31/05/2016, 23:21
—Bueno, tampoco es que haya tenido un camino muy difícil —le replicó el chico tiburón—. Y en semifinales ha enfrentado a uno de sus compañeros de aldea, que aquí entre tu y yo: está locamente enamorado de ella. No me extrañaría que le haya dejado ganar para hacerse con su amor.
Ayame tuvo que hacer memoria durante unos instantes para saber de quién estaba hablando Kaido.
—¿Cota? ¿Enamorado de Meri? ¿De verdad? —sonrió, con la curiosidad y el entusiasmo de una niña a la que le acaban de ofrecer un dulce caramelo. Conocía a ambos, pero no había tenido la ocasión de verles juntos, por lo que aquella posibilidad era una información muy jugosa para ella.
Kaido le asestó un bocado a su empanadilla, y Ayame aprovechó el momento para hacer lo propio. Esperaba más información de aquel supuesto enamoramiento entre los dos shinobis de Uzushiogakure, más por el morbo del cotilleo que por otra cosa, pero su acompañante decidió cambiar a otro tema:
—Pero en fin, ya veremos de qué estáis hechas. Aunque estaría bien le patees el culo como buenamente puedas y regreses a casa victoriosa. Piénsalo, si aquí ya te dan comida gratis imagínate en Amegakure: serás una jodida celebridad. No tendrás que pagar más nunca por nada... —Kaido se cruzó de brazos, con un mohín de desagrado—. Joder, como te envidio en este momento.
—¡No me gusta que me traten como si fuera alguien especial! —exclamó, con un claro gesto de rechazo—. No te voy a mentir: quiero ganar. Además, se lo prometí a una persona. Pero lo que quiero es que me reconozcan por lo que soy, no que me inviten a comer ni nada por el estilo.
Volvió a llevarse la empanadilla a la boca y la finiquitó de una dentellada, pero aquel bocado no le supo tan bien como los anteriores. Bastante mal se sentía por no haber pagado esa comida como para que la idolatraran como una auténtica estrella si ganaba de verdad el torneo.
—¿Qué pasó aquel día en el lago? —le preguntó, de repente, cambiando de tema—. Esos hombres extraños que te llevaron...
A decir verdad, le costaba recordar los detalles de aquella lejana escena. Pero lo que no había podido olvidar, ni por asomo, era el terror pálido que había inundado las facciones de Kaido. Aquella era la primera vez, y probablemente también sería la última, que había visto una expresión que tan poco parecía pertenecer a aquel rostro siempre de sonrisa afilada y desafiante.
Ayame tuvo que hacer memoria durante unos instantes para saber de quién estaba hablando Kaido.
—¿Cota? ¿Enamorado de Meri? ¿De verdad? —sonrió, con la curiosidad y el entusiasmo de una niña a la que le acaban de ofrecer un dulce caramelo. Conocía a ambos, pero no había tenido la ocasión de verles juntos, por lo que aquella posibilidad era una información muy jugosa para ella.
Kaido le asestó un bocado a su empanadilla, y Ayame aprovechó el momento para hacer lo propio. Esperaba más información de aquel supuesto enamoramiento entre los dos shinobis de Uzushiogakure, más por el morbo del cotilleo que por otra cosa, pero su acompañante decidió cambiar a otro tema:
—Pero en fin, ya veremos de qué estáis hechas. Aunque estaría bien le patees el culo como buenamente puedas y regreses a casa victoriosa. Piénsalo, si aquí ya te dan comida gratis imagínate en Amegakure: serás una jodida celebridad. No tendrás que pagar más nunca por nada... —Kaido se cruzó de brazos, con un mohín de desagrado—. Joder, como te envidio en este momento.
—¡No me gusta que me traten como si fuera alguien especial! —exclamó, con un claro gesto de rechazo—. No te voy a mentir: quiero ganar. Además, se lo prometí a una persona. Pero lo que quiero es que me reconozcan por lo que soy, no que me inviten a comer ni nada por el estilo.
Volvió a llevarse la empanadilla a la boca y la finiquitó de una dentellada, pero aquel bocado no le supo tan bien como los anteriores. Bastante mal se sentía por no haber pagado esa comida como para que la idolatraran como una auténtica estrella si ganaba de verdad el torneo.
—¿Qué pasó aquel día en el lago? —le preguntó, de repente, cambiando de tema—. Esos hombres extraños que te llevaron...
A decir verdad, le costaba recordar los detalles de aquella lejana escena. Pero lo que no había podido olvidar, ni por asomo, era el terror pálido que había inundado las facciones de Kaido. Aquella era la primera vez, y probablemente también sería la última, que había visto una expresión que tan poco parecía pertenecer a aquel rostro siempre de sonrisa afilada y desafiante.

![[Imagen: kQqd7V9.png]](https://i.imgur.com/kQqd7V9.png)