11/04/2016, 23:14
—Pues que el idiota de Yota se ha lanzado de no sé donde y ha caído sobre ti a posta —exclamó Kaido, dejando entrever su afilada sonrisa, y Ayame le dirigió una mirada cargada de confusión—. Eso, o es que de pronto han comenzado a llover pelirrojos en el país del fuego, yo qué se.
—No, no estoy loco, chica de Takigakure —intervino el pelirrojo, reincorporándose con cierto esfuerzo. Fue cuando se fijó un poco mejor en él cuando le reconoció. Era aquel extraño shinobi-araña de Uzushiogakure que había conseguido también llegar a las semifinales del torneo
—Kajiya Anzu —replicó la que, hasta el momento, Ayame había tomado por un chico.
—Me he escapado de esa cárcel que algunos llaman hospital y el único modo de no ser visto era salir por la maldita ventana y descender por la fachada.
«¿Cárcel? ¿El hospital?»
—Lamentablemente he tenido un pinchazo en la espalda y he acabado cayendo accidentalemnte con la mala suerte de caer encima de Ayame. Por lo que, no, no he caído aposta —el chico volvió la mirada hacia ella, y en ese momento Ayame se dio cuenta de que presentaba un aspecto bastante lamentable. No eran precisamente discretos las múltiples magulladuras que dibujaban su piel—. ¿Ya estás mejor, Ayame? Siento haber caído encima tuyo...
—¡No ha sido nada! —exclamó, más animada de lo que realmente podía encontrarse. Sin embargo, reunió todo el coraje que le restaba y se puso en pie de nuevo. De hecho, se cruzó de brazos y se atrevió a lanzarle una mirada reprobatoria al chico pelirrojo—. Sin embargo, deberías preocuparte por ti. ¡No puedes escaparte así del hospital! Deberíamos llamar ahora mismo a los médicos y...
—¿Y tú, socio, también te has escapado? De una pescadería, diría yo. ¿Cómo lo haces? —la conversación que estaba manteniendo la chica de los tatuajes logró captar su atención. Se volvió hacia ella, justo en el momento en el que la mirada de sus ojos, de un extraño color entre azul y gris—. ¿Es alguna técnica secreta de Amegakure? En ese caso, no creo que sea muy secreta ya.
Ayame parpadeó ligeramente. En ese momento, no estaba muy segura de que reírse de la situación fuese lo más adecuado por lo que, aguantándose las cosquillas en el pecho, se pasó la lengua por sus propios dientes y aguardó la respuesta de su compañero de aldea.
Una respuesta que pintaba de lo más interesante.
—No, no estoy loco, chica de Takigakure —intervino el pelirrojo, reincorporándose con cierto esfuerzo. Fue cuando se fijó un poco mejor en él cuando le reconoció. Era aquel extraño shinobi-araña de Uzushiogakure que había conseguido también llegar a las semifinales del torneo
—Kajiya Anzu —replicó la que, hasta el momento, Ayame había tomado por un chico.
—Me he escapado de esa cárcel que algunos llaman hospital y el único modo de no ser visto era salir por la maldita ventana y descender por la fachada.
«¿Cárcel? ¿El hospital?»
—Lamentablemente he tenido un pinchazo en la espalda y he acabado cayendo accidentalemnte con la mala suerte de caer encima de Ayame. Por lo que, no, no he caído aposta —el chico volvió la mirada hacia ella, y en ese momento Ayame se dio cuenta de que presentaba un aspecto bastante lamentable. No eran precisamente discretos las múltiples magulladuras que dibujaban su piel—. ¿Ya estás mejor, Ayame? Siento haber caído encima tuyo...
—¡No ha sido nada! —exclamó, más animada de lo que realmente podía encontrarse. Sin embargo, reunió todo el coraje que le restaba y se puso en pie de nuevo. De hecho, se cruzó de brazos y se atrevió a lanzarle una mirada reprobatoria al chico pelirrojo—. Sin embargo, deberías preocuparte por ti. ¡No puedes escaparte así del hospital! Deberíamos llamar ahora mismo a los médicos y...
—¿Y tú, socio, también te has escapado? De una pescadería, diría yo. ¿Cómo lo haces? —la conversación que estaba manteniendo la chica de los tatuajes logró captar su atención. Se volvió hacia ella, justo en el momento en el que la mirada de sus ojos, de un extraño color entre azul y gris—. ¿Es alguna técnica secreta de Amegakure? En ese caso, no creo que sea muy secreta ya.
Ayame parpadeó ligeramente. En ese momento, no estaba muy segura de que reírse de la situación fuese lo más adecuado por lo que, aguantándose las cosquillas en el pecho, se pasó la lengua por sus propios dientes y aguardó la respuesta de su compañero de aldea.
Una respuesta que pintaba de lo más interesante.

![[Imagen: kQqd7V9.png]](https://i.imgur.com/kQqd7V9.png)