25/10/2016, 00:13
De repente, y de manera totalmente inesperada, el hombrecillo de la tarima se volvió hacia ella.
—¡Vamos jovencita!
«¿Me está mirando a mí?» Se preguntaba, con el cuerpo en tensión por la sorpresa y la rabia.
No hizo falta demasiado tiempo para responder a la pregunta. Las dos mujeres-florero se habían acercado a ella entre risillas cargadas de falsedad y una de ellas intentó agarrarla del brazo. Ayame se apartó instantáneamente y le dirigió una mirada que parecía más propia de su padre que suya propia.
—No vas a ponerme las manos encima —le advirtió.
—Amegakure quiere ver a esta valiente kunoichi lanzarse al agua. ¡Ahora mismo! —intervino el hombre.
—Porque eres kunoichi, ¿verdad? —le susurró una de las dos mujeres al oído, y la cólera de Ayame estalló como una bomba de relojería.
—¡Por supuesto que soy una kunoichi! —exclamó, señalando la bandana sobre su frente con henchido orgullo—. ¡Pero mi deber es proteger a las personas de esta aldea! ¡No participar en macabros espectáculos callejeros!
—¡¿Nuestro pez comerá sangre ninja?! o al contrario ¡¿Tendremos una gloriosa ganadora?! —seguía parloteando el hombrecillo.
Sin poder resistirlo durante un instante más, Ayame saltó al estrado. Se plató frente al encargado del espectáculo y, con un simple movimiento de su muñeca, liberó el kunai que llevaba escondido bajo la manga y lo apuntó directo a su gaznate.
—¡¿Quién te ha dado el permiso para este vergonzoso espectáculo?! ¡Habla!
—¡Vamos jovencita!
«¿Me está mirando a mí?» Se preguntaba, con el cuerpo en tensión por la sorpresa y la rabia.
No hizo falta demasiado tiempo para responder a la pregunta. Las dos mujeres-florero se habían acercado a ella entre risillas cargadas de falsedad y una de ellas intentó agarrarla del brazo. Ayame se apartó instantáneamente y le dirigió una mirada que parecía más propia de su padre que suya propia.
—No vas a ponerme las manos encima —le advirtió.
—Amegakure quiere ver a esta valiente kunoichi lanzarse al agua. ¡Ahora mismo! —intervino el hombre.
—Porque eres kunoichi, ¿verdad? —le susurró una de las dos mujeres al oído, y la cólera de Ayame estalló como una bomba de relojería.
—¡Por supuesto que soy una kunoichi! —exclamó, señalando la bandana sobre su frente con henchido orgullo—. ¡Pero mi deber es proteger a las personas de esta aldea! ¡No participar en macabros espectáculos callejeros!
—¡¿Nuestro pez comerá sangre ninja?! o al contrario ¡¿Tendremos una gloriosa ganadora?! —seguía parloteando el hombrecillo.
Sin poder resistirlo durante un instante más, Ayame saltó al estrado. Se plató frente al encargado del espectáculo y, con un simple movimiento de su muñeca, liberó el kunai que llevaba escondido bajo la manga y lo apuntó directo a su gaznate.
—¡¿Quién te ha dado el permiso para este vergonzoso espectáculo?! ¡Habla!

![[Imagen: kQqd7V9.png]](https://i.imgur.com/kQqd7V9.png)