26/12/2016, 15:47
Con la esperanza de que aún quedaba un tiempo para que el lugar donde iban cerrara sus puertas, la dupla partió a un paso que denotaba sus intenciones. Ni tan relajados pero tampoco tan deprisa como parecer dos niños de Uzushiogakure haciendo una carrera por el último pedazo de pan duro.
Oh... Curioso.
En un punto del camino el joven médico relajaría sus pasos y se detendría por un instante para admirar un cartel que había llamado su atención.
Han hecho una adaptación al cine del libro.
Comentaría acercándose un poco para apreciar mejor el arte de aquel anuncio de cartelera. En él se encontraba el busto de dos jóvenes que se miraban con ojos de amantes y tenían sus manos unidas, de espaldas del joven se apreciaba una silueta licantropa del mismo y a espaldas de la muchacha se apreciaba algo similar a un querubín. Curiosamente la figura femenina de la imagen era muy similar a la kunoichi con la que estaba por ir a comer, el joven por otro lado le recordaba a alguien que había cruzado hacía poco aunque no estaba del todo seguro, simplemente le recordaba al chico de las mejillas pintadas.
El lobo... que historia tan dramática...
Dejó escapar un ligero suspiro recordando el momento en que había llegado al final del libro. El autor sin duda alguna había conseguido tocar su corazón con aquella obra.
Bueno, sigamos.
Diría para luego retomar la marcha en dirección al restaurante.
Oh... Curioso.
En un punto del camino el joven médico relajaría sus pasos y se detendría por un instante para admirar un cartel que había llamado su atención.
Han hecho una adaptación al cine del libro.
Comentaría acercándose un poco para apreciar mejor el arte de aquel anuncio de cartelera. En él se encontraba el busto de dos jóvenes que se miraban con ojos de amantes y tenían sus manos unidas, de espaldas del joven se apreciaba una silueta licantropa del mismo y a espaldas de la muchacha se apreciaba algo similar a un querubín. Curiosamente la figura femenina de la imagen era muy similar a la kunoichi con la que estaba por ir a comer, el joven por otro lado le recordaba a alguien que había cruzado hacía poco aunque no estaba del todo seguro, simplemente le recordaba al chico de las mejillas pintadas.
El lobo... que historia tan dramática...
Dejó escapar un ligero suspiro recordando el momento en que había llegado al final del libro. El autor sin duda alguna había conseguido tocar su corazón con aquella obra.
Bueno, sigamos.
Diría para luego retomar la marcha en dirección al restaurante.