24/10/2016, 21:09
Día 24 de Viento Gris, Invierno del año 202.
Eri bostezó una vez se había incorporado en la cama, aún era temprano y podía sentir el frío que hacía fuera. Sin embargo no había tiempo que perder aquel día, así pues, se puso en marcha, de forma que en menos de una hora ya estaba colocándose su túnica delante de la puerta. Tomó sus pertenencias y salió por la puerta, sin olvidarse de dejarle las llaves a su vecina por si pasaba algo, porque regar las plantas dudaba mucho de que lo hiciese por ella.
Tampoco es que tuviese plantas.
— ¡Eriiiiii! — Canturreó la mujer antes de que la kunoichi decidiese salir corriendo hacia su destino. — ¡Cuídate! — La susodicha asintió y se despidió con un leve movimiento de su mano izquierda, comenzando a andar hacia su destino.
Todavía tenía tiempo, así que decidió disfrutar de la fría mañana de invierno que corría por las calles de la Villa Oculta entre Remolinos. No había mucha gente por las calles, así que no pudo pararse a ver si reconocía a alguien y desearle suerte en el día que tenían por delante, y lo peor es que no entendía de dónde le salía tanta alegría, si no acostumbraba a dialogar con muchas personas a lo largo del día.
Incluso hacía tiempo que no hablaba con Toyo.
Dejó escapar un suspiro cuando ya vislumbraba la gran torre donde la habían hecho llamar, y el aire gélido de la mañana meció sus cabellos e hizo que la joven estornudase, por lo que decidió meterse dentro de la recepción a esperar que su turno llegara.
— Buenos días. — Susurró una vez pasó el umbral, dejando atrás el puente que conectaba la villa con la torre, luego hizo una inclinación de cabeza de forma cordial y se retiró a un rincón para no molestar a las personas que acudiesen allí.
Todo esto con una pregunta en la mente.
''¿Qué pasará hoy?''
La verdad es que la experiencia no le favorecía en lo absoluto.
Eri bostezó una vez se había incorporado en la cama, aún era temprano y podía sentir el frío que hacía fuera. Sin embargo no había tiempo que perder aquel día, así pues, se puso en marcha, de forma que en menos de una hora ya estaba colocándose su túnica delante de la puerta. Tomó sus pertenencias y salió por la puerta, sin olvidarse de dejarle las llaves a su vecina por si pasaba algo, porque regar las plantas dudaba mucho de que lo hiciese por ella.
Tampoco es que tuviese plantas.
— ¡Eriiiiii! — Canturreó la mujer antes de que la kunoichi decidiese salir corriendo hacia su destino. — ¡Cuídate! — La susodicha asintió y se despidió con un leve movimiento de su mano izquierda, comenzando a andar hacia su destino.
Todavía tenía tiempo, así que decidió disfrutar de la fría mañana de invierno que corría por las calles de la Villa Oculta entre Remolinos. No había mucha gente por las calles, así que no pudo pararse a ver si reconocía a alguien y desearle suerte en el día que tenían por delante, y lo peor es que no entendía de dónde le salía tanta alegría, si no acostumbraba a dialogar con muchas personas a lo largo del día.
Incluso hacía tiempo que no hablaba con Toyo.
Dejó escapar un suspiro cuando ya vislumbraba la gran torre donde la habían hecho llamar, y el aire gélido de la mañana meció sus cabellos e hizo que la joven estornudase, por lo que decidió meterse dentro de la recepción a esperar que su turno llegara.
— Buenos días. — Susurró una vez pasó el umbral, dejando atrás el puente que conectaba la villa con la torre, luego hizo una inclinación de cabeza de forma cordial y se retiró a un rincón para no molestar a las personas que acudiesen allí.
Todo esto con una pregunta en la mente.
''¿Qué pasará hoy?''
La verdad es que la experiencia no le favorecía en lo absoluto.
![[Imagen: ksQJqx9.png]](https://i.imgur.com/ksQJqx9.png)