hasta ahora podía pelear de igual a igual, podría llegar a acabar con terribles heridas antes de marcharse. Aunque desaparecer sin seguir peleando, seria la mayor de sus heridas; en su honor. Ren se veía superada con creces en la situación; apenas acababa de salir de la academia y su mejor baza era un trozo de madera que blandía "a su manera". Pero hasta ella comprendía que si se retiraba, la situación podía ser mucho peor. Ren aseguró su bokken, ejerciendo algo de fuerza sobre la empuñadura y posteriormente observando a quienes claramente eran superiores a ella, no solo por llevar una distinción de mayor rango. Oda le había grabado en su mente una y otra vez que debía respetar a sus mayores, y sobretodo, a dichos superiores, por lo que se mantuvo en posición y ala espera, de que la quietud se rompiera bajo un orden de mando. |