Otoño-Invierno de 221

Fecha fijada indefinidamente con la siguiente ambientación: Los ninjas de las Tres Grandes siguen luchando contra el ejército de Kurama allá donde encuentran un bastión sin conquistar. Debido a las recientes provocaciones del Nueve Colas, los shinobi y kunoichi atacan con fiereza en nombre de la victoria. Kurama y sus generales se encuentran acorralados en las Tierras Nevadas del Norte, en el País de la Tormenta. Pero el invierno está cerca e impide que cualquiera de los dos bandos avance, dejando Oonindo en una situación de guerra fría, con pequeñas operaciones aquí y allá. Las villas requieren de financiación tras la pérdida de efectivos en la guerra, y los criminales siguen actuando sobre terreno salpicado por la sangre de aliados y enemigos, por lo que los ninjas también son enviados a misiones de todo tipo por el resto del mundo, especialmente aquellos que no están preparados para enfrentarse a las terribles fuerzas del Kyuubi.
#6
La chica no hizo caso de los ruegos de Ayame. Claro que no. No después de ver cómo las vidas de las cientos de personas que poblaban aquella aldea giraban en torno a una sóla cosa: aprovecharse de animales inocentes que —con total seguridad— ni querían, ni habían elegido estar allí. No después de que aquel tipejo de tres al cuarto les gritara como si fuese el mismísimo Kawakage. No después de que se acercase y, furioso, se atreviera incluso a increparla de esa manera.

Tal y como el hombre tocó por segunda vez la placa ninja de Anzu, esta le apartó el dedo de un manotazo rápido y certero. No había empleado demasiada fuerza, pero el golpe estaba calculado para batir la mano del tipo con los nudillos de la suya propia, causando un dolor agudo y local aunque ninguna lesión visible.

Ni te atrevas a tocar esta bandana, saco de mierda —replicó en voz baja, aunque lo suficientemente audible como para que el aludido se enterase sin problema—. Sobre ella pesa un juramento que va mucho más allá de imbéciles como tú. No eres más que un pedazo de basura.

Lanzó una mirada furibunda alrededor. En aquel momento, dos niños subían al lomo de un panda.

¿Protegerte? ¿De los extranjeros? ¿De ella? —escupió, señalando a Ayame—. Yo soy kunoichi de Takigakure no Sato. Protejo a los débiles frente a quienes intentan aprovecharse de ellos. Ese es mi deber.

Anzu cerró el puño derecho con gesto marcial, clavando sus ojos grises en los del hombre. Entonces se dio cuenta de que una multitud considerable se había congregado en torno a ellos. Cuchicheaban y les lanzaban miradas de curiosidad y reprobación. Volvió a mirar al tipo por el que sentía un absoluto desprecio.

¿Vuestros pandas? Hay que joderse... ¿Qué autoridad tienes tú, o nadie aquí, para apropiarse de un animal salvaje? ¿Acaso les habéis dado elección?
Diálogo - «Pensamiento» - Narración

Mangekyō utilizado por última vez: Flama, Verano de 220

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Mensajes en este tema
Una chispa entre el bambú - por Aotsuki Ayame - 19/07/2016, 17:12
RE: Una chispa entre el bambú - por Uchiha Akame - 24/07/2016, 23:53


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